La experiencia de mi duelo

Hoy el mundo y Nicaragua entera, se encuentran sumidos en profundo dolor por las consecuencias de la pandemia.
Es desgarrador el dolor que embarga a tantos corazones que día a día pierden un ser querido, o varios miembros de su familia, o amigos.

Con suma reverencia y empatía, consciente de que el duelo es único y por tanto cada quien lo procesa de manera diferente, les comparto los pasos relevantes que seguí con el duelo de mi hija Albalicia Duarte Flores, acaecida hace 13 años, un 21 de junio de 2007, en un accidente de tránsito, súbito y sin despedida.

1. La fe como apoyo frente al dolor: Reconocí que la vivencia del momento, era mucho para mí y que sola no saldría de esa situación tan trágica que vivimos mi esposo, mi hija y mi familia, entonces decidí abrazarme a mi fe y buscar apoyo en un guía espiritual (sacerdote) que me acompañó por un año.

2. Compartir. El saber que no estaba sola ante ese gran dolor, me hizo buscar a otras madres que también habían perdido a sus hijos y que estuvimos dispuestas a reunirnos para abrir nuestros corazones, dar voz a nuestro dolor y a la esperanza de encontrar un propósito que le diera sentido a nuestras vidas.

3. Buscando ayuda. Recurrí a ayuda psicológica por un tiempo. Confié mi dolor también a una buena amiga y compañera de trabajo que estaba presta a escucharme, yo necesitaba únicamente eso, alguien que me escuchara, sin juzgar, sin dar recetas, solo escuchar.

4. Sin despedidas. Cuando no hay despedida como me sucedió a mí por lo trágico del accidente y su muerte casi instantánea, tuve que recurrir al consejo de los expertos y de mi guía espiritual, aprendí a decirle adiós a Albalicia a través de diversas formas, una de ellas fue una carta llena de amor, perdón y de agradecimiento, una carta solo para mí, que me permitiera expresar todo lo que quería mi corazón adolorido.

5. Transformando dolor en esperanza. Con el grupo de mamás encontramos otro ángel en nuestras vidas, nuestra buena amiga Ligia Houben, psicóloga, tanatóloga, consejera de duelo y creadora de los “11 principios para transformar tu pérdida”. Con Ligia, acepté, viví el duelo, era el momento de abrirse a las emociones y abrazarlas, de reconocer e identificar los recursos que estaban en mi para vivir un día a la vez y finalmente poder reconstruir mi nuevo mundo.

6. Seguir viviendo Después de procesar mi duelo encontré sentido a mi vida y resolví honrar la memoria de mi hija ayudando a otros en su proceso de duelo a través de la organización PUDE (Personas Unidas en el Dolor y la Esperanza), un proyecto de amor en memoria de nuestros hijos.

El proceso es largo, requiere de mucha paciencia, con uno mismo y con los que están a nuestro alrededor, tuve que comprender que cuando se afecta la familia, las reacciones son diferentes y por la tanto el proceso de duelo es individual y se requiere de respeto y comprensión.

Ha pasado mucho tiempo, sin embargo, el tiempo es relativo y por mi parte he realizado que mi hija vive en mi corazón, porque el amor es eterno.

La autora es miembro fundadora de PUDE.