La medallista de oro que cumple siete días durmiendo en el piso para volver a Nicaragua

Hasta las luchadoras de la vida y del deporte como Sayra Laguna se quiebran. Acaba de cumplir su séptimo día durmiendo en el piso de una gasolinera en la frontera entre Guatemala y Honduras. Su único objetivo es regresar a Nicaragua para reencontrarse con su papá y sus abuelitas, quienes se encuentran en una situación compleja de salud. Y es que hasta hace unos años Laguna era uno de los símbolos deportivos en los Juegos Centroamericanos 2017, había conseguido oro en Judo y Sambo. Hizo que se entonara el Himno Nacional en el pódium y ahora solo pide volver a su tierra.

Laguna partió de Estados Unidos a Guatemala en un trailer, fueron cinco días entrando en terreno de nadie. Y hace una semana decidió emprender el viaje a Nicaragua junto a otros nicaragüenses (alrededor de 44). Sayra acostada en ese piso frío con una sábana y su equipaje que hace de almohada está en su límite. “No es nada fácil estar aquí pensando en mi familia. Cada día que pasa me estoy desesperando más. Este martes o a más tardar el miércoles nos hacen las pruebas de Covid-19 y así poder seguir avanzando para retornar», explica la deportista, que en diciembre de 2017 fue seleccionada como Atleta Amateur del Año por la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN) y el Comité Olímpico, de igual manera, la eligió como la más destacada entregándole un vehículo nuevo.

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Esa muchacha que de piel oscura y que atraviesa un laberinto por volver, fue número uno en 2018 en el ranking mundial de Sambo en los 60 kilogramos y es la única judoca de Nicaragua que ha conseguido cinco medallas en Campeonatos Panamericanos de manera consecutiva. Ya ni su figura física de atleta le importa. Vive como los demás pinoleros a la dádiva de las personas de buen corazón. Un día les pueden regalar pizza, la cual la devora como un manjar de los dioses, y otros días el sacerdote salesiano Juan Carlos González los ha acompañado con dos tiempos de comida. En otra ocasión un periodista de Honduras les obsequió un plato de comida.

Laguna no se arrepiente de la decisión que tomó. A pesar que ha sufrido picaduras de mosquitos y batallado con alergias en su piel, se mantiene en pie. “Todo lo hago por mi familia. Ellos son mi motor, mi fuerza. Espero ver a mi papá y mis abuelitas muy pronto», concluye, mientras se acomoda en el piso. Cierra los ojos con la esperanza de ver muy pronto el amanecer.