Zona de Strikes: César Jarquín, una maravilla en el shortstop

En aquellos días en los que se podía sobrevivir en el juego a base de defensiva, César Jarquín era el paradigma en el beisbol nacional. Su mezcla de naturalidad, armonía y precisión, lo volvió pieza imprescindible en los equipos locales y en la Selección Nacional.

Desde luego, no era manco al bate. Hacía contacto de forma frecuente con la bola, se desplazaba a gran velocidad y jugaba con inteligencia, pero su talento más visible estaba en su manopla, con la que irritaba a sus oponentes, al extremo de volverse una fuerza de contención.

Pero César también maravillaba a los fanáticos con sus lances espectaculares y sus tiros precisos. Muchos lo han considerado una poesía en movimiento. De igual forma fue convincente para los entrenadores y durante 14 años estuvo en el infield de la Selección Nacional.

A nivel local, Jarquín fue un bateador de .279. Logró acumular 725 hits en 2,600 turnos, con 432 carreras anotadas y 238 impulsadas. Coleccionó 98 dobles, 20 triples y 23 jonrones, con 149 robos en 12 años en el beisbol de la Primera División.

Su mejor año fue 1975 con Estelí, cuando bateó .300 (313-94), con cuatro jonrones y 54 anotadas. En 1978 cerró con .295 (352-104), disparó seis jonrones y acumuló 39 remolques, que fueron las cifras más altas de su carrera, iniciada en 1970 con el Flor de Caña.

El originario de San Isidro, Matagalpa, vivió su mejor época con el Estelí, donde jugó de 1975 a 1978 y tuvo promedios al bate de .300, .283, .280 y .295, pero sobre todo, formó junto a Valeriano Mairena, Víctor Filipini, Alberto Chavarría y Vicente López, un infield de lujo.

A la selección se unió en 1968 y duró hasta 1982, cuando los Juegos Centroamericanos y del Caribe en La Habana, Cuba, para luego unirse el cuerpo de entrenadores de los Dantos y luego dirigirlos. Los llevó al título como mentor en 1985 y ese año dirigió la Selección.

Antes de ser establecida la Primera División en 1970 por don Carlos García, se jugaban torneos regionales o interdepartamentales y de ahí salía la escuadra nica que competía en el extranjero. A César lo escogió Stanley Cayasso en Matagalpa.

La “Maravilla” fue a ocho Mundiales como jugador, con desempeños bastante dispares. En 1969 en República Dominicana promedió .100 (10-1); en Colombia en 1970, .158 (19-3); en Cuba en 1971, .276; en Managua en 1972, subió hasta .306 (49-15).

Y todos hemos conocido el aporte en ese plantel que ha sido considerado por muchos expertos y por muchos aficionados como el mejor de la historia. Incluso, César hizo los últimos dos outs de la gran victoria ante Cuba 2-0, que es celebrada por siempre.

No obstante, su mejor torneo al bate fue el Mundial de 1974 en Florida, EE. UU. Ahí bateó .407 (27-10) y con diez remolques lideró el evento en ese renglón. Luego en Colombia en 1976 resumió .167 (30-5) y en Italia en 1978, .188 (32-6), de acuerdo a la recopilación de Martín Ruiz.

Sin embargo, el recuerdo de la “Maravilla”, su don de gentes y su alegría al jugar, están firmes y muy profundos en el sentimiento de los fanáticos que siempre lo sitúan alto entre los torpederos que ha tenido el beisbol nacional.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR