William Aragón, de LA PRENSA, un periodista sin miedo a la dictadura

William Aragón llega hasta la que fue su casa, en el sector 23 de Somoto, en Madriz. Lo reciben dos niñas, de 12 y siete años de edad. La más pequeña se le cuelga de los brazos. La más grande lo abraza. Es una alegría para ellas verlo. Las dos sonrientes. Aragón también se siente feliz de verlas, pero se pone sereno. Casi en susurros les pregunta cómo están, pero por dentro tiene el corazón arrugado. Esas niñas son su vida.

Hasta hace cuatro meses, Aragón podía dormir al lado de sus pequeñas, pero tuvo que dejar la casa. Su esposa, Heydi Pineda, le vivía suplicando que dejara de ser periodista porque con su trabajo estaba poniendo en peligro la vida de toda la familia.

Aragón, de 53 años de edad, es corresponsal de LA PRENSA en el norte de Nicaragua desde hace 15 años. Durante ese tiempo, en siete ocasiones lo han llevado a los tribunales de justicia, por supuestas injurias y calumnias, solo por informar de los abusos de las personas que ejercen el poder en Nicaragua. En todos los casos salió ileso.

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También lo han amenazado de muerte y ha sufrido otros desmanes solo por ser “el periodista de LA PRENSA” en Somoto. No ha sufrido solo él, sino también su familia. Después de abril de 2018, cuando empezó la crisis sociopolítica que ya ha causado más de 300 muertes en el país.

El periodista William Aragón con sus hijas de 12 y siete años de edad, en la casa que los paramilitares orteguistas rafaguearon tres veces. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Tres veces le rafaguearon la casa en junio de 2018. En una ocasión, su propio hermano fue uno de los que disparó. En noviembre de ese mismo año, la Policía Orteguista lo detuvo ilegalmente durante seis horas cuando él iba en un bus con sus dos niñas. Cuando salió de la cárcel, se dio cuenta que sus niñas habían pasado todo ese tiempo en la sala de espera de la delegación policial y una señora les regaló comida. Eso le partió el corazón.

Aragón explica que hacer periodismo en Nicaragua está muy difícil por el acoso del gobierno y más si, como es su caso, se trata de un corresponsal en un departamento que no es Managua.

Las amenazas y los acosos han sido constantes y Aragón ha tenido tres oportunidades para salir al exilio, pero no se quiere ir. En una de ellas se regresó de la frontera con Honduras. Él se mantiene fuerte, informando sobre todo lo que está haciendo el orteguismo con Nicaragua. “No me voy”, dice.

No se llamaba William

Aragón, originario de Managua pero radicado en Estelí desde niño, tuvo su primer “trago amargo” con el sandinismo en los años ochenta del siglo pasado, cuando era miembro del Ejército y en un combate fue capturado por los contras.

Fue en una emboscada, en 1987, en Paredes de Murra. Un soldado fue herido y Aragón trató de rescatarlo. Pero los atraparon los contras comandados por Bigote de Oro y comandante Sierra 3.

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Los contras despojaron de todas sus pertenencias a Aragón y lo vistieron con ropa vieja, unas botas maltrechas y lo andaban esposado y cargando una pesada mochila llena de tiros.

Aragón aprovechó un combate con el Ejército en Plan de Grama, Wiwilí, para escapar. Durante el tiroteo, el contra asignado para vigilarlo se puso nervioso y lo dejó solo. Aragón se ocultó tras el tronco de un árbol. Esperó un día, salió y llegó a una comunidad llamada Runflín y luego a otra conocida como Aguas Calientes.

Aragón, a la izquierda, cuando estaba exiliado en Alemania, a finales de los años ochenta. Aparece con otros exiliados nicaragüenses. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

Unos campesinos le dieron ropa y lo llevaron al río Coco, en Wiwilí. Aragón recuerda que lo montaron en una lancha de una señora muy famosa, doña Lencha, reconocida porque una vez regañó a Tomás Borge porque este último iba de pie en el bote.

