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Nicaragua vive un síndrome de “desmantelamiento y colapso electoral”, dice el director ejecutivo de Ética y Transparencia, Roberto Courtney, al repasar lo que ha ocurrido hasta ahora en las votaciones de los últimos años.

Candidatos inconsultos, violencia política, imposiciones, cedulación a menores y un árbitro electoral controlado por el partido de gobierno persiste en el proceso municipal que se celebrará en noviembre 2017.

“El problema fundamental del sistema electoral es que siendo malo el diseño inicial bipartidista ha degenerado, al igual que todas las otras instituciones del Estado, al servicio de un partido político”, denuncia.

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La historia a la que se refiere inició cuando el expresidente Arnoldo Alemán (1997-2002) y Ortega, entonces jefe de la oposición, se repartieron los puestos claves de las instituciones entre sus incondicionales en el 2000.

“Si a eso le sumás otros elementos propios de la política criolla, como por ejemplo, encontrar que el presidente del tribunal electoral lo agarran con las manos en la masa en casos de corrupción, da espacios para los chantajes políticos”, señala Courtney.

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Según el especialista, las razones por las que el FSLN controla todo el sistema político le recuerda lo que ocurrió con otros países al final del comunismo.

“En Nicaragua lo que ocurrió en muchísimo de los países de la cortina del Este, es decir, los regímenes comunistas, socialistas, que fomentaron sistemas de partido único en sus países, desmantelaron a los demás partidos. De manera que en Nicaragua, todavía hoy, el electorado se divide en sandinistas e independientes”, explica.

Managua 22 Septiembre del 2017.Roberto Courtney, director ejecutivo de Etica y transparencia. foto/LA PRENSA/Wilmer Lopez

¿Qué pasa con los partidos políticos de oposición?

El pleito en Nicaragua para la oposición siempre ha sido convertirse en el receptáculo del desencanto ciudadano con el sandinismo. Cuando eso es mayoritario, ese partido gana, ponele el nombre que querrás y el candidato que te parezca (…) Pero no ganan tanto por fuerza propia. De manera que el proceso de desarrollo de esos partidos va bastante atrasado, con respecto al partido político, en este caso el Frente Sandinista. El FSLN entra a la democracia en 1990, con Ejército y Policía, aparte de otro montón de cosas, propiedades y demás, mientras que los otros partidos están comenzando a organizarse. Esa brecha se mantiene y se sostiene.

¿Los partidos que están son rescatables o hay que comenzar de nuevo?

Comenzar de cero es una muy mala alternativa. Tenés que trabajar con lo que tenés y construir sobre lo que tenés. Precisamente con la lógica de que todos son malos y regresemos a cero, es que se hacen las revoluciones y por eso terminan fracasando, porque hay que construir sobre lo que se hace.

En la medida que el partido fuerte en el país sea más o menos democrático tiende a mover mucho el péndulo y en ese sentido habrá que ver las circunstancias internas y externas de la situación económica. Cuando la cuestión económica está vista, como en Nicaragua, que todos los conocedores internacionales dicen que somos la segunda o tercera mejor economía funcional del hemisferio americano, con esas circunstancias nuestros problemas políticos y de carencia de democracia pasan a segunda o tercera importancia o desaparecen del radar.

¿Qué tendría que pasar para que la gente vuelva a creer en los partidos?

El proceso de su desarrollo está en ganarse el electorado. Los partidos políticos en Nicaragua han tenido un proceso de desvinculamiento con la ciudadanía, se le conoce una falta de propuesta, un cierto canibalismo; el peor enemigo no es el Frente, sino entre ellos mismos, hay un sinnúmero de cosas, llegan a un poder del Estado y en cinco minutos se pasan a la bancada oficialista. Hace cuatro o cinco años los partidos daban por entendido que tenían un cierto voto cautivo antisandinista. Hoy por hoy el problema ha cambiado.

Cuando el año pasado el Frente le corta la cabeza al segundo partido de Nicaragua, eso es bueno para el Frente puesto que fue el que lo hizo, lo que es interesante es que también para el partido tres, cuatro, cinco, seis y siete también es buena noticia, porque hay una vacante en el puesto número dos, entonces, desde el poder es bastante fácil fomentar este tipo de canibalismo, que en Nicaragua degenera en lo que llamamos zancudismo, y es cuando un partido descubre que depende más de lo que le dé el partido hegemónico, que lo que puede conseguir en la calle.

