Infectóloga Carmen Torres: «Son eficaces ocultando las muertes de Covid-19»

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La salubrista e infectóloga nicaragüense Carmen Torres casi no ha permanecido en el país en los últimos 43 años. Fue enviada por sus padres a estudiar Medicina en la Universidad de San Carlos, Guatemala, para proteger su vida dos años antes de la insurrección popular contra Somoza, y de ahí estudió Infectología en Nueva Orleáns, Estados Unidos. Regresó en 1996 por un quebranto de salud de su mamá y trabajó en la formación de la Unidad de Auditoría Médica de la Contraloría de Nicaragua.

En 2001, Torres partió para trabajar en organismos internacionales, como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Banco Mundial (BM), entre otros. Casi todos estos trabajos están relacionados con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), en el cual se ha especializado y más recientemente con el ébola.

A finales de diciembre del año pasado regresó a Nicaragua y aquí la sorprendió la pandemia. Se le hizo difícil regresar al Congo, donde trabajaba en el combate contra el ébola. Durante estos meses que el coronavirus ha atacado el país, Torres ha estado dando consultas por telemedicina a algunos nicaragüenses contagiados. “Cuando ya llegué a 100 pacientes, los dejé de contar”, dice.

Torres asegura que solo han fallecido dos pacientes suyos, que cuando llegaron donde ella ya era demasiado tarde. Actualmente esta infectóloga utiliza un protocolo que dice que fue creado por españoles e italianos, cuya base son medicamentos antinflamatorios, anticoagulantes y antibióticos de amplio espectro. Sobre los resultados que ha tenido, sus proyecciones y el futuro de la pandemia conversamos en esta entrevista.

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Parece que existe la percepción de que el contagio de coronavirus en Nicaragua ha disminuido. ¿Qué piensa usted?
Eso es una equivocación. Porque yo que atiendo a pacientes por telemedicina, en lugar de disminuir, los casos se me han ido aumentando. Por ejemplo, si antes tenía de uno a dos casos nuevos por día, ahora tengo de cinco a seis casos nuevos diarios. Yo dejé de contar los casos cuando llegué a los 100.

Sin embargo, en ciertos lugares, como en los mercados, se está comenzando a ver más movimiento. ¿Es posible que este virus está perdiendo agresividad?
No funcionan así las epidemias. Yo he trabajado con ébola, y creo que es muy parecida al coronavirus, porque se transmiten por las secreciones, posiblemente, durante el mismo tiempo. Además, se transmite por aire, no sé por qué la OMS no ha dado a conocer esta información (la entrevista fue el martes 7 de julio, la OMS lo aceptó el jueves 9 de julio), pero ya está demostrado que sí: son microgotas que quedan suspendidas en el aire, sobre todo en ambientes cerrados con aire acondicionado durante más de ocho horas. Entonces en África las campañas de prevención son altísimas porque la amenaza sigue latente. Lo que aumentan son las prevenciones porque la agresividad es la misma y lo que se hace es controlar los brotes.

¿Ha notado que ha perdido agresividad el virus en los pacientes que atiende?
Mis pacientes casi siempre han venido con el mismo ciclo de agresividad. Han tenido retraso en la atención o han recibido tratamiento equivocado. Ahora, el hecho de que se perciba que no está muriendo la misma cantidad de gente es porque semanas atrás todo mundo podía ver entierros exprés. Ahora ya nadie los ve. O sea, los funerales están siendo realizados de noche, de madrugada, se están trasladando los cuerpos, al igual que los ataúdes.

¿Por qué cree que no se ven como antes?
Bueno, hay un interés de ocultar el número de muertes. Pero hay una cosa con las pandemias, especialmente con esta: los casos no ocurren de forma matemática, sino exponencial. Es decir, una persona infectada no solo infecta a una persona por día, sino a decenas. Ahora, ¿qué pasa con las muertes? En este momento han sido ocultadas, calladas, diferidas, pero el número de muertos va a seguir aumentando.

