La historia del valiente barrio indígena de Monimbó, más antiguo que la propia Masaya

Monimbó es considerado un barrio masaya, el más célebre de todos; pero además de eso es un pueblo indígena antiquísimo, mucho más antiguo que la propia ciudad de Masaya. Se trata de un pueblo chorotega prehispánico que conservó su etnicidad resistiendo a la colonización española, la urbanización, el paso del tiempo y dos dictaduras.

El espíritu rebelde de los indígenas monimboseños también es de vieja data. En 1812 se rebelaron contra las autoridades coloniales, en 1856 resistieron ante el filibustero William Walker, en 1978 se levantaron en masa contra la dinastía de los Somoza y en la revuelta ciudadana de 2018, pese a su pasado sandinista, le juraron a Daniel Ortega que a Monimbó no volvía a entrar.

¿Qué sabemos de Monimbó fuera de que es un pueblo fiestero, ingenioso y aguerrido que ha plantado cara a los Somoza y a los Ortega Murillo? ¿Por qué decimos que “Monimbó es Nicaragua”? En este reportaje intentamos contar la intensa historia del que quizás sea el pueblo-barrio más famoso de Nicaragua.

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Un ciudadano pasa frente al histórico Comandito del barrio indígena de Monimbó. Se observan pintas en contra del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, realizadas durante las protestas de 2018. LA PRENSA/ OSCAR NAVARRETE

Orígenes

Como muchos otros pueblos indígenas, los chorotegas tuvieron su origen en la gran planicie del centro de México. Efectuaron migraciones hacia los años 1000 y 1100 de nuestra era y se asentaron en la región de Centroamérica. En Nicaragua se extendieron por toda la franja del Pacífico y cuando aparecieron los españoles en estas tierras, “la mayor cantidad de poblados pertenecían al mundo chorotega”, dice Javier García Bresó en su libro Identidad y cultura en Nicaragua: estudio antropológico de Monimbó, publicado por la Universidad de Castilla-La Mancha en 1992.

Según García Bresó, los chorotegas se instalaron en Nicaragua incluso antes que los nicaraos, quienes irrumpieron “con una actitud más belicosa unos dos o tres siglos antes que los españoles”, que vinieron en 1522. Para cuando los primeros conquistadores recorrieron este territorio, los grupos chorotegas “llevaban ya más de cinco siglos” habitando el Pacífico nicaragüense.

El grupo chorotega de Monimbó eligió para construir sus ranchos “las proximidades de un acantilado con más de 120 metros sobre la laguna de Masaya”. Al sureste del cuerpo de agua. Mientras que otro grupo chorotega, más numeroso, se instaló en Nindirí, al noreste de la laguna, y otros en zonas intermedias como Diriega y Masaya, pueblo del que posteriormente se tomaría el nombre para la ciudad colonial.

De acuerdo con el texto Interpretación de nombres geográficos indígenas de Masaya, la palabra Monimbó significa lugar próximo al agua. “Mu”, cerca o próximo, y “nimbu”, agua. Sin embargo, la posición geográfica de este histórico asentamiento chorotega no puede calificarse como privilegiada. Pese a la cercanía de la laguna, en el gran acantilado nunca hubo manantiales de agua permanentes.

Para obtener agua había que bajar a la laguna, salvando escarpados bajaderos esculpidos en la roca, y así fue durante mucho tiempo. Los indígenas sufrieron pacientemente la ausencia de agua potable hasta la década de los 70. En 1973 todo el barrio se lanzó hacia la última etapa de su campaña por la instalación del servicio, encabezado por la Junta Directiva y la Alcaldía de Vara. Sus denuncias solían aparecer a menudo en el Diario LA PRENSA, pues Pedro Joaquín Chamorro Cardenal tomó como propias las luchas de los indígenas. Pronto hablaremos del efecto que tuvo su asesinato en los ánimos de este pueblo.

Entre 1524 y 1548, según un censo de Dan Stanislawski, Monimbó contaba con 250 tributarios de la corona española. Cada tributario podía ser un trabajador independiente o bien, “cabeza” de una familia; por lo cual debe considerarse que había más habitantes que tributarios.

