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No se sabe exactamente cuándo llegó, pero en el año 1913 el escultor y arquitecto Mario Favilli ya estaba en Nicaragua. Había llegado al país como empleado de la empresa italiana Luisi y Ferracuti, la cual vendía esculturas de mármol en El Salvador, Nicaragua y Honduras. Favilli era el encargado de instalar las esculturas vendidas, pues quien lo hiciera debía ser un experto.

Tiempo después Favilli se independizó de la empresa italiana. Se había quedado a vivir en Granada, donde fundó una ladrillería y en 1925 terminó de edificar su casa en la calle Atravesada, al estilo del resurgimiento italiano. Por ese tiempo también se casó con la granadina Clorinda Picasso, también de origen italiano. Al inicio, no era su intención quedarse a vivir en Nicaragua. Estuvo primero en Cuba, donde aprendió a manejar, pero no le gustó. Estuvo en El Salvador, pero tampoco le gustó porque temblaba mucho. Solo Granada lo hizo quedarse en América. “Es una de las ciudades mejor trazadas que conozco”, decía.

La fama en Nicaragua le llegaría a Favilli alrededor del año 1927, cuando el comité que impulsaba la construcción de un monumento al poeta Rubén Darío lo buscó para que se encargara de la obra.

El escultor Mario Favilli es el “padre” del monumento a Rubén Darío. Él lo instaló en 1933. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

El 19 de febrero de 1953 llegaría otro italiano a Nicaragua, quien construyó otro famoso monumento, pero que con el tiempo también acabaría involucrado con el monumento de Darío. Ese día de 1953, en el Aeropuerto Las Mercedes, una comitiva del Gobierno estaba esperando al ingeniero Giorgio Pasqualini, quien construiría la base sobre la que descansaría la estatua de Anastasio Somoza García, y que estaría ubicada desde 1954 hasta 1979 en la entrada del Estadio Nacional. Pasqualini también se encargaría de construir junto a la estatua una fuente luminosa.

Del aeropuerto, Pasqualini pasó directo a la casa de Anastasio Somoza García en Montelimar para conversar con el general.

El monumento a Rubén Darío está elaborado con mármol de Carrara, de gran calidad, extraído de las canteras de los Alpes Apuanos en Carrara, Italia. LA PRENSA/ JADER FLORES

El monumento de Darío

Desde que fue escogido para la construcción del monumento de Darío, Favilli se dedicó apasionadamente como un místico a familiarizarse con la vida del poeta nicaragüense, buscando en todas sus facetas la inspiración creadora del genio para realizar su monumento consagratorio.

El italiano tardó varios meses modelando el boceto y estudiando al poeta. Luego, se trasladó a Italia, en Pietra Santa, donde Favilli había estudiado escultura, llevando en el boceto la fisonomía, los gestos y todo lo estudiado acerca del poeta, y todo eso fue plasmado en el mármol.

Una imagen del monumento a Rubén Darío, poco después de su inauguración, ocurrida el 24 de septiembre de 1933, hace exactamente 84 años.

Una imagen del monumento a Rubén Darío, poco después de su inauguración, ocurrida el 24 de septiembre de 1933, hace exactamente 84 años. LA PRENSA/ CORTESÍA/ IHNCA

Según explicó él mismo, para acompañar a la estatua de Darío, Favilli resolvió idear un estanque de agua dándole una forma caprichosa de lira. A la cabeza del estanque colocó el pedestal. Sobre el pedestal colocó la estatua del poeta con vestido clásico virgiliano. Frente al pedestal se desliza sobre las aguas la barca de la poesía. Como triunfo de la Poesía la encabeza el Genio, que lleva en alto una corona de laureles. Siguen tres musas: Polimnia, musa de la Retórica; Calíope con su trompeta eleva su poesía heroica y de gran elocuencia, y Erato, pronta con su lira en hacer vibrar la melodía de las almas en el extenso género de la Poesía Lírica. En la popa está el eterno joven Amor (Eros y Psiquis), puro y suave como la infancia.

