¿Por qué este 19 de julio puede ser el más amargo para el dictador Daniel Ortega desde que retornó al poder hace 13 años?

Daniel Ortega atraviesa su peor momento en los últimos años. Este 19 de julio ha dejado en evidencia el gran impacto que ha tenido la pandemia del Covid-19 en las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), sumado a la crisis política y económica, así como el acorralamiento financiero al que él y su familia están siendo sometidos por parte de Estados Unidos, que está presionando por una transición democrática en el país.

Atrás han quedado aquellos años en que Ortega aprovechaba la celebración del triunfo de la revolución sandinista para darse un baño de masas, con evidente derroche de recursos del Estado, teniendo como aliado al sector privado y con un claro apoyo de los organismos financieros internacionales que le aprobaban millones de dólares en préstamos. Y para bendición de él y su círculo de poder, con negocios floreciendo a costa de los recursos provenientes de la cooperación de Venezuela, que hasta ahora se desconoce si algún día Nicaragua deberá pagar con los impuestos en caso que un nuevo gobierno en el país sudamericano reclame una deuda.

Ahora Ortega está más solo que nunca. Sin viejos aliados, con cero financiamiento externo y con una pandemia que parece incapaz de controlar, aunque intente ocultarlo con entierros exprés y cambiando diagnósticos de los infectados. Tampoco ha sido capaz de resolver la profunda crisis política que le estalló en abril del 2018 y que ha pasado factura a la economía: dos años y medio de recesión.

Eso sí, hoy más que nunca el dictador está aferrado al poder, como en los tiempos de Somoza, que el FSLN apunta de balas lo bajó del poder y de ahí la celebración del 19 de julio, que muchos exguerrilleros y excompañeros de lucha de Ortega califican como la revolución fallida tras el secuestro de esta por parte de una familia obsesionada con el poder.

Para Suyen Barahona presidenta del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) el mal manejo de la pandemia ha provocado que la dictadura se vea más debilitada. Además, señala que hay cierto resentimiento entre las bases del régimen, ya que sienten que fueron engañados sobre los peligros de esta enfermedad.

“Daniel Ortega desde hace rato ha dejado claro que no tiene la posibilidad de seguir gobernando. Pero con el mal manejo de la pandemia lo ha remarcado. Está en los nivele más bajos de apoyo entre sus bases a los que ha mandado a morir”, remarca la presidenta del MRS.

Más sancionado que nunca

El régimen también está golpeado por las sanciones personales que se le han impuesto desde el exterior, las últimas fueron precisamente el pasado viernes cuando Estados Unidos, sancionó a Juan Carlos Ortega Murillo, hijo de la pareja presidencial.

A mediados de junio el gobierno de Suiza, sancionó a seis funcionarios de la dictadura, mientras que en mayo la Unión Europea sancionó al jefe policial y consuegro de Daniel Ortega, el comisionado Francisco Díaz, al operador político Néstor Moncada Lau, la exministra de salud Sonia Castro, y también a los jefes policiales Ramón Avellán, Luis Alberto Pérez Olivas y Justo Pastor Urbina.

Un sociólogo y profesor universitario que no quiso ser citado por temor a represalias, dijo a LA PRENSA que la dictadura está sumamente debilitada por los factores económicos, y por no encontrarle salida a la crisis política que se viene arrastrando desde 2018, incluso este catedrático aseguró que ya es palpable cierto distanciamiento desde el Ejército Nacional y no descarta que las relaciones entre la dictadura y el cuerpo castrense estén debilitadas.

“Ortega y Murillo reinan, pero no gobiernan. Son personas que están aisladas y dando órdenes desde sus celulares. En su última comparecencia el Ejército no puso la bandera rojinegra y es evidente que solo cuando es un acto con Ortega la ponen. Esa relación de poder se está debilitando”, dijo este sociólogo.

El pasado 22 de mayo en un hecho histórico el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, sancionó al comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, general Julio César Avilés.

El Tesoro norteamericano señaló al general Avilés de estar “alineado políticamente con el presidente Ortega, y se negó a ordenar la inhabilitación y el desmantelamiento de las fuerzas paramilitares o parapoliciales durante y después de los levantamientos políticos que comenzaron el 18 de abril de 2018”. Además, se acusó al Ejército de proporcionar armas a estos grupos parapoliciales.

