9Sep - by Master - 0 - In Allgemein

La semana pasada la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), un centro de análisis técnico del sector privado, de la más alta reputación profesional, realizó presentaciones en las cuales evaluó la evolución reciente de la economía nicaragüense y sus proyecciones a largo plazo.

De los estudios de Funides, muchas agencias internacionales y destacados expertos nacionales y extranjeros se desprenden tres grandes conclusiones: primero, y aunque la economía ha venido creciendo en las últimas dos décadas a niveles respetables, con ese ritmo no se removerán sustancialmente los graves e insolentes problemas y déficits económicos y sociales; segundo, para crecer a mayor ritmo, se requiere incrementar de manera importante la productividad; tercero, no basta incrementar la productividad de lo que ya venimos produciendo, sino también diversificar la producción y exportaciones, como lo demuestra la experiencia de viejos y nuevos países desarrollados.

Para lo anterior, y dada la actual difusión del conocimiento técnico, muy superior al pasado, el desarrollo no requerirá agotar la vieja secuencia de primero el desarrollo agrícola, y después industrialización y servicios. Es decir, en las condiciones técnicas actuales el desarrollo no solamente es posible para países como el nuestro, y por paradójico que luzca no es fundamentalmente un problema técnico.

En 1977 el ingreso por habitante de Nicaragua era dos tercios el de Costa Rica. Ahora difícilmente llega a un tercio de ese país, según una nueva metodología de los economistas que refleja mejor el poder de compra del dólar en cada país (PPP). La razón fundamental para nuestro rezago ha sido política y no técnica: nosotros enfrentamos una revolución y guerra civil que nos atrasó dramáticamente.

A los niveles de crecimiento actuales de Costa Rica y Nicaragua, la brecha se mantendrá. Entre 1994 y 2016, un poco más de dos décadas, el ingreso por habitante de Costa Rica y Nicaragua creció al mismo ritmo: 2.5 por ciento por año. Esto significa que cada país duplicará su ingreso por habitante aproximadamente cada 30 años, de modo que para mediados de este siglo la diferencia de ingresos se mantendrá, y los nicaragüenses seguirán emigrando al sur.

Funides y otras agencias dicen que para remover los graves problemas y déficits económicos y sociales de Nicaragua debemos crecer al 8 por ciento y no al 4.5 por ciento de este año. Eso es posible desde el punto de vista técnico, aunque algunos, en una defensa poco disimulada del gobierno orteguista lo nieguen o no lo vean fácil.

De crecer a ese nivel, la economía se duplicaría cada diez años, y en tres décadas tendríamos un nivel de ingresos relativamente semejante al de Costa Rica, y si hacemos bien las cosas, con políticas públicas que respondan al interés general de la sociedad y no de grupos particulares, el nivel de vida de la población sería como el vecino del sur.

No es imposible crecer al 8 por ciento, si hacemos bien las cosas. Y aquí está la madre del cordero. Funides hace periódicamente una encuesta entre grandes empresarios y consumidores. Los empresarios han identificado como sus principales problemas, y en este orden, la corrupción, altas tarifas de electricidad, y la carencia de Estado de Derecho. Todos son problemas políticos y no técnicos, íntimamente entrelazados por la corrupción que es el denominador común, como lo han puesto de manifiesto los estados financieros de la Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (Enatrel) hechos públicos estos días en que hay una inexplicable confusión de intereses. Esta confusión es también omitida por quienes dicen que no es fácil crecer más. Basta decir, como lo señalan muchos empresarios, que la tarifa eléctrica inhibe la inversión y cambio de productividad.

Algo semejante ocurre con los consumidores quienes también identifican, entre otras, a la corrupción como causa de sus problemas.

La lucha contra la corrupción pasa por la lucha por la democracia. El caso de otros países, enjuiciando a los corruptos, no debe ser una excusa para nuestra corrupción, pues precisamente el enjuiciamiento de los corruptos y la publicidad de los casos es prueba de que la democracia funciona en esos países.
El problema de crecer más y mejor, entonces no es técnico, es político, por más que algunos, de buena fe por cierto, insistan en lo contrario.

El autor es economista. Excandidato a la vicepresidencia de Nicaragua.

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