¿Qué le ha parecido la actuación de la OEA este año?

La OEA es la misma de siempre. Es una organización que evita el conflicto. Permanentemente anda tratando de pacificar, de que la sangre no llegue al río. Entonces en ese esquema vemos a la OEA en el caso de Nicaragua, donde simple y sencillamente está tratando de preservar una especie de estabilidad. Una cosa que jamás vas a ver hacer a la OEA es ponerse más papista que el papa en aquellos lugares en que la ciudadanía está aletargada, donde la economía está funcionando, donde los partidos políticos de oposición tienen mucha de su tarea pendiente.

¿Y en el caso de Venezuela?

El caso de Venezuela es muy aleccionador. Está ocurriendo cuando ya las manifestaciones son multitudinarias, en ese momento ya la economía está colapsada. Igual en el caso de Nicaragua en 1979. La guerrilla se forma en 1963, ya para el 77 ya se toma ciudades. En ese momento, la OEA comienza a ser un actor que presiona al Gobierno.

¿No busca prevenir, sino que actúa hasta que hay crisis?

Más que prevenir, lo que parecen pedir algunos opositores es que venga a agenciar esas condiciones críticas y dramáticas que significan la potencial salida de un Gobierno, entonces, primero, es natural que la OEA no haga eso, sino que hasta que no ocurra, no se active. Si a la OEA vos le preguntás cuál es la salida adecuada en Nicaragua, te va a decir que una manera democrática, sin alterar la economía, sin pasar a peores violaciones de derechos humanos.

¿Cuál es la posición de la OEA en Nicaragua?

Sería cruzar los dedos para que no se fortalezca el autoritarismo en Nicaragua, pero más allá de eso muy poco. La OEA no es aliado de nadie. No se siente cómoda llegar a un país a crear condiciones más adversas para el Estado.

¿Tiene información sobre la agenda de la misión?

Aquí hay un enorme oscurantismo con respecto a quién viene, cuándo viene, qué van a hacer. Eso no es extraño en la OEA. No siente la obligación de ser todo lo transparentemente posible.

A 42 días de las municipales, ¿todavía hay tiempo de observar?

La pregunta que se debe hacer es ¿qué deben hacer los partidos? Su trabajo de documentar, encontrar y presentar la mejor evidencia ante el observador y también presionar todas las teclas políticas y los medios de comunicación.

El pasado de Penco

Para Roberto Courtney, los antecedentes de Wilfredo Penco como observador electoral que avaló los procesos electorales de Nicaragua desde 2008, a pesar de las evidencias de fraude,deja poco a la imaginación de cuál pueda ser su actuación como jefe de la misión de observación electoral de la OEA, para las votaciones municipales. “Hay veces que los seres humanos cambian, pero lo más normal que se puede esperar de cualquier individuo es que haga hoy más o menos lo que hizo el sábado. En el caso del señor Penco hay suficiente récord para saber lo que eso significa”, dijo Courtney.

Plan con temas secundarios

El plan de la Misión de Cooperación de la OEA contempla un plazo de tres años y por un costo estimado de 19 millones de dólares, para brindar apoyo técnico, fortalecimiento en materia de registro, cedulación y depuración del padrón electoral y mejorar la aplicación de la norma constitucional sobre transfuguismo político.

Roberto Courtney explicó que si bien nada de eso se ha hecho a la fecha, algunos de esos temas son de segunda importancia y de fácil solución.

En el caso del transfuguismo político, Courtney explicó que la OEA cree que el gobierno de Daniel Ortega, con su “mayoría aplastante” en la Asamblea, puede aprobar una legislación distinta “en cinco minutos”, sin mayor costo. Sobre el padrón electoral, Courtney explicó que es un problema de “tanto manoseo” con el objetivo de “purgar a los opositores que se han abstenido de votar en las últimas elecciones”, e “incompetencia” de la autoridad electoral que aparte es fraudulenta.

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