Régimen de China tiene que responder

El presidente los Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump, anunció que suspenderá la asignación de fondos estadounidenses a la Organización Mundial de la Salud (OMS), mientras este organismo no aclare su dudoso comportamiento en el manejo del origen del coronavirus Covid-19 y el comienzo de su expansión fuera de las fronteras de China.

Además, los gobiernos de las potencias democráticas del Grupo de los 7, en particular Francia e Inglaterra, se sumaron a la posición de EE.UU. de que China tiene que dar explicaciones claras, convincentes y satisfactorias sobre el origen del coronavirus Covid-19 en su territorio y por qué no advirtió a tiempo a la comunidad internacional como era su elemental obligación.

Esta demanda no tiene que ver con las teorías y sospechas conspiracionistas, entre otras la de que el Covid-19 habría sido creado deliberadamente como arma biológica, en un laboratorio de la ciudad china de Wuhan, de donde se expandió por todo el mundo la pandemia que tantas muertes de gente y daño económico está causando a la humanidad.

Se trata en este caso de que investigaciones de las potencias democráticas indican que las autoridades de China comunista sabían de la aparición del nuevo coronavirus desde antes de que se lo comunicaran a la OMS. Pero retuvieron maliciosamente la información, lo mismo que han ocultado la verdadera cantidad de muertos causada en su propio país por la mortífera pandemia.

Lo que pasa es que China no es un país democrático, es una dictadura totalitaria que oculta o manipula la información. Además, en China comunista no hay una prensa libre que investigue e informe al público de manera independiente y veraz. Allí los ciudadanos no tienen derecho a conocer la verdad, ni siquiera la relacionada con situaciones que amenazan gravemente sus vidas, como es el caso de la pandemia del Covid-19.

Ha sido de amplio conocimiento público la conmovedora noticia de que el médico de China, Li Wenliang, quien descubrió por casualidad el nacimiento del nuevo coronavirus y lo dio a conocer en sus redes sociales, fue acusado por las autoridades de traidor y de propagar rumores contra el Estado. El doctor Li Wenliang terminó muriendo después ser contaminado por el nuevo virus, cuyo brote él mismo denunció con anticipación.

Sin duda que si el Covid-19 hubiera brotado en cualquiera de los países democráticos de Asia, como Corea del Sur o la República China de Taiwán, sus autoridades lo hubieran dado a conocer inmediatamente. Además, la prensa libre e independiente de esos países lo habría informado al público con abundancia de detalles. Gracias a la democracia, con el debido tiempo el mundo hubiera tomado las medidas de prevención necesarias y el efecto del virus no habría sido tan devastador.

Cabe mencionar que el entredicho de la OMS se puso más de manifiesto al revelar Taiwán que desde fines de diciembre de 2019 le avisó que había detectado al menos siete casos de “neumonía atípica” en Wuhan. La OMS negó que hubiera recibido tal información, pero Taiwán dio a conocer públicamente el mensaje que le envió a fines de diciembre de 2019. Taiwán, a pesar del silencio culposo de la OMS activó el control fronterizo y adoptó las necesarias medidas de cuarentena, por lo que el Covid-19 no le ha causado tanto daño a la población taiwanesa.

No es un secreto que por influencia política o presiones de China comunista, la OMS no admite como país miembro a la República China de Taiwán, a pesar de que esta ha mostrado su gran capacidad técnica y científica en el campo de la salud pública, y que presta valiosa asistencia a los países que no se someten al chantaje de China comunista y aceptan la cooperación taiwanesa.

El problema fundamental de la OMS y otros organismos del Sistema de las Naciones Unidas, es que en la conformación de sus autoridades decide la mayoría de los países del mundo, que no son democráticos sino dictaduras de diverso grado y forma, alérgicas a la transparencia y la probidad.