Familia, el regreso a casa

Se han desmoronado todas las diversas definiciones de familia, se pulverizaron. Nos han venido inyectando un suero antifamilia, antimatrimonio y antivida. ¿Quién ha sido el culpable, de tan osado desafío? —se hacen la pregunta los progres, modernistas e ideólogos de gender—. Millones de dólares invertidos para este progresismo lingüístico, donde el “papa Estado” controla todo, inclusive mi propia percepción de mi identidad sexual.

¿Qué ha pasado? Sí, un virus es la causa, el que hace enfrentarme a lo que verdaderamente importa, la vida, esa vida que una minoría desea que otros no la tengan, ese embarazo que no estaba planeado (que es vida), mi adversario político, los ancianos que para un totalitarismo estatal ya son improductivos (“descartables”). Años de inversión a este proyecto de descartes, se desplomó de un día para otro.

Años de adoctrinamiento antinatalista, antifamilia, financiando estudios de género, y no así inversión en vacunas o tratamiento el VIH o H1N1, leyes para el aborto, o las dirigidas a eliminar a los enfermos en etapas finales promoviendo la eutanasia. Millonarias campañas para hacernos creer que la mejor familia es la que puedes formar con cualquiera, y poco a poco queriendo descartar por el propio Estado la familia tradicional. Acaso, ¿no era que la familia tradicional estaba en crisis?

No era la institución familiar la que entró en crisis, sino el sujeto. Las estadísticas son frías, muy frías. Las estadísticas marcan dos sexos, hombre y mujer, ¿dónde quedaron los 120 géneros?, ¿es indispensable? Al final, cuando estamos frente a la muerte, sale a luz lo verdaderamente importante. “Quiero vivir, no quiero morir”.

Al estar cerca de morir o ver morir alguien cercano, empiezas a pensar, que ese que está en UCI es tu abuelo, o tío o alguno de tus padres. ¿Qué pasó con eso que me metieron en la cabeza? De que los padres son retrógrados, totalitarios, inadecuados, y que debemos liberarnos de ellos por ser patriarcalmente opresores, sin embargo están ahí en primera línea, en casa, salvaguardando a la prole, soportando la carga de gastos, atendiendo, cuidando, acompañando, educando, formando, además cocinando todos para todos y reunidos en un quizás humilde gallopinto, nos sentamos de nuevo juntos para hacer lo que siempre ha sabido hacer la familia: un hogar.

En los códigos de familia, se nos impuso diversidad de conceptos de familia, la ensamblada, la diversa, la igualitaria.

Al final hemos regresado a la esencia, la familia tradicional: papá mamá e hijos. En fin, el propio Estado y los organismos internacionales saben y siempre lo han sabido, pero “no es lo políticamente correcto” decir, la familia es la institución sin la cual el Estado existe.

No lo desaprovechemos, hemos regresado a casa y todos son acogidos.

La autora es Msc, abogada de familia.
Asesoresdefamilia.net