Es aun posible el voto en el exterior

Claro que lo es. Pero para lograrlo hay que romper con 41 años de dominio izquierdista en la vida, la economía y la cultura nacional en nuestro empobrecido país, convertido en agente noticioso internacional gracias a los efluvios putrefactos del comunismo tropical escudado en una falsa revolución llamada “Sandinista”. Pero no solo se trata de retorcerle el pescuezo a los hechores (o malhechores) de dicho sistema, sino también al resto de la clase gobernante de 1990 al 2006, es decir, a los gobiernos de transición, al sector empresarial, a toda la clase política, a la Comunidad Internacional e incluso a la misma Sociedad Civil que ha luchado por este voto, la cual hasta ahora en algunos sectores cabildea con más fuerza.

Este voto, además de justo para quienes envían remesas a un país nuevamente en bancarrota (aún influenciado, adormilado y atemorizado por la pandemia sandinista), pareciera no despertar interés. Sin embargo es necesario, representa en sí mismo una agenda de nación para la democracia y la reincorporación de las libertades públicas.

Y como en Nicaragua es normal la susceptibilidad de nuestros gobernantes y conexos cuando se les critica con sobradas razones, sobre todo quienes provienen del sandinismo, no falta quien diga que siempre desde 1990 a la actualidad lo han impulsado, pero jamás ha sido así.

En las elecciones de 1990 era difícil, por las condiciones de la guerra. En los gobiernos liberales, en medio de sus múltiples contradicciones, luchas de poder y chantajes del sandinismo (que también los vivió el gobierno de la señora Chamorro), no se logró mucho, acaso el gesto publicitario de propiciarlo.

¿Qué hacer?

Si la comunidad nicaragüense del exterior, la clase política realmente adversa al régimen y una actitud ciudadana convencida y puesta en conjunto a trabajar inmediatamente después del paso del coronavirus, lo demandan, puede implementarse en el 2021. Hay que hablar con la gente, enseñarle la Ley, ir a las calles del país y de las del mundo libre donde haya ciudadanos nicaragüenses radicando. Hay que presionar con mayor inventiva al gobierno del presidente Trump, a la Unión Europea, al pueblo centroamericano y a los aliados, para que juntos dejemos sordo a Ortega, que nos oiga hasta por debajo de la suela de sus botas que se requieren elecciones libres, como se suelen dar en cualquier nación con autoridades decentes, capaces de respetar la voluntad popular.

El resto lo haremos todos nosotros.

El autor es escritor y periodista. Secretario de la Junta Directiva de la ONG Diáspora Global Nicaragüense (DIASGLONIC), promotora del Voto en el Exterior. Vive exiliado en Estados Unidos.