La Magazine más difícil

Esta edición de Magazine a duras penas llegó a las manos de sus lectores. Estuvo a punto de no salir. Déjenme contarles esta pequeña historia.

Las revistas Magazine y Domingo, de LA PRENSA, las hace, la parte de redacción, un pequeño equipo de cuatro periodistas que trabajan directamente conmigo. Todos hacemos de todo. Pues, hace poco más de un mes comenzamos a ser golpeados. Una redactora renunció al equipo porque encontró una mejor oferta en otro medio. Totalmente comprensible. Otro redactor tuvo subsidio por enfermedad. Y para remate, el domingo 7 de junio comienzo a sentirme mal y el lunes siguiente ya amanezco con temperaturas de 38.5 grados y el cuerpo como si me hubieran agarrado de piñata el día anterior. “Eso es Covid”, me dijo un médico amigo al que consulté. A falta de pruebas Covid, los exámenes clínicos confirmaron el diagnóstico: PCR alta y ferritina altísima.

Quedé fuera de juego completamente durante tres semanas. Me aislé totalmente. O sea, el equipo de Magazine y Domingo estaba reducido para ese entonces a ¡dos redactores/editores: Amalia del Cid y Abixael Mogollón! Estos dos jóvenes redactores quedaron sosteniendo las ediciones de Domingo de este mes, que nunca dejaron de salir, y avanzando, tanto como pudieron, la edición de Magazine de julio. Pero, desgraciadamente, los problemas no terminaron ahí.

A la cuarta semana ya me siento mejor y pienso integrarme “al suave”. Apoyar un poco, decía yo. Esa cuarta semana es decisiva para Magazine. Es la que llamamos “semana de cierre”. La más pesada de todas, pues editamos, revisamos, afinamos, armamos los trabajos y entregamos a imprenta. En la mañana del lunes de esa semana, Amalia de Cid se reporta contagiada. Tiene la mayoría de síntomas del Covid. ¡Santo Dios! ¿Y ahora? Ni modo, aislate, descansá y pásame todo lo que tengás. El regreso “al suave” que pretendía no va a ser posible. Y como si no fuera suficiente desgracia, por la tarde Abixael también se reporta con síntomas Covid. Solo quedaba yo, o medio Fabián porque todavía andaba tulenco.

Que, de un equipo de cuatro periodistas, tres nos hayamos contagiado con Covid, a pesar de estar separados físicamente, trabajando desde casa cuanto se pueda, nos puede indicar el altísimo nivel de contagio que hay ahora en Nicaragua. Los que sucede es que la mayoría, así como hicimos nosotros, nos tratamos en casa, sin que muchos sepan, porque no hay dinero para pagar un hospital privado y falta confianza para recurrir a uno público.

De parte de la jefatura de La Prensa se nos planteó la posibilidad de que ese mes no saliera Magazine. Para nosotros eso es dolorosísimo. Sería la primera vez en su historia que no llegaría a los lectores. Por suerte, esa semana regresaba al equipo Julián Navarrete, a reponer la periodista que renunció antes, y su apoyo fue valioso a pesar que, después de tantos meses desconectado de Magazine, andaba un poco perdido. Los muchachos, enfermos y todo, terminaron sus trabajos, y yo, dundo todavía por el Covid, asumí el cierre de la edición.

En las escuelas de periodismo nos enseñan que a los lectores no les interesa mucho cómo se hacen las noticias. No podemos andar por la vida explicándoles las agonías que se viven para parir un programa o un periódico o revista. ¡Y hay tantas historias! Lo único que vale es la calidad de lo que llega al público. Nada más. Esta vez, contra lo que enseña la academia, quise contarles como se hizo esta revista Magazine como un homenaje a ese pequeñísimo, pero “moridor”, equipo que hizo posible que Magazine siga viva y con los estándares de calidad de siempre, de tal forma que, de no contarle lo que les estoy contando, difícilmente usted se daría cuenta todo lo que pasó para que esta revista llegara a sus manos.