El monumento se instaló frente a las aguas del lago Xolotlán, cerca de la Catedral de Managua y del Parque Central. La inauguración se llevó a cabo el domingo 24 de septiembre de 1933, hace exactamente 84 años, cerca de las 9:00 de la mañana. Cuando el presidente Juan Bautista Sacasa descubrió la estatua, desde el Fuerte de la Loma se dispararon 21 cañonazos y la banda de la Guardia Nacional tocó el himno. Una bandada de palomas, con cintas azules en el cuello, fue soltada, y volaron hacia el occidente.

Ese día de la inauguración el comité pro monumento aún le debía tres mil dólares a Favilli, los cuales le fueron pagados hasta el día siguiente.

La escalera de la casa de Mario Favilli, en Granada, la cual está acompañada de dos estatuas que representan a Clorinda Picasso Boitano, esposa de Favilli. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Un amante del mármol

A sus 88 años de edad, Yolanda Favilli Picasso aún recuerda con nitidez a su padre Mario Favilli trabajando el mármol. “Él trabajaba todo el día. Yo lo recuerdo dándole forma al mármol. No le gustaba usar protector en los ojos, lentes, y a veces las astillas de mármol le pegaban en los ojos. Una vez lo vi llegar con sangre en uno de los ojos. Otras veces llevaba todo el pelo lleno de mármol”, recuerda la hija del escultor.

Según su hija, Favilli era devoto de Santa Lucía, la patrona de la vista. Él tenía una nube en uno de los ojos y no podía ver bien, pero desde que comenzó a rezarle a la santa, según cuenta su hija, dejó de tener problemas de visión, a pesar de que siempre tenía la nube. En Granada tuvo la casualidad de que la calle en la cual hizo su casa, sobre la Atravesada, se llamaba Santa Lucía. Y también hizo un yate de madera al que puso el nombre de la santa. El mismo día que quisieron ponerlo a navegar en el Cocibolca, se volcó apenas le quitaron el ancla.

Yolanda Favilli Picasso, hija del escultor Mario Favilli. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Además de la ladrillería, Favilli intentó instalar una jabonería y sembró algodón. “Mi padre siempre estaba trabajando. Una vez lo vi hacer una escultura del Corazón de Jesús para el Colegio Centro América de Granada. Lo hizo de cemento armado porque el mármol era muy caro. Ahí está ese Corazón de Jesús, ahora ahí es el Intecna”, dice Yolanda Favilli.

Llegó la Segunda Guerra Mundial y Favilli cayó preso en las cárceles de Somoza García solo por ser italiano, junto a su suegro Luigi Picasso y varios alemanes. La esposa de Favilli, Clorinda Picasso, logró que sacaran a su padre por tener avanzada edad, pero a su marido no logró excarcelarlo y lo trasladaron a Managua. Pasó un año preso. Su hija Yolanda Favilli recuerda que cuando lo visitaban solo podían verlo a través de alambres de púas.

El ingeniero Giorgio Pasqualini instaló la estatua de Somoza García y restauró el monumento a Rubén Darío. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

El caballo de Somoza

Desde 1950 un grupo de somocistas querían congraciarse con Somoza García y organizaron un comité para levantarle un monumento. Luego se fueron a Italia, donde se organizó un concurso entre los egresados de la escuela de ingeniería para ver quién se encargaría de ir a Nicaragua a instalar la estatua de Somoza y hacer a la par una fuente luminosa. El ganador fue el joven Giorgio Pasqualini.
“Trabajamos más de un año en Milán en el diseño de la obra, principalmente en la parte hidráulica, por los chorros de agua y eléctrica, con el juego de luces”, dijo en una ocasión Pasqualini a la periodista Sabrina Moncada.

Poco después de llegar a Nicaragua, a Pasqualini se le murió su papá, Giovanni Pasqualini, pero no pudo ir a las honras fúnebres. Somoza García estaba apurado con la instalación del monumento, porque quería inaugurarlo el 27 de mayo de 1954, para el día del cumpleaños de su esposa Salvadora Debayle.

