22Oct - by Master - 0 - In Allgemein

Está sentado en la mecedora negra y tiene la mirada perdida en la nada. Se repite algo para sí mismo, en una voz tan baja que casi parece un balbuceo. Lleva un pulcro pantalón negro con unas zapatillas del mismo color que fueron lustradas militarmente, y una camisa verde olivo, de botones, sin una sola arruga que entorpezca los precisos quiebres que tiene hechos. Se mece en la silla. “Napoleón Romero, ‘Arena Blanca’, Napoleón Romero, ‘Arena Blanca’”, repite.

Dejó de mecerse. De pronto voltea y su cara y su sonrisa indican que acaba de descubrir algo. “Yo soy Napoleón Romero, Arena Blanca”, dice.

Él, el anciano sentado, canoso y pecoso de 92 años, es Napoleón Romero, conocido en el mundo del beisbol como “Arena Blanca”. Él es el único sobreviviente de la Selección Nacional de beisbol que inauguró el Estadio Nacional el 20 de noviembre de 1948. “Yo llegué al estadio y me tomaron fotos con las estrellas del equipo de Nicaragua”, dice tartamudeando el short stop retirado.

Aquel 20 de noviembre de 1948 aún vive en la memoria de quienes estuvieron allí. Nicaragua entera se desbordó hacia la capital para inaugurar el que en su momento fue considerado uno de los mejores templos deportivos de América Latina.

A don Napoleón Romero lo invitaron porque era parte de la Selección Nacional, pero otros, como don Edgardo Santos tuvieron que dejar sus trabajos para correr a comprar un boleto, entrar al Estadio Nacional y formar parte de la historia.

Parecían latas de sardina

Edgardo Santos se encargó de pintar la ciudad antes de la inauguración del Estadio. Además, estuvo presente en el primer juego. LA PRENSA/Alejandra González

Olvídese de la Managua del siglo XXI. Váyase a la del siglo XX. Más específicamente, a los años cuarenta. Miles de personas viajaban en tren, con pantalones flojos y sombreros a lo Frank Sinatra. En esa Managua trabajaba Edgardo Santos. Él quería ir a la inauguración del estadio y le encargó a su hermana que le comprara los boletos, que costaban dos córdobas: grada sol.

Santos, que ahora tiene 87 años, no había podido ir a comprar los boletos porque se pasaba los días trabajando. Él fue uno de los obreros encargados de pintar los alrededores del parque de pelota para que la capital luciera “bella” a los ojos de los peloteros extranjeros que arribarían en los días anteriores a la inauguración. “Yo trabajaba en mi casa, pero el vecino era pintor contratista y yo pinté toda la Avenida Roosevelt, la cuneta, la calle, en 1948. Teníamos que embellecer Managua porque venían personajes del mundo”, dice Santos, quien ahora tiene más de 60 años de vivir a dos cuadras y media del ahora viejo Estadio Nacional.

El Estadio Nacional cuando aún estaba en construcción. LA PRENSA/ Reproducción de la Guía de la X Serie.

Los días anteriores a la inauguración del coloso fueron casi tan caóticos como el propio día del evento. Incluso, algunos meses antes, la emoción y la expectativa podían sentirse en todo el país.

Por ejemplo, el 25 de octubre de 1948 el Ferrocarril del Pacífico publicó un anuncio diciendo que la empresa de transporte concedería una rebaja del 25 por ciento en el costo en los boletos desde el viernes 19 de noviembre hasta el miércoles 15 de diciembre de 1948.

El Diario LA PRENSA publicó que el 19 de noviembre las empresas de transporte ya habían “arrojado” sobre la capital no menos de cinco mil personas, que estaban ansiosas por comprar el billete de entrada al Estadio Nacional. “El tren ordinario de Oriente ayer en la mañana traía 15 convoyes que más bien parecían latas de sardina por cómo venían apretujados los fanáticos”, dice la nota del Diario.

Un día antes de la inauguración, los hoteles ya estaban llenos. Desde los de máxima calidad hasta los más baratos. Incluso, algunas casas de huéspedes habían metido seis y hasta nueve camas en un cuarto de habitación. Pero los que ya no encontraron espacio o los que no tenían para pagar un hospedaje tuvieron que ir a dormir a las aceras del nuevo Estadio. La gente durmió en trapos y maletas. Don Edgardo Santos, que vivía cerca de ahí, fue testigo de todo aquello.

El día esperado

El Estadio Nacional durante el día de su inauguración. Se estima que unas 35 mil personas acudieron al coloso ese día. LA PRENSA/ Reproducción de Novedades

El 20 de noviembre de 1948 el teatro Trébol y Luz exhibía la película que entonces era aclamada por todos los públicos: Sangre y arena. Ese día también, un grupo de hombres armados invadió Chontales y asaltó a un comerciante.