En esa zona de lo que hoy es el departamento de Masaya también estaban Nenderí (hoy Nindirí), Diriega, Masaya y Namborima y entre todos sumaban 1,110 tributarios. Sin embargo, de las poblaciones mencionadas, “solo Monimbó ha mantenido la identidad étnica a través del tiempo”, afirma García Bresó en su libro, hasta ahora el más completo estudio antropológico sobre Monimbó y los monimboseños.

A juicio del autor, aunque gracias a su ubicación geográfica Nindirí evitó ser absorbido por la ciudad, “perdió su etnicidad”. Mientras que Masaya, Diriega y Namborina “fueron desapareciendo con el tiempo y en su lugar se formó la capital que mantuvo el nombre de la antigua comunidad india de Masaya”.

Al sol de hoy, los monimboseños practican numerosas expresiones de su identidad étnica y cultural. Desde las artesanías que elaboran con cuero, palma, bejuco, tela, madera y fibra de bambú hasta la forma en que se organizan.
Entre muchas otras cosas, son de origen monimboseño la marimba de arco, los ahuizotes, el torovenado y el baile de negras. Además, los monimboseños conservan su Consejo de Ancianos, una estructura precolonial, y su Alcaldía de Vara, nacida en la época de la Colonia; así como cofradías culturales y religiosas, también coloniales.

El barrio fue escenario de enfrentamientos entre ciudadanos y policías y paramilitares al servicio de la dictadura. LA PRENSA/ MANUEL ESQUIVEL

La revuelta de 1812

Cuando en Nicaragua comenzaron a sonar tambores de independencia, los indígenas de Masaya fueron “los primeros en rebelarse contra las autoridades españolas”, que les habían vejado por muchos años y, en sentido contrario, también fueron los indígenas masayas los que acuerparon y defendieron a empleados coloniales que les habían tratado “con cristiana humanidad” y, en algunos casos, hecho propia su causa libertaria, afirma Julián Guerrero en el texto Masaya independentista.

“Hacia los años de la independencia, Masaya albergaba 10 mil habitantes” y estaba dividida en cuatro cantones: Diriega, Monimbó, San Juan y San Jerónimo, señala Jorge Eduardo Arellano en el artículo En los 150 años de su elevación a ciudad, que aparece en el libro Memorial de Masaya.

Durante muchos años los indígenas masayas sufrieron vejámenes bajo la dominación española y mantuvieron de manera constante una actitud de oposición y rebeldía contra las autoridades y los invasores, asegura Guerrero. “Primero, huyeron espantados hacia los montes, para ponerse al abrigo de la esclavitud y los desmanes de los encomenderos. Más tarde, se rebelan contra la entrega de sus cosechas para abonar a bajo precio al pago de sus tributaciones y a la venta, a mínimo avalúo, de sus sobrantes”.

Años después, dice Guerrero, se rebelaron contra la entrega, a precios injustos, de sus granos y comestibles para consumo de milicianos del Castillo de la Inmaculada Concepción del río San Juan y también contra la entrega de su aparejos y artesanías para uso de los barcos reales del Gran Lago o para ser revendidos en otras plazas de la Provincia.

Con la llegada de los movimientos independentistas de 1811, el pueblo indígena de Masaya acuerpó “con violencia y vehemencia patriótica” al funcionario rebelde y líder independentista criollo José Gabriel de O’Horan. El 15 de septiembre de ese año, enfurecidos y armados con puñales, machetes, lanzas, palos y mecates, los indígenas atacaron a los jueces españoles de las parcialidades de Monimbó y Diriega, reduciéndolos a prisión.

Meses después, el 2 de enero de 1812, “en una nueva y más violenta acometida” desalojaron de sus casas a los funcionarios reales de la ciudad; les arrebataron sus cultivos y les acusaron de cobros indebidos y de ocultar órdenes recibidas que favorecían a los indígenas. En febrero, destacan los historiadores, las autoridades peninsulares provocaron el incendio de la iglesia de Veracruz con el propósito de castigar a los indígenas amotinados y muchos fueron quemados.

Finalmente, señala Guerrero, en diciembre de 1812 en una marcha sorpresiva más de cincuenta jefes indígenas invadieron el Salón de Sesiones del Ayuntamiento de Granada y “protestaron por la prisión del señor O’Horan”, demandando su libertad a las autoridades reales.

