Desde abril de 2018 hay un nuevo nicaragüense: el que no espera nada del gobierno y que no descansará hasta lograr un cambio

Con dolor, como suele ser el parto de una mujer, en Nicaragua ha nacido un nuevo ciudadano. Más comprometido con el país, que no calla injusticias de los políticos, ha desenmascarado al régimen de Daniel Ortega y no le cree nada y tampoco espera algo. Un ciudadano autoconvocado, que ha tenido agallas para denunciar los abusos del orteguismo a nivel internacional, exige una nueva cultura política y por si no fuera suficiente, también ha revalorizado los símbolos patrios, reivindicado personajes y apuesta a un cambio por la vía pacífica.

A estas conclusiones llegan los sociólogos Cirilo Otero y Manuel Ortega Hegg, hoy que se cumplen dos años del estallido social en el país y cuya respuesta del régimen fue una represión brutal que derramó tanta sangre, enlutó a miles de familias y mandó al exilio a más de 100,000 nicaragüenses, sin saber cuándo poder volver y abrazar a los suyos.

Otero explica que con la lucha social de hace dos años hay un parteaguas. Es decir que se puede hablar de la Nicaragua de antes del 18 de abril 2018 y la vista a partir de esa fecha. “Cambió esa estructura del pensamiento social y político de los nicaragüenses”, dice y pone un ejemplo actual de ese nuevo ciudadano: con el coronavirus las personas han diseñado protocolos y los ha puesto en práctica para resguardarse. “Si estuviéramos atenidos al gobierno o al señor Ortega, en el peor de los casos, nos hubiera llevado ya la trampa”, sostiene.

De ese abril convulso también está como herencia, según análisis del sociólogo Manuel Ortega Hegg, la demanda de una política ética y honesta en los operadores políticos, partidos y líderes. Asimismo consistencia y coherencia entre lo que se dice y hace. El rescate de símbolos patrios como el azul y blanco; Sandino, que deja de estar secuestrado por el orteguismo y se recupera como lo que es, un héroe nacional. Para todos.

Nicaragua

De esta conquista a la que se refiere Ortega Hegg, está un hecho muy representativo. Para ello, nos trasladamos a mayo de 2018, en plenas protestas sociales contra el régimen. La efigie de Sandino, puesta en la entrada de su pueblo natal, Niquinohomo, deja los colores rojo y negro y pasa a ser azul y blanco. Esta acción emprendida por un grupo de autoconvocados retrata esa lucha cívica por la emancipación del caudillo.

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“Y un tema central, me parece, es este proceso que nos indica no solo una manera de hacer política, sino de hacerla por la vía pacífica. Eso es nuevo en la historia de Nicaragua. En la historia los recambios de gobiernos se han hecho siempre por la vía violenta, armada y de alguna manera se van repitiendo que el que llegó y derrocó al otro por la vía armada, hay que derrocarlo de la misma forma. Ese proceso y la enorme coherencia del movimiento ciudadano demandando que el cambio se haga por la vía pacífica me parece extraordinario”, profundiza Ortega Hegg.

Lecciones y transformaciones

Otero reconoce que tras estos dos años de resistencia, puño en alto y gritos a todo pulmón; persecución, cárcel y sangre derramada, hay lecciones aprendidas: que no debe haber frustración porque después de todo sigue Ortega con su mano de hierro. “En términos de la historia social hay transformaciones en el largo plazo. Nada de corto plazo», aclara.

Por su parte, Ortega Hegg dice que se mantiene viva la esencia de protesta cívica “pero se ha adaptado a las condiciones, estamos en una realidad de absoluta represión en donde no se permite la mínima expresión de estos nuevos valores y este deseo de cambio. Obliga obviamente a buscar nuevos espacios, nuevas maneras de expresarlo. Este es un movimiento que nació en redes sociales y eso no hay que olvidar. Eso es nuevo en Nicaragua y es un movimiento que ha vuelto a recuperar las redes sociales para hacer política, no solo las calles».