Crónica | Funeraria: demanda a la baja

Esta sala está repleta de ataúdes. Cafés, más cafés, negros, marrones, con adornos dorados y plateados, todos juntos, relucientes. Hace unas semanas esta sala estaba vacía, apenas se apilaban unas seis o siete cajas, donde ahora hay unas veinte. La demanda de cajas ha bajado, me dice el hijo de la dueña de esta funeraria que prefiere no decir su nombre. “Cuando antes se iban unos 30 ataúdes, ahora se van nada más tres a la semana”, agrega.

Aquí se brinda servicios fúnebres: cajas y traslados, pero también provee a otras funerarias. Hoy la dueña anda en un municipio cercano llevando unas cajas que le pidieron. “No es que no se esté muriendo la gente —dice el muchacho, mientras corta una tela para forrar el interior de la caja—, sino que ahora ya encontraron un sistema para darle las cajas a las personas que no tienen cómo enterrar a su familiar”.

El muchacho tiene 32 años, moreno, bajo, sin mascarilla, trabaja la tarde de este jueves en la parte baja del taller donde da el último acabado a las cajas: las forra, las pinta, les coloca adornos, las deja relucientes. Lo que se dice a vox populi en estos negocios es que ya la Alcaldía de Managua se amarró con algunas funerarias, unas cuatro o cinco, que exclusivamente les están vendiendo los ataúdes.

Hace unas semanas aquí también había unos 15 trabajadores sacando cajas. Ahora logro contar nueve y el ritmo es pausado. “Hoy en todo el día la única que he terminado es esta”, dice, y señala una caja barnizada dentro de un cuarto caliente con las luces prendidas. “Esa aguanta entre 300 y 400 libras de peso”.

Desde que estaba pequeño trabaja en funerarias. Las palabras le fluyen cuando habla de este mundo: le da orgullo decir que nunca se le ha desfondado una caja durante un sepelio; que les benefició que algunas funerarias tenían compromisos de entregar cajas y no tenían suficientes cuando empezaron las muertes por coronavirus en el país, así que les hacían pedidos grandes todas las semanas. Que algunas personas se metieron al negocio por primera vez, invirtieron dinero, pero que esto unas semanas después se cayó y algunos no han podido recuperar su inversión. “Los precios están cada vez más botados”, dice, y explica que sus tarifas oscilan entre los 10 mil y 25 mil córdobas, en dependencia del tipo de cajas, traslados, o si la causa de muerte es por Covid-19, porque ahí se usan trajes especiales, se desinfecta el vehículo y el conductor cobra más porque se anda arriesgando.

Trabajar con ataúdes todo el día no significa que le pierdan miedo a la muerte. Varios de los hombres que ahora se llenan todo el cuerpo de polvillo fino y se entierren astillas en las manos se han enfermado durante esta pandemia. “Ninguno ha muerto, pero sí algunos de nuestros familiares”, dice el muchacho, envuelto en aerosol. Termina de colocar un adorno a una cabecera en la que un día de estos alguien será acostado por última vez.