Desde la comunidad nicaragüense en el exilio igualmente se opina que Ortega llega debilitado a este aniversario del derrocamiento de Somoza. El trabajador social y activista opositor, Yaser Morazán, desde Costa Rica señala que “Ortega está más débil que hace dos años por las sanciones, las acciones de boicot comerciales dirigidos y la perdida masiva de militantes”.

Sin embargo, Morazán resalta que en medio de estas adversidades el Frente Sandinista también puede perfeccionar y fortalecer su actuar “criminal”.

“El FSLN opera fuera de la ley como los grupos terroristas y narcos. Estos en la adversidad perfeccionan y fortalecen sus sistemas delincuenciales frente a las sanciones burocráticas, de ahí que en Nicaragua abunden los testaferros, trafico de influencia, lavado de dinero, y la supuesta aparición mágica del dinero de los narcos”, finalizó el activista en el exilio.

Popularidad por el suelo

Este descontento generalizado de la población, fue más palpable luego de la publicación de la última encuesta de Cid Gallup, en la que se reflejó la poca popularidad de Daniel Ortega y de su partido.

Según este sondeo que se hizo entre mayo y junio si las elecciones fueran el día de hoy solo uno de cada cuatro nicaragüenses votaría por el Frente Sandinista. Esta encuesta también reveló que la oposición en su conjunto sumaría más votos, pero no hay una figura clara de liderato y este voto se encontraría fragmentado.

Roberto Courtney, director de Ética y Transparencia resaltó que con esos resultados y el cambio de magistrados en el Consejo Supremo Electoral (CSE) y la observación internacional, Daniel Ortega podría perder unas elecciones. “Daniel Ortega une a la oposición y divide al sandinista”, afirmó Courtney.

Más desempleo

Por otro lado, el desempleo y la galopante crisis económica agravada por el Covid-19, no ayudan en nada a la dictadura. La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) a inicios de mayo alertó en su informe coyuntural de que producto de la crisis sanitaria se perderían entre 59,300 y 123,400 empleos en todo el país.

De cumplirse esas proyecciones, el número de nicaragüenses sin trabajo desde el 2018 se habrá ensañando fuertemente. En el 2017- antes de la crisis política- apenas 120,900 estaban sin trabajo, cuya masa puede ampliarse este año a entre 272,600 a 336,700, según cómo reaccione la economía al choque de la pandemia, que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe el PIB se desplomará 8.3 por ciento, el peor pronóstico internacional hasta ahora para Nicaragua.

El mal manejo de la pandemia, ha ocasionado que el Gobierno no pueda acceder a fondos de apoyo a nivel internacional estimados en casi 40,000 millones de dólares. El Fondo Monetario Internacional no le ha soltado ni un dólar, mientras a todos los gobiernos de la región ya les desembolsó préstamos para que ayuden a sus ciudadanos.

Ortega pondrá en pausa su autoconfinamiento

Pero además Ortega, el Gobierno de los pobres, no ha adoptado verdaderas medidas de alivios a la población como en países de Centroamérica, donde se ha ayudado a la gente con moratorias en los servicios básicos, transferencias de bonos estatales, prórroga en pagos de deudas, entre otros.

Por el contrario, desde que se desató la pandemia el dictador ha estado más ausente que nunca. Opositores como Eliseo Núñez señalan que “los dictadores están en cuarentena”. Este 19 de julio Daniel Ortega cumpliría 38 días sin dar la cara. En medio de la incertidumbre de como se “celebrará” este aniversario de la revolución, ya que Rosario Murillo en su última comparecencia previa a este aniversario no informó nada al respecto y han corrido diversos rumores sobre celebraciones en parques, caravanas por Managua, pero hasta ahora no se ha confirmado nada.

Así pues, lo más seguro es que este 19 de julio Ortega dé su discurso de todos los años, pero esta vez y por primera vez en cuatro décadas desde el derrocamiento de la dictadura de Somoza, detrás de una cámara y rodeado de unas cuantas personas, en medio de las horas más bajas para él y para su partido desde que volvió al poder en 2007.