Zona de Strikes: Carlos Hebbert, un lanzador serio en su trabajo

Con una estructura física enorme, la indescifrable mirada de un jugador de póker y un repertorio formidable, Carlos Hebbert proyectaba una imponente imagen que iba a tono con lo que realizaba desde el montículo.

Formó parte de un trío de tiradores de gran calidad junto a John Allen y Jess McCoy, que llevó a la Costa Atlántica a su primer título en 1989 contra Chinandega, en una Serie Final resuelta en cinco partidos, después de haber perdido al inicio.

Es posible que McCoy haya tenido mejor curva y que Allen contara con más poder en sus disparos, pero el tirador mejor construido, más hábil y maduro de los tres fue Hebbert, quien pareció siempre un tipo serio en su labor sobre o fuera del box.

Debutó en 1986 de modo casi fugaz. Tuvo 1-0 y 3.75 en 17.2 innings. Un año después lanzó mejor (2.75) pero con un récord negativo (7-8), sin embargo, en 1989 logró balance de 10-5 y 3.49 con cinco salvados en el equipo que llegó a la cima del beisbol nacional.

Fue incorporado en la Selección Nacional de 1988 en el Mundial de Italia y perdió ante EE.UU. que utilizó a su “as” Andy Benes, sorprendido por un jonrón de Julio Medina. Pero luego en 1990, logró 14-7 y 1.98 en 159 innings a nivel local y viajó al Mundial de Edmonton, Canadá.

Ahí fue clave con un par de victorias para lograr el subcampeonato mundial. Venció 10-1 a México con labor de seis hits y luego derrotó 11-4 a Japón, en un trabajo que metió a Nicaragua en la Final contra los cubanos. Carlos dio un salto a un primer plano en el aquel torneo, al cerrar con 2-0 y 2.25 en 16 innings.

Vino 1991 y logró su mayor cantidad de victorias en una temporada del Pomares con 17 contra diez reveses y 3.43 en 196.2 innings y 113 ponches. De nuevo viajó con la Selección a la Copa Intercontinental de Barcelona y a los Juegos Panamericanos de La Habana, Cuba.

Hebbert aún logró un par de temporadas de 11 triunfos cada una, la última de ellas en los Dantos en 1993, con la Costa fuera de acción y antes de moverse al Bóer en 1994, donde tuvo marca de 7-3 y 2.97. Y se retiró en 1995 cuando iba con 2-0 y 2.35.

El final de Hebbert se vio precipitado por un accidente que lo afectó seriamente y en diez campañas acumuló un balance de 88-63 y 3.45 con 1,129 innings, con 635 ponches, 64 juegos completos, 14 lechadas y siete juegos salvados.

Una notable carrera para un lanzador que pudo ser el primer costeño de 100 victorias, pero aunque no lo consiguió, Hebbert causó siempre buena impresión por su actitud profesional en el juego y a la vez por los resultados que logró.

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