Presos políticos y régimen vengativo

Según organizaciones sociales y políticas de la oposición, y organismos defensores de los derechos humanos, casi 100 personas —entre las cuales se encuentran 4 mujeres, una de ellas transexual— están en prisión por motivos políticos, por oponerse de distintas maneras pero en todos los casos pacíficamente, a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Casi todos los presos políticos han sido o están siendo sometidos a procesos judiciales revanchistas, farsas montadas por el régimen dictatorial que los acusa de cometer delitos que no cometieron. Los fiscales y jueces se los imputan perversamente, con el fin de tener pretextos para procesarlos y condenarlos.

Una madre de preso político denunció en comparecencia por televisión esta semana, los maltratos que sufre su hijo dentro de la cárcel que en realidad los padecen todos los reos de conciencia. Precisó la señora madre que no solo es maltratado por los guardias de la prisión, sino también por presos comunes que son azuzados por las autoridades penitenciarias.

Ciertamente, los presos políticos no solo sufren la pérdida de su libertad personal, que es lo más valioso que tiene el ser humano según la sentencia aforística puesta por Miguel de Cervantes en boca de Don Quijote de la Mancha. Los presos políticos de Nicaragua tienen que soportar también el maltrato vengativo de la dictadura, por haber reclamado sus derechos y demandar justicia, libertad y democracia.

Una característica de la dictadura orteguista, que la diferencia para peor de la desaparecida dictadura somocista, es el ensañamiento revanchista con los presos políticos. La dictadura somocista era vengativa contra sus prisioneros, pero por lo general solo cuando se trataba de acusados y culpables de atentar contra la vida de los dictadores y sus esbirros, como por ejemplo en abril de 1954 y septiembre de 1956, cuando fue asesinado el general Somoza García.

Fuera de esos períodos los presos políticos no eran maltratados en prisión, como es habitual ahora. En el Frente Sandinista y en el mismo régimen orteguista todavía hay militantes que estuvieron en la cárcel durante el somocismo, los que después de pasar por los interrogatorios y algunas veces torturas en la Oficina de Seguridad Nacional, eran enviados a la Cárcel Modelo o la Aviación donde los carceleros respetaban su condición de seres humanos.

Según el moderno derecho penitenciario todos los presos, sean comunes o políticos, son personas cuyos derechos humanos deben de ser respetados. Inclusive, en la Constitución de Nicaragua escrito está que todos los nicaragüenses tienen derecho al debido proceso, que no deben ser maltratados ni torturados y que el régimen penitenciario es humanitario. Pero en la realidad esto es una falacia.

La dictadura imperante en Nicaragua —que esperamos no dure por mucho tiempo más—, no respeta nada, ni siquiera la dignidad humana de las personas que se le oponen y protestan contra ella. Mucho menos las palabras bonitas sobre derechos humanos que están escritas en el papel de la Constitución y la ley.