Todos por la democracia

Un amigo, radical de izquierda —y que está contra el orteguismo—, me decía “los empresarios tienen su agenda en la lucha contra Ortega”. Respondí: “Todos los sectores tienen la suya”. Y agregué: La gran virtud de la lucha por la democracia es que, solo lográndola, es posible trabajar por lograr cumplir los objetivos propios de cada sector.

Los empresarios saben que no hay libre competencia ante una dictadura devenida en un grupo económico —robando el dinero público— que usufructúa el poder en beneficio propio. La lucha por los derechos de las mujeres —para poner otro ejemplo—, chocará siempre contra un régimen que ampara a violadores, por decir lo menos.

La absoluta mayoría de los nicaragüenses queremos democracia. De allí que el abanico de fuerzas opuestas a Ortega sea tan amplio y diverso como lo es nuestra sociedad, incluyendo quienes hasta hace poco hacían buenas migas con el régimen.

Reconocer esa realidad es la premisa para construir la unidad democrática. Y de esa fuerza nadie debe ser excluido a priori. La suma de la diversidad es la clave para lograr una vigorosa alianza, como apunta a convertirse la Coalición Nacional.

En la diversidad democrática hay diversos planteamientos. No podía ser de otra manera. Hay algunos deseables, pero equivocados, tal es el caso del pretendido “gobierno de transición”, que no tiene hoy ninguna viabilidad jurídica ni política.

Hay también quienes condicionan que la unidad debe ser en torno a ellos, excluyendo de antemano, además, a sectores fundamentales del torrente azul y blanco. Cualquier exclusión en la construcción unitaria corre el grave riesgo no solo de dividir, si no también de fracasar, y apuntalar al orteguismo. Más aún: es caldo de cultivo de futuras crisis en las que todos perderíamos.

Los nicaragüenses queremos lograr la democracia de manera pacífica. Y la comunidad internacional respalda la demanda de elecciones libres, transparentes, inclusivas, observadas. ¿Es difícil lograrlo bajo un régimen dictatorial y opresivo? ¡Claro que sí! Nunca nadie dijo que sería fácil.

La experiencia señala que sí es posible. Lo logró Sudáfrica al elegir a Mandela en 1994. El pueblo chileno en 1988, dijo en las urnas no más pinochetismo, y así abrió el camino a la democracia. También lo sabemos en Nicaragua.
Los asesinados por la dictadura, la tragedia que vivimos por la pandemia del Covid-19 y el dolor que asola Nicaragua, imponen a la Unidad Azul y Blanco, a la Alianza Cívica y a las amplias expresiones democráticas, salidas viables y, sobre todo, la unidad opositora amplia.

La consigna “Democracia sí, dictadura no”, no solo sintetiza la contradicción principal de nuestra sociedad, recoge la aspiración de los nicaragüenses para ahora y el futuro.

El autor es directivo nacional del MRS.