Valeroso comandante

CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: Se entiende por valeroso a un individuo que actúa y obra con valor y determinación.

El comandante que tenemos como presidente supera grandemente la definición anterior. Después de treinta y tantos días de no presentarse en público el pueblo esperaba con impaciencia el discurso de Ortega que seguramente traería algún mensaje de esperanza para un pueblo agobiado por problemas económicos, políticos, en plena decadencia y sufriendo la terrible amenaza de la pandemia del coronavirus.

Pero no, don Daniel no dijo ni una palabra sobre el estado ruinoso de la economía, ni sobre la incertidumbre política que vive la nación, ni sobre la terrible amenaza de la pandemia que ha puesto a correr al mundo entero y que había producido 157,000 muertes hasta el día 18 de abril pasado cuando fue escrita esta carta.

Don Daniel tuvo el valor de no tocar ninguno de estos problemas. Se necesita tener mucho valor para hablar en una cadena de televisión nacional y obviar los problemas que vive el país. Se requiere mucho valor para decir que tienen una veintena de hospitales y medicinas a montones para atender al público. Fue en dos de estos excelentes hospitales donde los directores no quisieron recibir a Alvarito Conrado, herido de bala en la garganta por un francotirador orteguista; algunos médicos no se atrevieron a desafiar la orden y violaron el hermosísimo juramento hipocrático amenazados por el despido. Y muchos estudiantes como Alvarito murieron por falta de asistencia en los famosos hospitales de que habló el comandante. También ha tenido el valor de ignorar las recomendaciones de la Organización Panamericana de la salud (OPS) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) instituciones cumbres que han señalado a todos los países del mundo la forma en que sus habitantes deben comportarse para evitar el contagio y la propagación del virus. Y todo este valor del comandante expresado frente a señores muy serios que más bien parecían “convidados de piedra” pues escucharon, sentaditos muy atentos los señores ministros, diputados y otros cuyos nombres se me olvidan pero que escuchaban embelesados al comandante presidente. Ortega no tuvo valor de hablar de las zonas francas, ni del desempleo que va creciendo cada día, ni de la canasta básica que el ministro Solórzano fijó en un poquito menos de tres córdobas cuando todos sabemos que anda por los 14 córdobas. Hasta ahí no llegó el valor del comandante.

El valor más grande, el verdadero valor que debería tener el comandante es declarar que por el bien de su patria está dispuesto a volver a la institucionalidad, a la independencia de los poderes del Estado, de la Corte de Justicia, del Consejo Electoral y el supremo valor de llamar a elecciones libres y supervigiladas.

El autor es empresario radial.