Aragón, fiel sandinista en ese momento, se fue a entregar al Ejército, pero fue mal recibido, lo echaron preso porque ya estaba anotado como “desertor”.

Estuvo detenido un mes y salió por gestiones de la CPDH, entonces dirigida por Lino Hernández. Acnur se llevó a Aragón a Alemania, exiliado, y por motivos de seguridad hasta le cambiaron el nombre. William antes se llamaba Orlando Aragón.

El periodista

Aragón regresó a Nicaragua tras el triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro en 1990.

Trabajó como vendedor de seguros en Iniser, luego lavó carros y, aprovechando su experiencia militar, fue también vigilante.

En Estelí comenzó a estudiar Derecho, pero, como llegó a Managua para trabajar de guarda de seguridad en el Hospital Militar, se decidió por estudiar periodismo en la UCA. Ya tenía experiencia en medios de comunicación porque trabajó en radios estelianas, invitado en programas juveniles.

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Su relación con LA PRENSA comenzó en el año 2004, cuando falleció el corresponsal de Ocotal, Francisco León Cáceres (Chico León), y unos amigos y corresponsales de LA PRENSA, Martha Marina González y el ya fallecido Adolfo Olivas, lo recomendaron.

Aragón empezó en el recién nacido periódico Hoy, pero a los dos meses ya era corresponsal de LA PRENSA también.

Y terminó siendo corresponsal en Somoto, Madriz, porque esa ciudad le gustaba más que Estelí para ser periodista.

Aragón perdió su hogar por culpa del acoso orteguista y ahora vive solo, alquilando. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

Las protestas

La historia de William Aragón bien puede ser representativa de lo que ha pasado con el periodismo independiente desde que Daniel Ortega regresó al poder en 2007.

Cuando aún era presidente Enrique Bolaños, Aragón se sentía cómodo haciendo periodismo. Pero con Ortega en la presidencia, casi inmediatamente las cosas comenzaron a cambiar. Las instituciones le comenzaron a cerrar las puertas y no le daban información.

Primero fue la Alcaldía de Somoto, dominada por los sandinistas y luego se sumaron otras. Las últimas en negarle información fueron la Policía y el Ejército.

Durante ese tiempo, Aragón también fue víctima de amenazas de muerte. Como en febrero de 2007, cuando denunció en la Policía de Somoto que personas ligadas al partido Frente Sandinista (FSLN) en ese departamento le habían advertido de manera personal que se cuidara, porque había planes de miembros de esa agrupación política para dañar su integridad física. “Mejor cuidate”, le dijo un sindicalista.

En abril de 2018, cuando iniciaron las protestas cívicas contra el gobierno de Ortega y su esposa Rosario Murillo, Aragón comenzó a informar sobre las mismas, especialmente sobre los tranques que se comenzaron a formar en distintos puntos del país. En los tranques estaba la noticia.

El primer problema grave lo tuvo en mayo de 2018, en Salamasí, en un tranque que estaba en el empalme de Yalagüina. Estaba tomando unas fotos cuando un empleado de la alcaldía sacó una pistola y lo encañonó. En su quehacer periodístico, Aragón ha estado cerca de la muerte en varias ocasiones.

Las ráfagas

Lo que vino después fue peor para Aragón. En junio, los paramilitares de Ortega rafaguearon casas de varios opositores en Somoto. Entre ellas, la del periodista.

En la madrugada del 18 de junio de 2018, cerca de la 1:45 de la mañana, desde una moto y armados con pistolas, dos hombres atacaron a balazos la casa de Aragón. No fue la única vez que lo hicieron.

El 23 de ese mismo mes, a las 9:30 de la noche, Aragón, su esposa y sus niñas estaban sentados en la sala de la casa, cuando también hombres en moto, pero esta vez con fusiles AK, agarraron a balazos la casa.

Las niñas se tiraron al suelo. Aragón pudo ver la moto, la misma que al día siguiente vio en la Alcaldía de Somoto.

