Ortega tiene la palabra

La propuesta que presentó el rector del Incae, Enrique Bolaños Abaunza, merece más que atención. Resulta preocupante que los extremos en la oposición y desde el oficialismo la ataquen sin analizarla siquiera y que pretende “ayudar en la lucha contra el avance del virus, con el propósito de mitigar su impacto humanitario… y proteger a los más vulnerables, asegurar el abastecimiento de insumos claves para llenar las necesidades básicas de la población, así como contribuir a reducir el impacto global del Covid-19 sobre la economía, el empleo y la pobreza”.

¿Quién puede estar en contra de eso?

Lo trágico es que existan quienes busquen —en la tragedia— réditos políticos. En la actual coyuntura, todos salimos perdiendo, especialmente los más pobres que en nuestro país son la amplia mayoría, sin olvidar, eso sí, que la principal responsabilidad es del Estado.

Es lógica la desconfianza. Y es que no es fácil tragarse ese sapo. No cuando está fresca en la memoria de nuestro pueblo la represión policial del gobierno de Ortega que ha causado luto y pobreza, así como miles de exiliados. Claro que no es fácil. Pero, ¿queremos más muertos? ¿Más sufrimiento? No vale la pena. Como dice el documento: “En este momento hay que pensar en salvar vidas”.

Y más temprano que tarde se requerirá —con este o el próximo gobierno— que los organismos financieros internacionales liberen fondos para atender las consecuencias de la pandemia por razones humanitaria y socioeconómicas.

En días recientes ha habido ideas similares (la presidenta de Ciudadanos por la Libertad, Kitty Monterrey, y el excanciller Francisco Aguirre Sacasa) lo que fue comentado favorablemente en un editorial del Diario LA PRENSA. Ya hemos visto como se están perdiendo más empleos y miles más están en riesgo, además de las víctimas fatales de la pandemia. Fue por ello que —aunque a muchos no les guste—, en el caso de los empleados de la Zona Franca se logró un acuerdo básico para enfrentar la crisis y afectar lo menos posible a los trabajadores. Seguramente no fue el mejor arreglo, pero por lo menos es una luz de esperanza que se pueden lograr formas de enfrentar la crisis. Daniel Ortega tiene una oportunidad para demostrar que posee algo de humano. Está en su cancha acoger las ideas de enfrentar la crisis de forma seria y responsable. Claro que esto no debe significar que se le entregue un “cheque en blanco”, ni que los fondos que se obtengan serán manejados a su antojo (de forma no-transparente y sectaria). Sabemos que Ortega no es garantía de cumplimiento y que los nicaragüenses, al habernos quemado con leche, hasta la cuajada soplamos (hasta la vaca, dicen otros). Ortega tiene la palabra.

El autor es abogado, fue ministro de defensa de Nicaragua.