Zona de Strikes: Danilo Sotelo (hijo) y su pasión al jugar

Danilo Sotelo era todavía un niño cuando comenzó a tronar en el beisbol de Primera División con los Dantos, quienes habían acostumbrado a sus fanáticos a reemplazar a sus veteranos con chavalos bravos, que no se tomaban tiempo para brillar.

Pero a diferencia de chavalos que aparecieron gradualmente como Antonio Zárate, Ángel Zúniga, Luis Lacayo o Marlon Abea, quienes llegaron a ser muy buenos, Sotelo tenía una energía especial, irradiaba entusiasmo por los poros y su juego parecía no tener límites.

Despegó en 1992 a sus 17 años y terminó con .271 de average. Y al quedar los Dantos en el aire, sin respaldo del Ejército en 1993, Sotelo pasó al San Fernando y continuó su ascenso, mientras llegaba a la Selección Nacional en 1995 y también tronó de entrada.

Sotelito y Cardoze, fueron las revelaciones ese año en la Selección. Le dieron palo al que se les puso enfrente y a nivel local también hicieron destrozos desde el line up del San Fernando. Danilo dejó de ser el hijo de Danilo Sotelo (padre), para tener historia propia.

Luego de brillar en el Preolímpico de Edmonton y después en la Copa Intercontinental de 1995 en Cuba, donde Sotelo bateó .241 pero con diez anotadas en nueve juegos como el jardinero central titular, Mike Britto, scout de los Dodgers, lo firmó y trataron de convertirlo en segunda base.

El experimento no cuajó y después de dos temporadas en Clase A, en las que bateó .235 y .196 respectivamente, Sotelo quedó fuera, pero en Nicaragua fuimos testigos de su gran progreso como jugador. Era emocionante de ver, sobre todo en las bases.

Danilo tenía un bate explosivo, un tacto heredado de su papá, quien fue dos veces líder de bateo en el beisbol nacional, pero el show era verlo correr las bases. Un sencillo lo hacía doble y un doble, triple. Fue una lástima sin embargo, que esa agresividad la perdió posteriormente.

Su mejor temporada llegó en 1999 con el San Fernando, al acumular promedio de .357 (286-102) con 23 jonrones y 60 remolques. Ese año, Danilo robó 17 bases porque no hizo más intentos, pero pudo ser un 20-20 en cuadrangulares y estafas. No fue atrapado ni una vez.

Diez años después, cuando se había unido al Bóer, tuvo su promedio más alto con .403 (149-60), en tanto en 2011 con el Carazo, fue el primer bateador de 20 jonrones en el regreso al bate de madera al beisbol nacional. Bateó para .274, con 20 palos y 70 empujadas.

Sotelo jugó 22 años en Primera División y tuvo promedio de .298, 1,240 hits, 117 jonrones y 127 robos. Es uno los apenas diez nicas con más de 1000 hits, más de 100 jonrones y más de 100 robos. En diez ocasiones bateó sobre los .300, con 794 anotadas y 686 impulsadas en su carrera.

Pero más allá de las cifras, que son sólidas, Sotelo fue un jugador con mucha pimienta, clave en la obtención de títulos nacionales con varios equipos. Cuando se retiró en el 2016, venía de batear .336 con el Bóer, pero se hizo coach y ha andado por varios clubes.

Su juego fue muy sólido, porque aparte de batear con gran frecuencia, también corría muy bien y defendía con solvencia. A diferencia de su papá, Danilo tuvo más poder y eso le permitió redondear números muy equilibrados en su extensa y exitosa trayectoria.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR