La unidad por encima de todo

Ante la impostergable necesidad de sacudirse el yugo de la cruel tiranía que pisotea día tras día nuestra nación, surge la pregunta desde el más profundo clamor del pueblo vapuleado: ¿por qué no nos unimos? ¿Por qué privan las diferencias políticas-ideológicas? ¿Por qué son más importantes los mezquinos intereses particulares de algunos dirigentes opositores que los altos y nobles valores de la Patria? ¿Por qué mientras la población gime bajo la pesada bota del dictador y sus sicarios, algunos miembros de la oposición están distraídos en el ajedrez curulero de la nefasta tradición de la política criolla? Enarbolando excusas para no forjar la unidad patriótica que el país requiere, están siendo solidarios con el enemigo, como decía Fernando Gordillo.

Es momento de que la iniciativa política sea la del pueblo azulyblanco cobijado bajo una sola bandera, para que seamos una república de hermanos con un alma libre y soberana, como los preciosos colores de nuestra insignia nacional. Ya vendrán días de paz, libres del terror y la violencia de la dictadura, y entonces habrá tiempo para que los puritanos de derecha e izquierda en el mejor ejercicio de la democracia puedan contender con argumentos el parlamento nacional y cualquier otro espacio de debate político.

Hacer discriminación de los opositores a la dictadura, con base en su origen ideológico, es un absurdo que busca negar la responsabilidad que en la instalación de la tiranía orteguista tienen tanto políticos de derecha como de izquierda. Unos son responsables por colaborar en la llegada al poder de Ortega y sus secuaces, otros por consentir pasivamente los abusos del dictador y otros por arroparse en una falsa y cobarde neutralidad.

Fue la falsa democracia de los 60 y 70 lo que hizo que la ultraizquierda pudiese encauzar una revolución marxista, que profundizó aún más la injusticia y la pobreza en Nicaragua. El fracaso de los falsos demócratas de los años 90 fue el caldo de cultivo, para que una parte de la población se entregara a los brazos engañosos y mortales de la actual dictadura, engendro del desastroso socialismo del siglo XXI.

Si nos quedamos viendo al pasado, nos convertiremos en momias de sal, como la mujer de Lot. El futuro está hacia delante, no hacia atrás. A decir verdad, no hay un solo movimiento político del pasado del cual podamos sentirnos plenamente orgullosos, en todos encontraremos motivos para sentir mucha o alguna vergüenza. Enterremos ese pasado odioso. Construyamos una nación democrática donde la derecha democrática, el centro democrático, la izquierda democrática y los que no tienen sindicación ideológica podamos vivir en mutuo respeto, base de la verdadera paz y el verdadero progreso. El futuro es nuestro. Nicaragua necesita la unidad de sus mejores hijos.

Todos con un corazón patriótico azulyblanco. Dios nos bendiga. Venceremos. Avanza pueblo, que el pan es nuestro.

El autor es médico. Miembro de UMN y del Movimiento Patriótico UPC.