Fecha nefasta en la historia nacional

El sábado 11 de julio, con motivo del 127 aniversario de la revolución liberal dijimos que esta tuvo consecuencias positivas pero también resultados negativos.

Lo mismo deberíamos decir ahora de la revolución sandinista, de la cual se conmemorará este 19 de julio el 41 aniversario. Es una conmemoración obligada por ley, aunque la mayor parte de los nicaragüenses no son sandinistas, sino lo contrario. Así lo han demostrado cuando han tenido oportunidad de escoger en elecciones libres y a falta de estas lo confirman las encuestas confiables.

Es muy difícil distinguir cuáles fueron los hechos positivos de la revolución sandinista, aparte de haber puesto fin a la dictadura somocista. Lo que se puede apreciar es que casi todo fue negativo durante los 10 años y 6 meses que duró esa revolución, de 1979 a 1990. A lo cual hay que agregar los otros hechos nefastos que, como secuela de la revolución, causaron los sandinistas “gobernando desde abajo” en el período de los gobiernos democráticos.

Según los historiadores o mejor dicho los propagandistas sandinistas, su revolución tuvo logros grandiosos para los nicaragüenses. Pero los acontecimientos históricos como las revoluciones se valoran por sus resultados, no por lo que dicen los propagandistas políticos.

Si hubiera sido cierto que la revolución sandinista produjo grandes transformaciones económicas y sociales para beneficio del pueblo, la población de Nicaragua sería ahora una de las más ricas —o menos pobres— de las Américas.

Pero la realidad es que casi la mitad de los nicaragüenses viven en la pobreza y el 18 por ciento en extrema pobreza.

Los datos no son de algún detractor de los sandinistas, sino de la Comisión Económica (de las Naciones Unidas) para América Latina (Cepal).

Algunos sandinistas aseguran que al menos hay que reconocerles que realizaron elecciones libres y limpias en 1990, y que al perderlas admitieron el triunfo de la oposición y entregaron voluntariamente el poder.

Pero ellos no hicieron aquellas elecciones por su propia voluntad, ni entregaron el gobierno —aunque no el poder— porque eran democráticos. Fueron obligados, por la guerra de la Contra, por la presión internacional y por el espantoso desastre económico y humano que causaron sus medidas revolucionarias.

Los comandantes sandinistas siempre fueron enemigos de las elecciones libres, no admitían ni siquiera la idea de rifar el poder y menos entregarlo. Aseguraban que en Nicaragua nunca más habría elecciones, porque el pueblo ya había votado el 19 de julio de 1979. Así lo ratificó el comandante Humberto Ortega, en nombre de la Dirección Nacional del FSLN, el sábado 23 de agosto de 1980 al clausurar oficialmente en la Plaza de la Revolución la Cruzada Nacional de Alfabetización.

Lo más que admitieron los sandinistas antes de 1990, fue un simulacro de elecciones, en 1984, para tratar de aliviar la grave crisis nacional que había causado la revolución y por consejos de sus amigos socialdemócratas de la comunidad internacional.

Para ser consecuentes con la historia, el 19 de julio debería ser reconocido como una fecha nefasta de la historia nacional.