Las medidas de la región italiana de Véneto contra el coronavirus, un experimento exitoso

Véneto y Lombardía son dos de las 20 regiones que conforman Italia y están cerca. En ambas el coronavirus atacó fuertemente. Los resultados son los siguientes: Véneto lleva 662 muertos y 11,000 casos confirmados. Lombardía es trágico. Supera los 9,200 muertos y roza los 52 mil casos.

En Italia, refiriéndose al impacto del coronavirus, si Lombardía es la cruz de la moneda (el lado anverso), Véneto es la cara, explica el diario español El Confidencial en una entrevista publicada la semana pasada.

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Esa diferencia podría tener un nombre, el del científico italiano Sergio Romagnani. Tiene 81 años de edad, es profesor emérito de la Universidad de Florencia, una eminencia en el campo de la inmunología y la medicina interna, y uno de los 30 científicos italianos más citados.

Romagnani empezó a alertar a la opinión pública toscana antes de que casi nadie se tomase el coronavirus como un problema serio en Europa.

Los test

Uno de los discípulos de Romagnani, Andrea Crisanti, tras muchas pláticas con su maestro, se encargó de hablar con las autoridades de Véneto, donde el virus brotó con violencia. La localidad se convirtió en “zona roja”.

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Aconsejados por Crisanti, quien a su vez lo estaba por Romagnani, las autoridades de Véneto decidieron hacer test a todos los habitantes del pueblo.

Entre el 22 y el 25 de febrero pasados, 58 personas dieron positivo. 33 de ellas no presentaban síntomas.

Para Romagnani, según dijo a El Confidencial, los asintomáticos “son muchos y son una fuente formidable de contagio”.

“Por eso hay que aislarlos inmediatamente. La mayoría eran personas jóvenes y sanas. Pero lo más interesante de todo es que cuando los contagiados asintomáticos fueron aislados en Vò (Véneto) el porcentaje de enfermos disminuyó de golpe del 3.2 por ciento al 0.3 por ciento. ¡Más de 10 veces! Llegamos a la conclusión de que la circulación del virus alrededor de una misma persona, aunque ya esté infectada, agrava su patología”, dijo Romagnani.

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El aislamiento de los asintomáticos es lo que habría frenado los contagios. “Creemos que la exposición repetida lo agrava todo. Es como si las insignificantes mutaciones que el virus va sufriendo lo hiciesen mucho más peligroso para aquellos que están expuestos continuamente a su presencia”, explica el científico italiano.

La importancia de las mascarillas

En cambio, le dijo Romagnani a El Confidencial, en Lombardía no han hecho test a los asintomáticos, solo a los que tienen ya síntomas. Y no han querido llevar mascarillas. Dos enormes errores estratégicos, que son los que han desatado la tragedia.

Romagnani explica que el virus es muy peligroso en ambientes cerrados donde hay muchas personas. “Por eso hay que actuar enseguida en hospitales y ambulatorios médicos”, dice.

El científico añade que en Véneto, en cuanto crearon la “zona roja”, aislaron a todos, incluidos los asintomático. “Paralizaron el brote. En el norte, en el área de Bergamo (Lombardía), hay grandes industrias que producen mucho. Se valoró distinto por motivos económicos quizá. Y ya ve el resultado… Al final hemos tenido que paralizar la nación entera (Italia) por esos errores iniciales”, explica.

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En cuanto al uso de las mascarillas, Romagnani explica que es obvio que no dan una protección al ciento por ciento, pero si las lleva todo el mundo baja muchísimo el riesgo de contagio. “Cuando llegaron los médicos enviados por China, se quedaron estupefactos. Nos decían que si estábamos locos. Ellos es verdad que están acostumbrados a llevar las mascarillas por la contaminación, pero no se podían creer que en Italia las autoridades recomendasen lo contrario”, expresa.

Para Romagnani hacer los test es esencial. “Es imposible hacer test a todo un país, eso es imposible. Pero lo que se puede hacer es elegir a quién lo haces y no parar. Se tiene que empezar con las categorías que pueden ser vector de contagio por el trabajo que desarrollan. Médicos, enfermeros, personal sanitario, trabajadores de supermercados, agentes de policía, farmacéuticos. A esos hay que hacerles test a todos”, dice.

Desde hace mucho tiempo Romagnani ya había entendido lo que iba a pasar. Cuando explotó lo del coronavirus, por su edad, llevaba más de un mes sin entrar en contacto con la gente.

El cambio que habrá en la vida

Para este científico italiano, en unos meses la vida ya no va a ser como antes. “Habrá que ir con mascarillas todo el día, habrá que evitar las grandes concentraciones, habrá que cancelar todo tipo de espectáculos deportivos, congresos, quedadas, discotecas, bares… Quizá los restaurantes se podrán volver a abrir distanciando mucho las mesas. En definitiva, la vida a partir de ahora será mucho más complicada y mucho menos bella”, augura Romagnani.

Para él, encontrar una vacuna contra el Covid-19 no será antes de un año. “La producción tendrá que ser gigantesca: todos los habitantes del planeta van a querer su dosis”, expresa.