Urge nuevo gobierno

La pandemia del coronavirus pone de nuevo en evidencia la urgente necesidad de un nuevo gobierno que, integrado por personas saludables y vigorosas, digan la verdad y que estén dedicadas al bien común.

Evidentemente, los actuales gobernantes mintieron sobre el coronavirus. Dijeron que no entraría en Nicaragua, o que sería un problema banal. Un catarro más. Que su gravedad era un mito desarrollado por la oposición para desestabilizarlos. Este engaño está teniendo consecuencias.

Se necesita conocer la verdad sobre la frecuencia y distribución de la infección y de las muertes, para valorar la evolución de la pandemia y para orientar las acciones. Los pacientes y sus familiares necesitan saber los verdaderos diagnósticos, y no tener que deducirlos de entierros a la carrera y de noche.

El actual gobierno, no sólo falla en tomar medidas recomendadas por la ciencia para controlar la pandemia, sino que tiene actuaciones que están perjudicando seriamente a la población. Así, para tratar de ocultar la pandemia, se han opuesto al uso de mascarillas, incluso entre el personal de salud. No dan lugar a un sano debate científico sobre las medidas a tomar. Su promoción de marchas y reuniones, donde el contagio se facilita, se ha derivado en sufrimiento y muerte para la población, pero especialmente para los militantes sandinistas, lo que se puede apreciar en el hecho de que más de la mitad, quizás unos dos tercios de las muertes, corresponden a militantes de ese partido, mientras se esperaría que fueran menos de un tercio, porque esa es la proporción que representan en la población. Perjudican al despedir a profesionales, incluso a algunos de los más calificados para luchar contra esta enfermedad, como el doctor Carlos Quant, cuando más se les necesita. Perjudican al impedir que laboratorios privados realicen los exámenes pertinentes, cuando su realización de una manera amplia, resulta útil para frenar el contagio, al identificar tempranamente a las personas infectadas y proceder a su aislamiento. Perjudican cuando arbitraria e irracionalmente impiden a la diócesis de Matagalpa desarrollar un programa para prevenir la enfermedad.

Lo más grave es que esta actuación perjudicial se viene repitiendo, especialmente a partir de abril de 2018. Entonces, lo que necesitamos es un nuevo gobierno que, procurando el bien común, asuma la recomendación que dieran unos jóvenes sandinistas, cuando reaccionaban al atropello que había sufrido la familia Reyes Alonso, de parte de la policía, y que refleja la generalizada actuación gubernamental. Recomendaban que la humanidad y la verdad estén por encima de todo. “…Debemos de volver a ser humanos y mantener los principios de la Revolución”, decía una joven. Yo, que he apoyado la revolución, respaldo esta recomendación.

El autor es médico leonés.