La historia de Andy Herrera, el jugador que creció descargando lanchas pesqueras y ahora es futbolista profesional

Andy Herrera ha pasado toda su vida entre el mar y el futbol. Cuando era niño, pateaba un balón todas las mañanas en la costa de la playa de Masachapa mientras esperaba que llegaran las lanchas pesqueras. Cuando arrimaban, ayudaba a descargarlas y obtenía pescados como pago. Ahora, con 22 años, es el nuevo refuerzo del Managua FC, uno de los planteles más fuertes de Liga Primera.

Los animales los vendía y con la paga que obtenía cubría algunos gastos del colegio para aliviar así la carga de su mamá. “El dinero lo ocupaba para ir al colegio y comprar cuadernos, así ayudaba mi mamá (Reyna Herrera) que ha sido padre y madre para mí y mis ocho hermanos», recuerda.

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A los 16 años, el ahora central y lateral derecho se trasladó a Managua porque su hermano Sergio Molina se lo llevó a estudiar a la preparatoria de la UNAN Managua. Sin embargo los fines de semana regresaba a pescar, incluso ya cuando era parte de la Juvenil Especial de los universitarios. Esa rutina solo la dejó en 2018, cuando se marchó a Madriz para jugar con Las Sabanas en Segunda División. “Al regresar, en noviembre, volví a pescar porque no recibía un pago, sino una ayuda del equipo», cuenta.

Empezó desde abajo

Herrera agradeció su paso por Las Sabanas porque ahí creció como futbolista y logró cumplir su sueño de ser campeón de Segunda División y ascender Liga Primera. En el Clausura 2020 no siguió en el club por problemas internos con la directiva y regresó a Masachapa para jugar con el Real Xolotlán. “Todos las mañanas salía a pescar porque entrenaba por la tarde», recuerda el central. “El equipo estaba bien, quería luchar con ellos para ascender a Primera, pero no se puedo porque canceló el torneo por el Covid-19».

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El 2018 marcó su vida deportiva, cuenta el jugador. La UNAN, equipo que le abrió las puertas del futbol, lo desestimó para jugar en Liga Primera. “En ese momento me propuse demostrarle a muchas personas que no confiaron en mí que sí podía», recuerda. Desde entonces se empeñó en aplicar los consejos del colombiano Jonathan Donado, quien militó con los universitarios entre 2014 y 2016. “Me decía que entrenara fuerte y con humildad, que si me decían algo que no contestara. Me han servido muchísimo las cosas que me dijo».

Las Sabanas enfrentó a los Leones Azules en Liga y Copa Primera 2019 y eso le bastó para impresionar al técnico Emilio Aburto, quien lo pidió de fuerzo. “No esperaba llegar al Managua, me sorprendió que me llamara», confiesa Herrera. “Esperaba que Ángel Orellana o la gente del Jalapa me llamaran porque cuando jugó contra ellos en la Copa 2020 le gustó mucho al profe y me dijo que me quería para el equipo».

Llamado inesperado

Dixon Zeledón, un amigo de la cuadra donde vive, le comentó un día que el Managua estaba preguntando por él. En la noche Denis Salinas, presidente del equipo, lo llamó para confirmar el interés en sus servicios. “Estaba soñando despierto, me quedé a sombrado y mi mamá también cuando le dije que iba firmar con ellos. Era la oportunidad que estaba esperando: jugar en un gran equipo. Así que no dudé en aceptar y una hora antes de la que me citaron estaba ahí. Lo que me ofrecieron estaba bien porque quería aprovechar la oportunidad y era más de lo que ganaba en Las Sabanas».

El futbolista del Managua se siente orgulloso de donde viene y sus orígenes. Sabe lo que le ha costado llegar hasta donde está y mantiene los pies en la tierra. “Sé que tengo una gran oportunidad y quiero aprovecharla. Aún sigo pescando, fue hace ocho días porque he empezado entrenar por mi cuenta», sostiene Herrera consciente de llegar a un club que pelea el título y jugará la Liga Concacaf.

“Espero ayudar al equipo, trabajar humildemente y callado. Todo lo demás saldrá por añadidura. Estoy dispuesto a aprender y corregir mis errores. Quiero aportar mucho y cuando me den la oportunidad demostrar por qué estoy ahí. Tengo muchas cosas que dar y por lograr», avisa Herrera.