Pero hubo un momento en que no era posible ocultar las muertes…
Sí era posible, lo que pasa es que los esfuerzos para ocultarlas no eran eficaces.

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¿Ahora sí?
Ahora sí son eficaces ocultando muertes. Pero habrá un momento, que como esto es geométrico y exponencial, el número de muertes será imposible controlar. Porque yo puedo diseñar un sistema de atención, por ejemplo, que atiende a 100 personas por día. Pero cuando este número se rebasa, mi sistema no da abasto. Entonces, ese sistema de ocultar muertes va a colapsar.

¿Entonces cree que no ha pasado lo peor?
No, no ha pasado. Yo calculo que el pico para Nicaragua estará entre septiembre y octubre. Y dependiendo de las actividades masivas que se sigan realizando, habrá más casos.

Salubrista e infectóloga, Carmen Torres. LAPRENSA/Óscar Navarrete

Al inicio de los casos muchos epidemiólogos calcularon más de 50 mil muertes, mientras que el Gobierno oficialmente dijo que habría 813 fallecidos. ¿Quién está más cerca de estas proyecciones?
Lo que yo creo que hay que fijarse es en Guatemala y El Salvador. Estos dos países declararon sus primeros casos, más o menos el mismo día que Nicaragua. Entonces Guatemala al día de hoy (martes 7 de julio) tiene más de 22 mil casos. ¿Y qué dice el presidente de ese país? “No hemos llegado al pico”.

¿En qué fase cree que estamos?
En la fase de transmisión comunitaria, que no se ha podido controlar.

¿Cuánto cree que durará esta fase?
Hasta que se paren las actividades públicas, donde se reúnen cientos de personas. Mientras eso no pare y no exista la percepción de riesgo, no la vamos a poder controlar.

¿Por qué cree entonces que vemos más “normalidad” en las calles?
Lo que yo creo es que hay falta de educación y no hay una percepción real de la enfermedad. En el Congo, por ejemplo, hay una campaña de educación constante sobre el peligro del ébola. Mientras que aquí lo que se ha hecho es minimizar la pandemia.

Quizás esto ocurrió con algunos simpatizantes sandinistas, que minimizaron la gravedad del coronavirus, y por un tiempo se percibió que estaban muriendo bastantes…
Claro que se murieron y se están muriendo… Es el mismo fanatismo que hubo con personajes como Stalin, en Rusia; Hitler, en Alemania, o más atrás con el César, en Roma, que cuando entraba al Coliseo le coreaban: “Salve, César, los que vamos a morir te saludan”. ¡Eran conscientes de que iban a morir! Esto es lo que vemos que pasó y sigue pasando aquí…

Existe una atención diferenciada de acuerdo al rango de los militantes sandinistas. Por ejemplo, los que son de rango inferior les dan tratamiento, pero los mandan a su casa. Los de rango medio los hospitalizan con oxígeno y otras atenciones más. Mientras que los que son militantes de alto rango van al Hospital Militar a hospitalizarse”.

Ahora, con el contexto estructural de Nicaragua: el 80 por ciento de su población trabaja de manera informal y no puede quedarse en casa, y el 40% no tiene acceso a agua potable, y por lo tanto les resulta difícil lavarse las manos. ¿Cómo se debería combatir una pandemia como esta?
En África, que tienen miles de deficiencias y son países empobrecidos y bajo dictaduras, los gobernantes son líderes de tribus, y por lo tanto tienen una obligación con ellos. Entonces, cuando existe una amenaza en el país que pueda afectar a su tribu, comienzan a pedir ayuda para resolver el problema de la tribu. Entonces, en la mayoría de los casos permiten extranjeros para realizar el trabajo por ellos, cuando se siente rebasados. Ahora, en países como Nicaragua, el presidente no tiene un compromiso o una línea cercana con el grupo que lo eligió. Como que tiene una separación entre los compromisos adquiridos en el cargo y lo que cumple.

