Una luz al final del túnel

CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: Para muchos conciudadanos la firma de la Coalición Nacional opositora es algo así como una luz al final del túnel. Sin embargo el problema de la política nicaragüense es tan complicado que muchos no creemos que esa sea la salvación del país.

Argumentos a favor: que las sanciones aumenten en grado superlativo, que la OEA expulse a Nicaragua mediante la famosa Carta Democrática, que el gobierno Ortega Murillo ceda y prometa hacer elecciones limpias, transparentes, con observación nacional e internacional.

Para esto se necesita que el Gobierno libere a los prisioneros políticos de ambos sexos que tiene retenidos, que guarde en sus cuarteles a los guardias, Policía y Ejército y que el pueblo pueda expresarse libremente en las calles como es usual en los países democráticos; que se cambie radicalmente todo el personal del sistema electoral, desde magistrados hasta funcionarios de segunda y tercera clase, y un amplio etc.

Pienso yo que la Coalición no es el remedio para todos los males. Hace falta mucha caña que moler y mucha buena voluntad de todos los sectores del Gobierno para poder llegar a un arreglo honorable que devuelva al país la democracia que hace tiempos tuvo.

Los ejemplos sobran. El único pacto verdaderamente importante que se ha respetado ha sido el Pacto Providencial que unió a los partidos opositores para poder derrotar al filibustero Walker, cuya historia todos conocemos. Por lo demás han abundado los engaños, las zancadillas, los golpes de Estado, los movimientos armados de uno y otro partido. Y si en el año 89-90 hubo una unidad grande que logró derribar a la primera dictadura orteguista fue porque la situación era realmente invivible y el frentismo tenía encima a la Contra que ya se había tomado parte de Chontales. Ahora no hay Contra, ahora hemos dejado que el orteguismo domine todos los poderes del Estado, los ministerios, el Seguro Social y todos los organismos importantes de la administración pública, incluidos la Policía y el Ejército.

Dicen que la política tiene mucho que ver con el amor y que se necesita tener amor por la Patria, por la familia, por la comunidad, por el terruño donde uno nació para poder luchar con vigor en contra de una dictadura totalitaria. El amor de la familia también tiene que ver en la lucha por la democracia.

Quiero recordar a mi esposa Thelma Vogel, a quien cariñosamente llamaba “Romelia” exiliada conmigo en Costa Rica. Algunas veces me llamaba preguntándome a qué hora llegaría. “A las cinco, necesitas algo”, respondía yo. “Sí —me decía—, necesito saber la hora de tu llegada para que mi corazón se prepare para recibirte”. Dios la tenga en el cielo.

El autor es empresario radial.