Abril en el poeta

Abril ha sido una síntesis en la suma de la eufonía. Tiene el aroma de la poesía. Pero ha sido una excepción dolorosa en dos de sus más recientes anuarios: 1954 y 2018. Fuera de esos dos períodos ha hecho una encomiable representación de la etiqueta en primavera. Salvo etapas omitidas por las ingratitudes del olvido. La pandemia cuyos efectos andan por todos los caminos no nació en abril pero ha tenido en su desarrollo un encono que concomita con la tragedia universal.

Hubo el advenimiento de la rebeldía contra la dictadura en 2018. Mucho antes en los tiempos de otra le correspondió al año 1954, mejor identificada con la denominación: “Héroes de Abril” a cuya memoria debemos rendir el más sentido homenaje luctuoso esculpido con el mismo sentido con que hogaño se expresa a los que recién acaban de desaparecer. La dureza está reflejada con sombras que dejan huellas en el escenario de abril, cuya primavera fue rota por la fatalidad.

A propósito de abril aprovecho la coyuntura para recordar al poeta y sacerdote Ernesto Cardenal. Precisamente un poema suyo expresa que “Abril es el mes de los muertos en Nicaragua”, una revelación con moldes extensivos a todo lo ancho y largo de la creación terrenal con motivo de la plaga. La realidad tiene la siniestra categoría de una profecía.

El poeta es un personaje. Tiene el privilegio libérrimo de cantar y de llorar con el ritmo de las letras. Cualquiera que sea su nombre luce el talante de la sinfonía verbal. Cuando muere el poeta no desciende a la tumba del olvido.

Florecen sus cenizas. No reposan en ningún lugar específico. Rubén no solo reposa custodiado por un león. “Abril es el mes de la muerte” queda impregnado en todos los destinos donde se finca la constancia fúnebre del final.

Cuanta distancia hay entre primavera y abril en la muerte. Empero el desenlace lo estamos comprobando con aterradora constancia. Es pues valedero reconocer la afirmación no solo poética sino que existente sostenida en la obra del aedo fallecido a cuya causa me sumo en el reconocimiento que se le ha tributado no solo por la motivación del deceso sino por la suma inolvidable de su creación a partir de que hubo una hora cero para partir. Opinar sobre la validez o invalidez de la hipótesis constituye un riesgo en la intención siempre premeditada de calcular tanto el acierto como el desacierto. Son parte en el signo de las luces o de lo opuesto en el grado expuesto.

Tanto los poetas como lo antipoetas siembran flores en el conveniente jardín pero también realidades. Muchas de las cuales están diagramadas en abril.

El autor es periodista.