El elefante y el gato

Hace unos días me llamó un colega de Perú para que le diera una opinión sobre su artículo
que había escrito en ocasión de la pandemia. Aunque me pareció un poco largo, leí su
escrito, y estimé que contenía lo que podría considerarse como la mayoría de la
información “que se conoce” en la coyuntura actual, sin embargo, la parte más importante
es precisamente, “lo que no se conoce”, es decir, hacia dónde podría derivar esta coyuntura
y cómo podría afectar definitivamente a las empresas.

En estas semanas han surgido una serie de conferencias virtuales, seminarios, charlas y
cualquier otra interacción que usted se pueda imaginar, para poner en relevancia las
condiciones objetivas a que la pandemia -o la percepción que se tenga de ella- pueda
afectar a los ambientes de trabajo. En su gran mayoría, estas cubren temas convencionales
de protección, y como máximo, el trabajo remoto, práctica que muchas compañías ya
habían venido haciendo de una manera u otra.

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Estimo que la parte que debemos poner mayor interés en este contexto es principalmente de
cómo sortear la depresión económica asociada, que en una gran proporción -estimo- está
propulsada por la especulación, precisamente porque no se conoce verdaderamente las
consecuencias, aunque se sabe que su impacto en víctimas será limitado y se visiona que,
tarde o temprano -con referencia a lo que algunos otros países ya han empezado a hacer-
nos acostumbraremos a vivir ahora con rituales de protección elaborados.

Paul Krugman, columnista del periódico The New York Times, y de paso -por si el detalle
vale algo- Premio Nóbel de Economía, ha manifestado en un reciente artículo que la
reacción mundial -obviamente él más bien se refiere a EE.UU- debiera tener mucho
cuidado de no sobre-reaccionar ante esta coyuntura, ya que es posible que los daños
directos y permanentes a la economía pueden ser mucho más dañinos que el agregado de
las muertes que pudiera dejar este virus, aunque enfatizo que en esta etapa es mucho mayor
la información que se desconoce que la que puede concluirse como cierta y definitiva.

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Krugman ilustra el punto con la analogía de un elefante perseguido por un gato agresivo, en
donde el paquidermo en pánico, a causa del evento repentino, huye descontrolado por un
camino escarpado y termina perdiendo el equilibrio, precipitándose fatalmente desde lo alto
de un acantilado. El gato se asoma al acantilado y observa atónito lo acontecido.

Aunque a muchas personas pueda molestarle terriblemente el relativizar el número de las
defunciones producidas por este virus, es importante saber que su tasa de mortalidad puede
en realidad palidecer ante la aritmética simple de otras verdaderas pandemias, que de
hecho, así han sido calificadas por los mismos organismos rectores de la salud a nivel
mundial.

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Por ejemplo, de acuerdo con el informe anual para 2019 de la Organización Mundial de la
Salud, las enfermedades cardiovasculares (enfermedad isquémica del corazón) se mantiene
en un primer lugar absoluto, seguida por los accidentes de tránsito; y en un tercer lugar, los
cánceres de pulmón, bronquios y tráquea. Le siguen -sucesivamente en orden descendente-
las enfermedades de obstrucción pulmonar, infarto, cirrosis hepática, tuberculosis y cáncer
de próstata. Si se continúa en ese orden, sigue la violencia interpersonal, cáncer de hígado,
cáncer cérvico-uterino, cáncer de estómago, infecciones respiratorias, lesiones
autoinflingidas, Alzheimer, cáncer de esófago, HIV/SIDA -nótese que esta de penúltima
que también fue calificada históricamente como pandemia-, y de última, las enfermedades
renales.

Resultará también útil saber que de acuerdo con estadísticas oficiales de la Organización
Mundial del Trabajo -Informe Global 2019-, en el mundo mueren anualmente 1.1 millón de
personas por accidentes y enfermedades durante el trabajo; esta cifra brinda un promedio
simple de 3,013 personas diariamente -más de dos personas por minuto-, superando las
muertes anuales por accidentes de tránsito (999,000), conflictos armados (502,000),
violencia en cualquier modalidad (563,000) y HIV/SIDA (312,000). El tema de la
prevención es importante abordarlo de manera integral, si es que estamos hablando de
salvar vidas.

Yo me quedo con el razonamiento de Krugman: no hay que sobre-reaccionar sino dosificar
nuestras reacciones, no vaya a ser que terminemos como el elefante.

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