La revolución frustrada

Espero que este 19 de julio del 2020 cuando se cumplen 41 años de la Revolución que puso fin a la dinastía somocista, no habiendo nada trascendental que celebrar porque seguimos siendo el segundo país más atrasado de América Latina, espero, repito, que no se les ocurra a los potentados del FSLN hablar de grandiosas transformaciones que solo existen en sus anquilosadas y pervertidas mentes nostálgicas del pasado.

Para quienes duden de lo anterior, bastará que revisen las estadísticas de la ONU en desarrollo humano, en salud, en educación y en estado de pobreza, para que terminen de convencerse que la tragedia más grande que ha padecido Nicaragua en sus casi 200 años de vida independiente ha sido y es sin lugar a dudas, la supremacía al frente del gobierno nacional durante estos últimos años, del FSLN encabezado por los Ortega Murillo.

Todas aquellas promesas de justicia, progreso y libertad, el viento se las llevó inexorablemente, porque bajo el flamear triunfalista de las banderas rojinegras se escondía, nada más y nada menos, que la estafa del siglo más grande sufrida por el heroico pueblo nicaragüense, en su convulsionada historia republicana. La dictadura solo cambió de nombre, en vez de somocismo pasó a ser orteguismo.

Así es que, mis queridos compatriotas, este 19 de julio próximo no hay nada que celebrar. Más bien quiero instar a la Coalición Nacional a que declare esa fecha Día de Luto Nacional y que recordemos con unción patriótica el 18 de abril del 2018, que marca un hito alentador en la reciente historia de Nicaragua.

Hagámoslo con nuestras banderas azul y blanco enlutadas: por los jóvenes y ancianos que cayeron en nuestras ciudades y campos clamando por libertad y democracia; por los hombres y mujeres que fueron vejados y torturados en las ergástulas de la brutal tiranía; por los que siguen secuestrados en las inmundas mazmorras del orteguismo, por el solo hecho de pensar distinto de lo que piensan sus opresores; por los campesinos asesinados impunemente en nuestras montañas y comarcas circunvecinas; por los periodistas que sufrieron cárcel, exilio o muerte en defensa de la libertad de expresión en beneficio de todos sus conciudadanos; por los niños que siendo promesa de un venturoso porvenir entregaron tempranamente sus vidas en el altar de la patria; por los que han sucumbido ante la pandemia del coronavirus debido a la falta de sensibilidad humana de los usurpadores Ortega Murillo, y por todos aquellos que no cejaremos en nuestro vital y decidido empeño hasta que Nicaragua vuelva a ser república!

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).