O’Horan acabó siendo remitido a las cárceles de Guatemala y hasta allí “iban los indios en cuadrillas a verle, llevándole cuando presente podían recolectar y lo mismo hacían con su familia en Granada, sumida en la desgracia”, destaca Arellano.

160 años después, dice el historiador, el caso de José Gabriel O’Horan “se repitió en otro ídolo de los indios de Monimbó: el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuyo asesinato, el 10 de enero de 1978, desencadenó la insurgencia de ese barrio heroico”.

Lea: La Operación Limpieza de Anastasio Somoza Debayle

Un monimboseño protesta con una mascarilla folklórica típica del pueblo indígena. LA PRENSA/ Manuel Esquivel

Insurrección contra Somoza

El primer levantamiento popular contra Somoza se dio en Monimbó en febrero de 1978 al irrumpir la Guardia Nacional en una misa campal en memoria de Pedro Joaquín, subraya Jaime Chamorro Cardenal en el libro Frente a dos dictaduras, la lucha por la libertad de expresión. “Hubo muertos y heridos, los indios se sostuvieron y, bajo el grito ¡Monimbó es Nicaragua! se desató la insurrección. La lucha de Monimbó continuó virtualmente hasta el 19 de julio de 1979, y además de una gesta significó todo un símbolo”.

Por otro lado, de acuerdo con la excomandante guerrillera Mónica Baltodano, la insurrección espontánea de Monimbó estalló el 21 de febrero de 1978 luego de que la Guardia Nacional disparó contra manifestantes durante un acto “en el que se celebraba el aniversario 44 del asesinato de Augusto C. Sandino”.

La revuelta empezó con “el levantamiento de barricadas, quema de casas y vehículos de esbirros” y se fue extendiendo a otros barrios de la ciudad, comenta Baltodano en Memorias de la lucha sandinista. “Este fue el primer levantamiento insurreccional de masas en la lucha contra Somoza. Las imágenes de los combatientes con máscaras de los bailes folclóricos nicaragüenses, haciendo bombas de contacto, dieron la vuelta al mundo para exponer que aquí había un pueblo dispuesto a sacudirse el yugo de la dictadura”.

La Guardia, sin embargo, logró aniquilar la acción y en Masaya comenzó una sangrienta “Operación Limpieza”. El barrio de Monimbó fue arrasado; pero continuó en la lucha contra la dictadura.

En septiembre de 1978 se produjo una segunda insurrección y Anastasio Somoza Debayle volvió a bombardear Monimbó, señala Javier García Bresó en su estudio antropológico sobre el pueblo indígena. “Los monimboseños anduvieron errantes durante unos ocho días por la montaña y solicitando la solidaridad en los pueblos vecinos”.

En Masaya, “la destrucción se podía tocar”, cuenta el reportaje La Operación Limpieza de Anastasio Somoza Debayle, publicado por la revista Magazine, en agosto de 2018. “Había cadáveres por todos lados, algunos en estado de descomposición. Atrás habían quedado las barricadas que principalmente en Monimbó habían levantado los jóvenes. Algunos habían estado armados con rifles M-3, pistolas, Garands y machetes. Los combates habían durado más de 72 horas. Allí la Guardia había utilizado tanquetas, ametralladoras 50, helicópteros y avionetas”.

En junio de 1979 los monimboseños se insurreccionaron por tercera y última vez. Somoza les arrojó bombas de alquitrán y fósforo blanco; pero el dictador fue vencido y el barrio de Monimbó se mantuvo en pie, inspirando canciones y poemas.

Cuarenta años después de la primera insurrección contra Somoza, en 2018, las bombas de contacto monimboseñas volvieron a sonar. Esta vez contra un nuevo tirano: Daniel Ortega Saavedra, líder del Frente Sandinista. Muchos monimboseños, incluso varios miembros de la familia que inventó la mítica bomba de contacto, fueron apresados y Masaya sufrió una nueva Operación Limpieza.

La historia se repitió en 2018. Pero de la misma manera volvió a escucharse el grito de: “¡Monimbó es Nicaragua!”

