¿Cómo ha respondido el Gobierno ante esta declaración de pandemia por la OMS?

No se puede concebir la poca seriedad que se ha valorado la vida de los nicaragüenses, cuando el mundo entero tomaba acción ante la contaminación viral exponencial en China, que ya indicaba que el planeta entero estaba expuesto al COVID-19. A diferencia de muchos países que fueron precavidos para ir implementando sus políticas según las diferentes etapas porque pasa ese Virus, Nicaragua se aisló, aunque participó en una plataforma electrónica con los demás presidentes, informando que en este país no se implementarían medias de prevención, detección, combate y tampoco de recuperación.

De los dos países en la región (El Salvador y Nicaragua) que no habían registrados casos, El Salvador se ha dado a la tarea de la prevención cerrando fronteras y suspendiendo el transporte, como Guatemala que además buscan como apoyar con medidas que ayuden a sus ciudadanos y a las empresas para paliar los estragos en la economía.

Nicaragua mantiene su posición de no tomar ninguna medida más allá de dejar en cada familia la responsabilidad de tomar las precauciones básicas, como lavarse las manos, usar mascarillas, entre otras, y es más escéptico para los nicaragüenses, conocer que el gobierno convocaba a una marcha en sábado, y permitía el atraco de un crucero que atracó en un puerto nicaragüense.

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Nicaragua no es una isla, y los otros países seguramente ven a este país con recelo, porque ellos están haciendo sus mejores esfuerzos y su vecino se atiene que todo está bajo control.

Hasta el 18 de marzo apareció el primer caso confirmado, quien habiendo viajado a Panamá el 13, regresó contagiado el 17, lo que hace presumir que este señor salió contagiado de Nicaragua, exponiendo a los pasajeros de ese avión y a quienes contactó en Panamá. No sé ha oído de la trazabilidad desde el inicio de los 14 días de este paciente hasta su internación en el hospital. Es evidente que debe haber una cadena de contactos que a su vez andan por allí, en los buses, en las iglesias, en el comercio o en las universidades que desemboca en más contaminados por el COVID-19.

Nicaragua está en eso, “el pueblo se defiende sólo”, las autoridades con alguna dosis de soberbia aseguran tener controlado el virus, y “uno no es ninguno”, mientras la cadena exponencial podría estar avanzando.

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Ante la pasividad e indolencia del ejecutivo, la angustia y desesperación de un pueblo que ve amenazada su vida, comparando con las medidas prudentes de contención que otros gobiernos vecinos han tomando para salvaguardar y apoyar a sus ciudadanos a todos sus ciudadanos, creo que en la Asamblea Nacional, debe de atenderse esta pandemia, con la misma celeridad que se da paso a las iniciativas urgentes del ejecutivo, para que el plenario inmediatamente promulgue los decretos que corresponda para que el ejecutivo aplique las medidas inmediatas de contención y urgentes que merece la vida y la salud de los nicaragüenses.

El virus al igual que ataca a la gente, también está atacando la economía mundial y nuestros vecinos como El Salvador y Guatemala ya tomaron las medidas para aliviar la situación económica que les provoca tanto a las empresas como empleados esta pandemia, por tanto y con mucha más razón en este país, un recesión y en desempleo, la Asamblea deberá estar atenta y alentar a las políticas económicas que vengan aliviar la crisis de salud que se suma a la crisis política que se enfrenta desde abril 2018: iliquidez, inflación, exportaciones, desempleo y más recesión son temas que el gobierno deberá atender y entender que quizás es el momento de un diálogo de salvación para las dos crisis, donde ambas se suman en uno. Se necesita liquidez y perfectamente se puede asignar al menos un 1 por ciento del presupuesto nacional al alivio de la crisis que la pandemia está provocando a las empresas y en los hogares nicaragüenses.

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Igual que Guatemala se puede aplicar un compás de espera en el pago de los servicios públicos, agua, luz y teléfono, para dar un respiro a las familias y luego repagar esos tres meses en cuatro o 6 abonos que se agregarían sin intereses ni moratoria a los pagos regulares. Igual se puede coordinar con la banca para una espera de pago en las tarjetas de crédito para restablecerlos sin intereses ni moratoria en los pagos regulares. Es momento de la solidaridad humana sin populismo. Las deudas se pagan.

Aquí se ha tratado de esquivar un paro , pero hoy es el COVID-19 que exige suspensión del transporte público, aglomeración en marchas, cierre de servicios religiosos, entre otras medidas, que los gobiernos responsables, por pobres que sean, ya están implementando. Nicaragua no puede seguir actuando con negligencia o indiferencia a la peligrosidad del Corona Virus, la salud y la vida de más de 6 millones de nicaragüenses está en juego.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que los países que han puesto sus barreras podrían aducir medidas sanitarias para la exportación de productos alimentarios porque en este país no hay controles para esta crisis. Nicaragua es un país eminentemente agrícola y a diferencia de los países industrializados y de servicios, es más vulnerable.

Esta crisis viene a profundizar en la recesión en un año donde ahora hay que pensar en la recuperación emocional además de la economía. Los ciudadanos han sufrido traumas y hasta pérdidas en sus familias, la economía mundial está casi desbastada tras las medidas de choque, porque las medidas de choque afectan a la bolsa, al petróleo, a las empresas, y a la gente y todo ese desastre llega hasta acá a Managua, y a los 16 departamentos y sus dos Regiones del Caribe. El Estado debe tener cautela prudencia y pasar a la acción para mitigar el dolor y la angustia, es hora de dialogar y solucionar las dos crisis, que ahora son una sola crisis en una Nicaragua unida.