La llegada de Giorgio Pasqualini a Nicaragua. Ahí está con el traje en el brazo en el aeropuerto Las Mercedes. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ Ó. NAVARRETE

El hijo de Pasqualini, Piero Pasqualini Fajardo, recuerda que su papá siempre dejó claro que la estatua de Somoza no la hizo él, sino un escultor italiano, y que Pasqualini lo que sí hizo es el pedestal donde descansó la estatua, y también la fuente luminosa. En la estatua Somoza García descansa sobre un brioso corcel y está fundida totalmente en cinco toneladas de bronce. La estatua medía 5.40 metros de altura y el pedestal mide seis metros.

La fuente luminosa constaba de dos cuerpos principales, una fuente interior o superior y otra exterior o inferior. Esta última mide 24 metros y está circundada por veinte columnas laterales que terminan en forma de piña. Al pie de las columnas están colocados juegos de pitones que levantaban el agua para hacer juego con los faros interiores.

Tras la inauguración del monumento a Somoza, Pasqualini se tuvo que quedar en Nicaragua porque el propio Somoza se lo pidió. “Vamos a forrar Managua con mármol”, le dijo. Primero Somoza García quería construir un hospital materno y Pasqualini le presentó un diseño. La muerte de Somoza García en 1956 frustró el proyecto. Lo que Pasqualini no sabía es que se estaba quedando en Nicaragua para restaurar, tres décadas después, el monumento a Rubén Darío, una obra en la que se vio sorprendido por la muerte.

Entre 1954 y 1979, Pasqualini trabajó en otras obras. Por ejemplo, forró con mármol columnas del Teatro Nacional Rubén Darío y del Aeropuerto Internacional de Managua. También trabajó en una estatua a Luis Somoza. Fundó una marmolería y prácticamente solo le trabajaba a los más ricos del país.

El ingeniero Giorgio Pasqualini fue el encargado de la construcción de la fuente luminosa frente al estadio. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ Ó. NAVARRETE

La caída de la estatua

Pasqualini también era bombero y el destino quiso que cuando los sandinistas tomaron el poder en 1979, Pasqualini estuviera en la estación de bomberos botaron la estatua de Somoza. Ese día lloró Pasqualini.

“Con mucha emoción presencié la destrucción del monumento desde el Cuartel General de Bomberos. Era el derrumbe de un trabajo que costó sacrificio a los nicaragüenses. Para botarlo recurrieron a un tractor del Departamento de Carreteras y no a una grúa del taller de los hermanos King Sing. Ahora sobre ese pedestal se puede colocar otra estatua, de niños o de un grupo de nicaragüenses que representen a todos los sectores”, dijo Pasqualini en una ocasión.

Giorgio Pasqualini vio cuando la estatua de Somoza García era derribada y le dolió tanto que lloró. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ Ó. NAVARRETE

La viuda de Pasqualini, María Teresa Fajardo, afirma que este no era somocista, sino un extranjero que no se metía en política pero que por su trabajo y la forma en que llegó a Nicaragua tenía vinculación con la cúpula somocista. Los sandinistas le encontraron fotos con los Somoza Debayle, Luis y Anastasio, y con sus ministros. Le quitaron todo. Le confiscaron la marmolería que tenía cerca del Arbolito, en Santa Ana, y en los años ochenta en esa propiedad vivían varias familias salvadoreñas vinculadas con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Los Pasqualini tuvieron que salir al exilio. Pero Pasqualini regresó. Y los sandinistas, en busca de mano de obra calificada, lo pusieron a trabajar en el Ministerio de la Minería (Inmine), donde laboró en la extracción de piedra cantera.