Ese día, la empresa de autobuses Taisa abrió nuevas rutas exclusivamente para la X Serie Mundial de Beisbol Amateur, que inauguraría el nuevo Estadio, mientras un anuncio en un diario aseguraba que todos los triunfos de los equipos iban a celebrarse con la cerveza Victoria y otro de Flor de Caña invitaba a los fanáticos del beisbol a buscar los paracaídas premiados que serían lanzados desde un avión encima de la multitud en el Estadio Nacional.

Cinco de la mañana. Eran las 5:00 de la mañana cuando, según indicaron algunos empleados del centro deportivo al diario Novedades, empezaron a llegar los primeros fanáticos al coloso. “A las 11:00 de la mañana ya estaba totalmente lleno el Estadio Nacional, calculándose en unos 35 mil espectadores los allí congregados y sentando un nuevo récord de asistencia en Series Mundiales”, relató Novedades.

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Eran las 10:00 de la mañana cuando, según relató el Diario LA PRENSA en esa época, había no menos de diez filas, de unas cinco cuadras cada una, esperando impacientes para llegar al Estadio. “Una de las filas no fue tan paciente y en una de las puertas de sol se rompieron varias tablas. Por lo menos dos centenares de personas entraron al estadio sin entregar el tiquete”, narró el redactor.
El Estadio aún estaba en construcción el día que fue inaugurado. Aún no estaban puestas las sillas, solo había gradas. Los astutos vendedores llegaron ese día a vender cojines a un córdoba para que la gente pudiera sentarse sin quemarse o chimarse. Esos mismos cojines los usaron para armar la “guerra de los cojines”.

El historiador de beisbol Julio Miranda explica que durante el tercer juego de Nicaragua en la X Serie, la Selección Nacional iba ganando 2 a 0 ante México, pero el pitcher permitió tres carreras y la selección rival le arrebató la victoria a Nicaragua. La multitud, enardecida con el pitcher, empezó a lanzar los cojines que había comprado. Ante la presión, a los pocos días, el pitcher abridor del juego, Alfredo Medina, “Medinita”, fue despedido de la selección.

Los espectadores comenzaron a ocupar sus asientos en el Estadio, mientras el subsecretario de Fomento y el Dr. Óscar Sevilla Sacasa estuvieron obsequiando a las miles de personas pequeños espejos en los que se apreciaba una pequeña foto del General Somoza, “como propaganda para la postulación como candidato a la Presidencia de la República para el próximo período presidencial 1951-1957”, explica Novedades.

El desfile

Desfile en el terreno del Estadio encabezado por Luis Somoza Debayle y su esposa. Llevando la bandera de Nicaragua, el legendario pelotero Stanley Cayasso. LA PRENSA/Archivo Ihnca.

A las 11:00 de la mañana, Napoleón Romero ya estaba en el Estadio Nacional, vistiendo su blanco uniforme de la selección. “¡Estaba lleno! Yo entré y a mí me impactó ver el terreno. Ellos me tomaron en cuenta… ”. A los jugadores de la Selección Nacional los habían mandado a traer en tren a los diferentes departamentos y los habían alojado en la Academia Militar. El historiador Julio Miranda explica que él habló con cinco peloteros de la selección de 1948 y estos le explicaron que la comida que les daban no era buena. “Solamente cuando llegaban en alguna ocasión los periodistas les daban más o menos buena comida y hasta postre”, dice Miranda.
A la misma hora que Napoleón Romero estaba en el campo de juego, listo para empezar la ceremonia, Edgardo Santos estaba dando brochazos lo más rápido que podía para salir corriendo hacia el Estadio y llegar al juego inaugural, que era a las 2:30 de la tarde entre Colombia y Guatemala.

A las 11:15 de la mañana entraron al terreno el entonces presidente de la República, Dr. Víctor Román y Reyes. También entró el jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza, que lucía un traje sport y una gorra de beisbol roja, y llegó acompañado de su hija Lilliam Somoza y su Estado Mayor.

Anastasio Somoza García da las palabras de bienvenida, acompañado de su hijo, Anastasio Somoza Debayle. LAPRENSA/ Archivo Ihnca

A las 12:00 en punto del mediodía, bajo el sol inclemente, entró el arzobispo de Managua, monseñor González y Robleto. “Acompañado de no menos de una docena de sacerdotes y de la señorita X Serie Mundial, Daysi Solórzano Thompson, y del presidente de la FIBA, don Carlos Pereyra Ocampo, bendijo nuestro Estadio Nacional, monseñor González y Robleto, después de breves frases pronunciadas en nombre de Dios y de la Iglesia católica, las que no pudimos oír por no estar bien ajustados los parlantes del Estadio, procedió a la inauguración del Estadio Nacional, para después iniciar el desfile los 160 atletas que participan en la X Serie Mundial de Beisbol Amateur”, relató el Diario LA PRENSA.

