¿Quo Vadis, Nicaragua?

Para comprender el enigma que hoy vive Nicaragua, hay que comenzar por preguntarse cómo es posible que la pareja presidencial Ortega-Murillo, con los antecedentes que tienen, hayan llegado a acumular tanto poder, en detrimento de la voluntad soberana de los nicaragüenses.

Mahatma Gandhi (1869-1948), el inmortal abanderado de la paz, quien con su resistencia pacífica logró la independencia de la India, nos enseñó que “no hay camino hacia la paz, sino que la paz es el camino”, queriendo con esto decir que si no tenemos la paz en nuestras mentes y en nuestros corazones, vana será la tarea de emprenderla en favor de los demás. Esto parece que no lo entiende el binomio Ortega-Murillo.

Es verdad de Perogrullo que quienes más predican la paz son quienes menos la practican. En la Nicaragüita de Carlos Mejía Godoy, y de todos nosotros, muchos nos hemos quedado estupefactos al ver como “por órdenes de arriba” unos cuantos facinerosos profanaron los restos mortales del admirado poeta Ernesto Cardenal, mientras se le rendía el tributo póstumo por su paso a la eternidad.

Cuando vi la jauría de paramilitares orteguistas posarse como hienas ahítas de odio bajo las arcadas consagradas de la Catedral de Managua, vomitando el veneno contra la figura yacente de Ernesto Cardenal, solo recordé lo que en el Rey Lear, Shakespeare pone en boca de los protagonistas de esta trágica historia: “ ¡Calamidad de los tiempos/ en que los locos guían a los ciegos!”

Por eso no me sorprendió que un canal de televisión suramericano en su sección: “De lo insólito en el mundo”, titulara así la noticia: “Decretan tres días de duelo nacional y luego mandan a apalear a los que van al entierro”. Esto es grave. Muy grave, porque la opinión pública internacional puede llegar a pensar que los nicaragüenses estamos siendo gobernados por personas que han perdido el juicio y que por sus actitudes claramente incoherentes y contradictorias más bien son dignas de atar.

Después de analizar la triste situación que vive nuestro pueblo, donde la dictadura Ortega-Murillo no respeta los derechos de los vivos ni de los muertos, es cuando uno se pregunta: ¿Quo Vadis, Nicaragua? ¿Hasta dónde pretende llegar el binomio dictatorial y hasta cuándo se los vamos a permitir? Han violado nuestra Constitución; nos han privado de nuestros derechos ciudadanos; han asesinado a nuestros hermanos por defender nuestra libertad, ¿y nos vamos a quedar de brazos cruzados? Un pueblo sin derechos es un pueblo muerto, demostrémosle al mundo que aún estamos vivos y que no descansaremos hasta alcanzar la libertad en beneficio de todos los nicaragüenses.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).