A partir de esos dos sucesos, fue todo un trauma en la familia. Modificaron la casa por completo. El televisor lo trasladaron de la sala al dormitorio de las niñas. Bajaron los colchones para dormir en el suelo. Buscaron rutas de salida ante un eventual ataque dentro de la vivienda. Pidieron ayuda a los vecinos para que les facilitaran salidas de escape ante una emergencia.

Aragón cuando se graduó como periodista. LA PRENSA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

La situación comenzó a dañar más a la familia cuando las niñas comenzaron a tener afectación emocional. Lloraban con solo escuchar que pasaba una moto cerca de la casa. En la escuela les comenzaron a llamar “las hijas del periodista de LA PRENSA”.

La esposa de Aragón comenzó a tener problemas en su trabajo. Y empezó a presionar a Aragón para que dejara el periodismo, por la seguridad de la familia, especialmente de las niñas.

Aragón se la pensaba. Pero él no es fácil para desistir de la profesión que le gusta.

Hubo un tercer tiroteo contra la casa de Aragón. Fue el 7 de julio de 2018, cerca de las 2:55 de la madrugada. Y este tuvo otro episodio doloroso para Aragón.

Tiempo después se enteró que un hermano suyo, lisiado de guerra, fue buscado por el orteguismo para actuar como paramilitar, para lo cual le ofrecieron 7,500 córdobas al mes. Su hermano, que no recibe pensión, aceptó, cuenta Aragón.

Al hermano de Aragón lo llevaron de Estelí a Somoto y le dieron la misión de ir a atacar la casa de un “golpista”. No sabía que era la casa de su hermano y disparó.

“Perdóname”, le pidió tiempo después su hermano a William Aragón.

Somoto es la ciudad donde William Aragón arriesga su vida para informar lo que allí ocurre, a pesar del asedio orteguista. LA PRENSA/ ARCHIVO/ WILLIAM ARAGÓN

La sobrevivencia

La vida que tuvo de militar en los años ochenta le ha ayudado a Aragón a sobrevivir durante la represión orteguista desatada tras abril de 2018.

El reporteo periodístico lo realiza con mucha cautela. Siempre vigilando quien está cerca, especialmente porque a los orteguistas les gusta arrebatarles las herramientas de trabajo a los periodistas, como celulares, cámaras y grabadoras.

Aragón también trata de mantenerse el menor tiempo posible en lugares públicos. Camina con mucho cuidado.

Además, como exmiembro del Ejército, conoce a muchos de los paramilitares y gente del orteguismo.

Lo que no pudo evitar Aragón fue perder el matrimonio. Primero dejó la casa como medida de seguridad. Y después perdió la relación con su esposa.

La Policía lo acosa. En noviembre del 2018, cuando viajaba de Somoto a Estelí con sus dos niñas, los policías lo detuvieron dentro del bus, lo llevaron en taxi a la delegación de Condega, por las protestas de los demás pasajeros, y lo mantuvieron encerrado durante casi seis horas, bajo interrogación, preguntas “tontas”, que qué hacía, que a dónde iba…

Durante ese tiempo él pensó que a sus niñas se las habían llevado al Ministerio de la Familia. Pero cuando salió se dio cuenta que las menores de edad habían estado en la entrada de la delegación. Y no hubiesen comido nada de no ser porque una señora que se mantiene vendiendo en la estación policial les compró alimentos. Aragón lloró ese día al reencontrarse con sus hijas.

En silencio, pero siempre informando a los nicaragüenses a través de LA PRENSA, Aragón ha sabido sortear el acoso orteguista, que se ha extendido hasta el mercado de Somoto, donde las comerciantes tienen prohibido hablar con él, bajo la amenaza de perder sus tramos.

Una vez Aragón estaba en la frontera de Honduras, listo para cruzar y entrar al exilio. Pero se detuvo. “No me voy a ir. ¿Por qué me tengo que ir?”, se cuestionó.

“No tengo miedo”, asegura. Y añade: “Quiero ver caer al régimen».