Legitimar liderazgos

Lo mejor de mi generación, como dije antes en otro artículo, está en los cementerios, en la cárcel, en el exilio. Una generación con una fuerza moral y ética frente a la dictadura y a la casta política que señala el desconocimiento de la historia, según un político tradicional. Pero a esa afirmación incoherente le agrego: abril 2018 es el mejor ejemplo de que sí sabemos de historia, porque nuestra protesta es cívica y pacífica, a diferencia de la herencia de confrontación entre nuestro mismo pueblo por los caudillos que nos han tocado padecer.

Por ello es temeroso que los actuales “liderazgos” tiendan a creerse que son la única fuerza capaz de hacer los cambios necesarios al sistema político actual. Para comenzar, dejemos de llamarles líderes estudiantiles. Si no están estudiando, ya no es admisible llamarles así, en todo caso habría que decirles líderes juveniles y buscar legitimar o relevar (que fuese lo más sano) para darle otros rostros a la lucha.

La manipulación tras el financiamiento a estos liderazgos solo ha causado que muchos tiendan a perder el pensamiento crítico y la noción original de la lucha, pues la lucha estudiantil fue cooptada para ser instrumentalizada a favor de quienes financian a estos. Lo que representa una traición a la mística de abril, de ese 2018 que anticipó el invierno cruel de la dictadura.

En días pasados, monseñor Rolando Álvarez a través de su cuenta de Twitter hizo un llamado a la juventud en general: “Muchachos, sigan siendo protagonistas de la historia… No se dejen arrebatar su sitio, su lugar”. Es un llamado a toda la juventud, a la que yace ausente, sin espacio y sin voz para proponer la Nicaragua que merece y por la que luchó desde la trinchera que creyó que servía a la causa.

Sin embargo, ya dicho de varias maneras, la genética política nuestra, de caudillos y mesías, no ha desaparecido. No estaría pecando al decir que entre esos liderazgos esté un dictador en potencia que usurpa la lucha de toda una generación para buscar la realización de sus intereses personales. Y otra vez es lo mismo de ayer que se proyecta para seguir hundido en el sistema y en el modus operandi de los peores políticos de nuestra historia.

La mejor forma en que la juventud tome su lugar y la palabra es organizándose en los territorios, haciendo un trabajo silente y efectivo para buscar y consolidar los liderazgos sanos y sin pretensiones personales, de gente que luche por el bien del individuo sin distinción alguna.

Urge una juventud que vea en el ideal, en la ética y la moral, la base de sus liderazgos, que tengan a Nicaragua primero.

Es imperativo organizarnos al margen de lo que ya está perdido.

El autor es articulista y reseñista.