De abril 1954 a abril 2018

El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, recientemente fallecido, en uno de sus poemas dijo que “abril es el mes de la muerte en Nicaragua”.

Ciertamente abril es el mes del sacrificio en nuestro país; el tiempo de la inmolación por la libertad, del heroísmo sin límites de los buenos hijos de Nicaragua que ofrendaron sus vidas para que este país hallara el camino a la democracia.

Abril es la época de calurosa estación, de campos inquietos florecidos por la amarilla expresión del cortés, o la roja flor del malinche. En abril de 1954 la rebelión apuntó sus armas para tratar de ponerle fin a la dictadura somocista. Y en abril del 2018, los estudiantes, la juventud, el pueblo salieron a las calles a emplazar a la dictadura orteguista que ha resultado ser más dañina y feroz que la dinastía de la familia Somoza. La dictadura de ahora causó un baño de sangre de más de trescientos muertos, asesinados a pesar de que estaban completamente desarmados. A muchos otros que no fueron ejecutados, les aplicaron brutales torturas.

Abril es un mes que se identifica con el dolor y la angustia del pueblo; un período en que las lágrimas se escapan por la pérdida física del ser amado; del que se inmoló por la libertad de su patria.
Ahora, bajo la dictadura orteguista abril ha vuelto a ser la estación del sacrificio. Así como en abril de 1954 a Luis Felipe Gabuardi lo bañaron de gasolina y le prendieron fuego las hienas uniformadas del somocismo, en abril del 2018 el crimen volvió a tener su monstruosa magnitud. Las barbaries del poder no se pueden ocultar, porque se estaría apañando y aprobando lo que no tiene justificación.

Ayer, en un pasado de dolorosas vivencias que nada ni nadie lo puede borrar de la historia nacional, el dictador Anastasio Somoza García estuvo a punto de irse del poder junto con sus hijos, por la conjura de aquel abril rebelde de 1954. Pero Somoza sobrevivió y como venganza causó un baño de sangre.

68 años después, en otro abril pero de 2018, el dictador de izquierda Daniel Ortega equipó a su Policía con los fierros de rigor para “ir con todo” contra los estudiantes y el pueblo insurreccionados cívicamente, y perpetró una masacre que no tiene precedente en las fatales páginas de nuestra trágica historia nacional.

Honremos la memoria y jamás olvidemos a los héroes y mártires de abril, los de 1954 y los de 2018.

El autor es periodista de Somoto