¿Cuál era el fondo de la discusión en la Coalición Nacional?

La mayoría de los nicaragüenses probablemente ahora más que antes aprecian mejor el valor de la democracia.

Después de todo conocemos historias de cómo a través del voto hemos podido cambiar radicalmente la realidad del país. Ya lo hicimos en los noventa, y vimos el enorme cambio que se produjo en las últimas décadas, en contraste con la guerra, la hiperinflación, y el incremento de la pobreza que se vivió en los ochenta.

Nicaragua nuevamente está lista para una transición democrática, pues la segunda oportunidad que se le dio al régimen sandinista está terminando en lo que estamos viviendo, donde no vemos que el régimen pueda recuperar ni la gobernabilidad ni la economía de este país, y sufrimos de un manejo deficiente de la pandemia del Covid-19, que nos depara un futuro más incierto, a menos que esto cambie. La falta de medidas significa que puede que nos tome seis meses o más salir de la curva ascendente probablemente, en vez de dos. Las capacidades del régimen se han visto mermadas, y por otro lado, Nicaragua después de todo, para enfrentar esta pandemia necesita cuantiosos recursos externos, que ahora ya solo un régimen electo democráticamente puede lograr.

La oposición se ha planteado la unidad como una tabla de salvación, donde cualquier división es percibida como que le puede dar oportunidad al régimen, o de robarse las elecciones, o inclusive ganarlas, que bien puede hacer, con la regla de que el que obtiene la mayoría de votos gana, a como la ley está actualmente. ¿Por qué entonces la Alianza Cívica pidió tiempo para firmar un documento de arquitectura y de unidad, y esto era pertinente a pesar de la duda que sembró sobre la unidad? Lo que está en juego es qué clase de modelo de futuro democrático queremos construir en este país. Por nuestra historia, somos proclives a las dictaduras y modelos políticos verticales. Pero, esto le ha traído al país siempre al final grandes desgracias. No es por accidente que hemos sido el país más pobre de América Latina después de Haití por tantos años. Es porque hemos sido inestables por excluyentes, y porque las dictaduras han terminado en baños de sangre, destierro, exilio, y más retroceso económico. Y todo eso, nuevamente lo estamos viviendo.

Esta vez existe la oportunidad para una transición cívica y pacífica porque ha sido lo que ha escogido el pueblo, a pesar de haber sido maltratado sin piedad. Pero también tenemos la obligación de construir sobre bases firmes nuestra democracia. Con eso tiene que ver la arquitectura de la Coalición Nacional. Y qué pena, que lo que hemos visto se ha quedado corto en una primera ronda de crisis. Nuestros instintos históricos nos han llevado a pensar lo peor de los otros, nos hemos ido a los medios a pelear lo que creemos es lo importante en base a prejuicios y desinformación. Algunos sentimos que se pretendió avasallar a la Alianza y la atacaron por doquier hasta los que estaban conspirando para dividir de verdad, y se ha dado un mal espectáculo en el nombre de la unidad, en realidad se generó incertidumbre y desesperanza. ¿No habría sido de más talante darle más tiempo a la Alianza Cívica que convocó a la unidad y que hizo la petición a la Coalición Nacional, solo por el mero hecho de que así lo pedía para hacer consultas internas y territoriales, y ratificar el documento que se había trabajado y que todos, con excepción de los delegados, estábamos viendo por primera vez en su totalidad?

La Alianza Cívica debe de velar porque cualquier arquitectura sea genuinamente democrática e incluyente. En una Coalición tan heterogénea el tema de balances y contrapesos es importante, y la inclusión lo es también. El trabajo de la Coalición ha sido muy bueno, pero un grupo de representación amplia de la Alianza analizándolo más a fondo, encontró aspectos que podrían sufrir mejoras en aras del balance, el equilibrio, la inclusión y la efectividad. Nadie se puede arrogar el derecho de avasallar a nadie más en la nueva Nicaragua que queremos construir, y eso es lo que ha estado en juego en estas discusiones.

El autor es doctor en Economía. Presidente de AmCham y dirigente de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia.