Entre lo fácil y lo difícil

En la actualidad, una de las constataciones más reales, es lo difícil que nos resulta ser consecuentes con nuestras ideas, nuestros compromisos y opciones. Nos hemos acostumbrado a todas las facilidades que nos ofrece la sociedad que cuando nos exigen sacrificio, hasta ahí llegaron…

Muchas veces las amistades nos hacen caer en aquello que no deseábamos, porque no hemos tenido coraje de decir ¡no! a los amigos que nos invitaban a hacer algo que iba en contra de nuestras ideas, principios y compromisos. El miedo al qué dirán o qué pensarán de mí, nos lleva a no ser nosotros mismos y perder nuestra identidad y personalidad.

Es más fácil dejarnos llevar por el viento que corre, que ser nosotros mismos y mantenernos en nuestras opciones y compromisos. Cambiamos de camisa con facilidad, como lo vemos en el mundo de la política y de la misma moral. Lo “facilísimo” es una senda que conduce siempre a la pobreza, al conflicto y a la frustración.

Todos sabemos que es muy difícil mantenernos en nuestras ideas políticas, sociales o religiosas en un ambiente contrario a ellas. Ser fiel y sentirse orgulloso de serlo, cuando el ambiente que nos rodea, huele a todo lo contrario, es difícil. Se necesita tener carácter y voluntad fuerte para ir “contra corriente”. Sentirnos orgullosos de nuestra fe y defenderla en medio de un ambiente materialista no es fácil.

Se necesita valentía para no dejarse llevar por quienes se creen modernos porque no creen. Igualmente ser solidario en un ambiente egoísta, es difícil. Sin embargo, expresar nuestro amor a Dios, a la familia, a la fe cristiana y en lo que creemos, nos da pena y muchas veces nos avergüenza. Pero ser malhablados, chismosos y conflictivos no… Esto es precisamente a lo Jesús nos invita: “El que quiera seguirme que me siga”, pero eso sí: nada de jugar a dos caras.

Nada de poner una vela a Dios y otra al diablo. Nada de decir sí, pero hacer no. Nada de ser ni “chicha, ni limonada”. Ser fiel al compromiso, hasta la misma cruz, como Él lo fue al Padre.

El seguimiento a Jesús es una decisión tomada en serio y no una broma. La palabras de Jesús: “Quien no toma su cruz y no me sigue, no es digno de mí” (Mt. 10, 38), es ser consecuente y honrado con la opción que se toma. Que nada ni nadie eche atrás la voluntad. Que lo sigan con todas las consecuencias, aunque no sean muy agradables en ciertas circunstancias.

Creer se escribe con “C”, lo mismo que cruz y compromiso. Seguir a Jesús conlleva fidelidad, aún a pesar de que esa fidelidad a la opción tomada conlleve momentos difíciles, inconveniencias, incomprensiones… es decir, cruz. Tomar la decisión de seguir a Jesús, de ser un fiel y buen cristiano, conlleva ser honrados y consecuentes con esa decisión, tanto en los momentos fáciles como en los momentos difíciles.

Vivir es fundamentalmente elegir. Elegir es optar y optar es renunciar. Renunciar y cargar con una cruz vale la pena, no por el esfuerzo en sí mismo, sino por el amor que se quiere tener en la vida.