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Julio García, “Julián el monimboseño”, es el inventor de la bomba de contacto. En 2018 dos miembros de su familia fueron apresados por el régimen. LA PRENSA/ Cortesía de Carlos Herrera

¿Por qué “Monimbó es Nicaragua”?

Esta frase apareció por primera vez en LA PRENSA, en la edición del 27 de febrero de 1978. El poeta Mario Cajina Vega publicó un artículo con el título “Monimbó es Nicaragua”.

“En el principio fue Monimbó. Después vino el conquistador y se estableció junto a la antiquísima tribu, para sojuzgarla en encomiendas.

Pero el rey indio indómito (indiómito) resistió y los Reyes de España mismos se negaron a ceder muchas veces el pueblo en encomienda.

Y Monimbó eligió sus propios alcaldes de vara al son de los tambores comunales que los siguen convocando para la libertad.

Sutilmente, la larga dictadura dinástica pretendió desarraigar la tradición, alterando sus autoridades, corrompiendo sus ritos, explotando al hombre para que las enfermedades endémicas y la penuria domeñaran su voluntad.
Pero con el estoico mutismo del indio, Monimbó resistió.

Y llegó, a la muerte de un mártir que amó a este pueblo y a quien este pueblo correspondió bautizado con su nombre la plaza que divide a Monimbó de Masaya propiamente dicha, la hora de la protesta. Del pronunciamiento, de la rebelión dentro de sus mismas fronteras irreconocibles.

Monimbó ha reivindicado a la ciudad de Masaya del degradamiento impuesto (soborno y amenaza) por los Somoza y sus segundones. Monimbó es ahora un barrio en pie. Monimbó es ahora Nicaragua y los nicaragüenses que ya hemos empezado nuestra reconquista”.

Barricadas en Monimbó durante la revuelta ciudadana de 2018. LA PRENSA/ Manuel Esquivel

Monimbó rural

“El pueblo indígena de Monimbó cuenta con un título real de propiedad de 7 caballerías antiguas”, asegura el libro Nosotros sí existimos; pero “se encuentra desaparecido a consecuencia de los conflictos bélicos y persecución a los mismos documentos legales”.

La Junta Directiva, una estructura administrativa propia de Monimbó, ha enviado delegados a Guatemala en busca de los documentos, pero no ha sido posible hallarlos.

“A finales del siglo XIX el territorio colectivo de Monimbó fue individualizado por el Estado repartiéndose en grandes fincas a terratenientes y pequeñas parcelas a familias indígenas. En los años ochenta del siglo pasado parte de sus tierras fueron distribuidas a cooperativas de producción”, señala el libro. “Actualmente la propiedad colectiva se limita a cuatro cementerios indígenas y una instalación para actividades comunitarias, que son administrados por el Consejo de Ancianos de Monimbó”.

No obstante, a pesar de la pérdida de su territorio ancestral, “el pueblo indígena de Monimbó mantiene su continuidad histórica y cultural”.

De hecho, la identidad monimboseña va mucho más allá del barrio de Monimbó. En Masaya muchas comunidades se sienten parte de este pueblo indígena: Los Altos, Pacaya, Pacayita, Quebrada Honda, el Valle de la Laguna, El Jocote, Las Flores, Las Pilas Orientales, El Mojón, El Pochote, Tisma y Vista Alegre.

El fracaso de William Walker

En 1856 en Masaya se llevaron a cabo dos sangrientas y decisivas batallas contra William Walker, el filibustero que se autoproclamó presidente de Nicaragua. El mayor crédito en la derrota de Walker pertenece a los ejércitos aliados centroamericanos.

Sin embargo, es de suponerse, aunque no existen referencias históricas, que los indígenas monimboseños “se fajaron” para defender sus casas porque no era gente “que se corriera al ruido de los caites”, sugiere el historiador Bayardo Cuadra.

Los norteamericanos entraron por el sur, donde se halla Monimbó y no lograron llegar al centro de Masaya. Las batallas en la ciudad fueron cruentas.

Lea: La tradición de máscaras en Nicaragua

En febrero de 1978 el pueblo de Monimbó se levantó contra Somoza. Para ocultar sus identidades los monimboseños utilizaron las máscaras de sus bailes.