¿Qué tratamiento utiliza usted con sus pacientes?
Yo utilizo un protocolo que fue desarrollado por los italianos y españoles, y que de momento no está alineado a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Que se basa en anticoagulantes, antinflamatorios y antibióticos de amplio espectro. El seguimiento debe ser periódico y constante, por ejemplo, un paciente que me consulta hoy, ya sé que las primeras 72 horas son críticas; entonces a ese paciente lo estoy llamando cada dos horas para que me pase signos vitales: presión, temperatura, oxímetros, y si son diabéticos, la glucosa.

¿Cuáles han sido los resultados de este tratamiento?
A pesar de que la mayoría tienen enfermedades crónicas, mis pacientes han salido muy bien. Todos se han recuperado, a excepción de dos pacientes que estaban sumamente delicados. Eran pacientes que habían sido tratados por otros médicos, y con uno de ellos se pensó que solo era una gripe y le mandaron únicamente jarabe para la tos. El virus avanzó durante 15 días que se desperdiciaron en otro tratamiento. Con la otra señora pasó algo similar.

¿Qué ha sido lo más dramático que ha vivido en estos meses?
Las muertes innecesarias. Les quiero decir algo que es muy delicado, pero que me he dado cuenta: existe una atención diferenciada de acuerdo al rango de los militantes sandinistas. Por ejemplo, los que son de rango inferior les dan tratamiento, pero los mandan a su casa. Los de rango medio los hospitalizan con oxígeno y otras atenciones más. Mientras que los que son militantes de alto rango van al Hospital Militar a hospitalizarse. Yo me enteré que en el Militar ya están usando el tratamiento de antinflamatorios y anticoagulantes, como el que yo aplico. En el Militar se les murieron los primeros casos porque no lo hacían. Yo lo sé porque tuve un paciente sandinista, porque yo soy médico y atiendo a todos por igual, y él se fue a ese hospital, y como era de rango medio, no lo hospitalizaron, y luego se murió.

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¿Y lo mejor de este tiempo?
Ver a mis pacientes recuperados, viéndolos querer comer de todo (ríe). Las recuperaciones que han sido la gran mayoría.

¿Qué lecciones nos dejará la pandemia?
Que las pandemias seguirán surgiendo y hay que estar preparados. Tenemos que fortalecer no solo los sistemas de salud, sino también los recursos económicos. Porque en las epidemias siempre son necesarios los recursos.

¿Cree que en algún momento se controlará la pandemia?
Sí, pero en otro contexto. Nicaragua es muy difícil. En Centroamérica de hecho el único país que parece que la va a controlar más rápido es Costa Rica; el otro pudiera ser El Salvador, que está siendo más ordenado y la puede controlar. Lo de la vacuna es una interrogante. Por ahora lo importante es cortar la vía de transmisión y eso solo se hace de una manera: identificando dónde está el virus; aislando y tratando. Hasta que llegue un momento que lo eliminemos.


Plano personal

Nació en Managua. Su papá de Managua y su mamá de Ocotal. El padre contador y su madre ama de casa. Ella fue la primera médico de la familia.

A pesar de vivir casi todo el tiempo en el extranjero, regresa a Nicaragua para visitar a su mamá.
Está soltera y tiene dos hijos, que se encuentran fuera del país.

Estudió Medicina en la universidad de San Carlos, Guatemala; Infectología en Luisiana, Estados Unidos, y una maestría en Salud Pública y un doctorado en Ciencias de la Salud en la UNAN-Managua.

Además del español habla inglés, francés, portugués y dos idiomas africanos: makua y kimbundu.

En el Congo conoció al doctor Denis Mukwege, premio Nobel de la Paz 2018.

Se actualiza leyendo decenas de artículos de Medicina al día. Además tiene varios contactos, como especialistas en organismos internacionales, que los consulta constantemente.

Además del PNUD, PMA y BM ha trabajado para Unicef, UNFPA, el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta y para las Fuerza Armadas Angolanas.