Despidos médicos en plena pandemia

Ha llamado la atención de las autoridades mundiales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), e incluso de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, el despido injustificado y masivo de médicos del Sistema Público de Salud de Nicaragua por firmar una carta criticando la forma que la dictadura orteguista ha manejado la crisis de salud.

La OPS considera que dichas medidas violan los derechos del personal médico desde la perspectiva de trabajo, así como los de la ciudadanía en general, que se ve privada de recibir una atención médica adecuada precisamente en plena crisis provocada por la pandemia del Covid-19.

Resulta irónico y contraproducente, usando una símil, es como si en medio de un incendio masivo en el Oriental, se despidiera al cuerpo de bomberos; o en medio de un apagón generalizado, se despidiera a los operadores de las generadoras de energía.

Los héroes de la bata blanca que en todo el mundo han sido vitoreados por estar en la primera línea de combate contra el virus, arriesgando sus vidas y haciendo honor con cada paciente independientemente de su condición económica e ideología política a su juramento hipocrático de “no llevar otro propósito mas que el bien y la salud de los enfermos”.

Nicaragua es el único país del mundo en que se le ha negado la atención médica en los hospitales públicos a cientos de personas en razón de su posición política como ocurrió en la crisis del 2018 y ahora es el único que despide personal médico masivamente cuando más se necesita, son delitos de lesa humanidad.

La paranoia y arrogancia de los dictadores es ya demencia senil. En lugar de recibir de buena fe los señalamientos de los profesionales de la salud, los héroes de bata blanca que están arriesgando sus vidas, los despiden sin justificación, echándolos a la calle en los momentos más difíciles, privando así de sus servicios a los sectores más vulnerables de la población.

En esta pandemia hemos visto varios casos de médicos que han fallecido al adquirir el virus por exponerse a curar a sus pacientes independientemente de su condición económica o credo político, como el caso de los doctores leoneses Adán Agusto Alonso y su hermano Máximo Guillermo. “Doctor —le dijo un paciente a Adán—, yo soy sandinista y apedreé su casa, ¿me atendería? —Vos estás enfermo y yo soy médico, ¿por qué no habría de atenderte?— respondió Alonso, quien ofrecía servicios gratuitos y sin restricciones, independientemente de la posición política.

Una escala de valores éticos como los del doctor Alonso, que honró su juramento hipocrático y pagó con su vida su servicio al prójimo, es lo que se requiere en el sistema de salud publica del nuevo gobierno.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.