Eliza Pasqualini y María Teresa Fajardo, hija y viuda de Giorgio Pasqualini. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Pasqualini no olvidaba el día que vio caer la estatua de Somoza que él mismo había colocado en el pedestal frente al Estadio Nacional. Estaba claro de que habían sido motivaciones políticas, pero él lo veía desde el punto de vista del arte, desde su trabajo. Con la caída de esa estatua también se borró en alguna forma la alegría del rostro de Pasqualini. Su familia comenzó a notar que había cambiado. Su hija, Eliza Pasqualini, comenta que él sentía que su obra estaba representada en esa estatua y que, mientras existiera, él podía contar al mundo, a sus nietos, lo que él había hecho. Pero desde 1979 esa obra ya no existía. Estaban aún el pedestal y la fuente luminosa. “Espero que no pongan (sobre el pedestal) a Fidel Castro”, dijo en algunas ocasiones.

Pasqualini murió el primero de agosto de 1998, y no logró ver cuando el actual gobierno sandinista colocó en ese pedestal al general Augusto C. Sandino montado sobre una mula. Sus familiares no se imaginan qué pudo haber pensado. Solo recuerdan que en alguna ocasión gerentes de la Texaco hablaron con Pasqualini para colocar en el pedestal una imagen del pícher Dennis Martínez, pero con la muerte del ingeniero ya no se pudo concretar la idea.

El cementerio de Granada está plagado de estatuas de mármol. Pocas dicen quién las hizo, pero tanto el escultor Mario Favilli como el ingeniero Giorgio Pasqualini, especialistas en mármol, son los responsables de la existencia de muchas de estas y también en otros cementerios del país. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Favilli y Pasqualini

Mario Favilli y Giorgio Pasqualini, ambos italianos, ambos viviendo en Nicaragua. La mayoría de sus familiares no recuerdan si se conocieron o no. Lo que es casi seguro es que no fueron amigos, aunque la viuda de Pasqualini recuerda que sí se conocieron.
Si Pasqualini murió en 1998, Favilli falleció, tras padecer de Parkinson, el 28 de noviembre de 1973, apenas un año después del terremoto que destrozó Managua y 20 años después de la llegada de Pasqualini a Nicaragua.

Las vidas de Favilli y Pasqualini se cruzaron definitivamente hasta en 1997, cuando la Texaco decidió financiar obras de reparación del monumento de Rubén Darío de Favilli, que durante varios años había sido vandalizado.

Y para esa reparación escogieron nada más y nada menos que a Pasqualini.

Unos cisnes que tenía el monumento estaban decapitados, las musas tenían los brazos cortados, los versos que habían sido plasmados estaban incompletos. Los vándalos habían destruido el monumento en busca de mármol.

Pasqualini, con los trabajadores de su marmolería, comenzó las reparaciones del monumento. Un viernes por la noche, estando en su casa y cuando ya estaba el sesenta por ciento de la reparación terminada, a Pasqualini le dio un dolor en el pecho. No se fue a chequear al médico porque al día siguiente, sábado, llegarían los financiadores de la obra a realizar una supervisión. El lunes le dio un paro cardíaco y desde entonces pasó siete días hospitalizado en el antiguo Hospital Militar. Murió el primero de agosto de 1998.

El hospital de maternidad que diseñó Giorgio Pasqualini y que no se construyó porque mataron a Somoza García. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ Ó. NAVARRETE

Su esposa y sus hijos, con la ayuda de los trabajadores, terminaron las reparaciones del monumento. El hijo de Pasqualini, Piero, acepta que en las reparaciones hubo algunos errores, como uno de los ángeles, que quedó más “hermoso” (gordo) que las demás figuras. Inicialmente esa figura estaba viendo hacia Darío y en la reparación vuelve la vista hacia otro lado. “Eran errores que solo él (Pasqualini) podía resolver”, lamenta Piero Pasqualini.

Las obras de Favilli y las de Pasqualini aún permanecen como unas de las mejores que se han construido en Nicaragua. Los dos italianos también dejaron sus familias en el país. Ninguno de los dos tenía planes de vivir en Centroamérica, pero la pasión de ambos por el mármol los hizo llegar a estas tierras, uno a principios de los años 1900 y el otro en 1953. Uno construyó el monumento a Darío en 1933 y el otro lo restauró en 1998 y murió en ello.

La entrada Mario Favilli, el “padre” del monumento de Rubén Darío aparece primero en La Prensa.