Napoleón Romero ya estaba listo para desfilar. Se había ganado dignamente su lugar en el equipo apenas unos meses antes. “Él surgió de un equipo que se llamaba los Navarro Cubs, que disputó la final en 1947 con el Cinco Estrellas, que era la maquinaria en Nicaragua. Él era un pelotero bastante solvente, dinámico, rápido y jugaba el short stop. Cuando ellos disputan en el 47 eso a él le abre una ventana, parece que lo ven y lo llaman inmediatamente para la selección y se quedó”, explica Julio Miranda. Romero era “utility” y no era titular dentro de la selección.

Anastasio Somoza lanzando la primera bola en la inauguración del Estadio Nacional. LAPRENSA/Reproducción de Novedades.

A las 12:05 minutos empezó el desfile encabezado por la Banda de la Guardia Nacional y seguido por la Banda de Guerra de la Academia Militar. Desfilando por el terreno también iban la señorita X Serie Mundial, Daisy Solórzano Thompson, acompañada del presidente de la FIBA.

Después de ellos, empezaron a desfilar una por una todas las delegaciones de los diferentes países que participaban en el Mundial. Sin embargo, la verdadera euforia se desató cuando entró la Selección Nacional, liderada por el jugador estrella Stanley Cayasso, quien portaba el pabellón nacional. La marcha la cerraron 15 tropas de boy scouts de todo el país.

Después de que todas las delegaciones dieron vuelta alrededor de la cancha, los equipos fueron juramentados y se dirigieron al costado sur para izar las banderas de cada país.

Para la historia

Napoleón Romero, cuando jugaba con la Selección de 1948. LA PRENSA/Reproducción

Edgardo Santos estaba apurado terminando de pintar para poder llegar a tiempo al Estadio. Él siempre había sido apasionado del beisbol. Jugó con el equipo de la Fuerza Aérea y con el San Carlos.

“Yo estaba pintando el Templo de la Música, como le llamaban, en el parque central, y le había pedido a una hermana mía que me comprara la tíquet. Y cuando llegué al Estadio ya no había lugar en las gradas y tuve que entrar por el score. Impresionado de ver tanta gente”, cuenta Santos, mientras sostiene un bastón, sentado en una silla plástica desde su casa.

Cuando fue la hora, don Edgardo Santos dejó la brocha tirada y salió corriendo hacia el Estadio, entró por el score y desde ahí vivió el histórico juego.

Napoleón Romero en la actualidad, en el estadio que inauguró en 1948. LA PRENSA/Óscar Navarrete

Al entonces presidente de la República, Dr. Víctor Román y Reyes, le ofrecieron hacer el primer lanzamiento, pero este cedió el honor al general Anastasio Somoza. Atrapó el lanzamiento el catcher colombiano Castalio Acosta. “Fue fenomenal la inauguración, fui a todos los juegos”, dice Edgardo Santos.

Edgardo Santos recuerda que ese día vendieron chicha, vigorón, chancho… “Guarito no había. No había señoras diciendo ‘la leche, la leche, la leche’”, dice en carcajadas Santos.

Napoleón Romero tiene pocos recuerdos de aquel día. Los 92 años le han jugado una mala pasada al también exjugador del Bóer. A veces intenta atraer a su mente pinceladas de aquel 20 de noviembre de 1948, pero se pierde en el intento y solo alcanza a repetirse lo mismo una y otra vez: “Napoleón Romero, ‘Arena Blanca’”.


Curiosidades

Música. El himno con el que la banda abrió el desfile de la inauguración fue un himno compuesto por el capitán Solís y se titula Himno X Serie.

Irrespeto. Según la nota publicada en el Diario LA PRENSA, no se cantó el Himno Nacional durante el acto.
A medias. Cuando se inauguró, el Estadio aún no estaba terminado. Las sillas no estaban puestas y la gente tuvo que comprar cojines para sentarse en las bancas.

Belleza. Para dar una buena impresión a las delegaciones extranjeras, el presidente mandó a pintar las aceras, calles, edificios y parques en las áreas aledañas al Estadio.

Transporte. El Ferrocarril del Pacífico dio un descuento en los boletos de tren para las personas que quisieran ir al Estadio. Los autobuses abrieron nuevas rutas y los taxis pasaron de cobrar un córdoba a cobrar dos.

Mala actuación. De los ocho juegos en los que participó la Selección de Nicaragua, solo ganó uno.

Récord. Según la prensa nacional, el X Serie Mundial rompió un récord de asistencia en Series Mundiales, con unas 35 mil personas.

Libre. El presidente de la República decretó libre el 20 de noviembre de 1948 para que todas las personas que quisieran pudieran asistir al Estadio Nacional.


La entrada El gran día del viejo Estadio Nacional aparece primero en La Prensa.