El mejor lanzador del beisbol nicaragüense estaría sembrando frijoles de no haber elegido ser pelotero

Desde que el lanzador nicaragüense Jorge Bucardo saltó al beisbol profesional a los 17 años de edad en 2007, fue considerado un prospecto de mucho valor para los Gigantes de San Francisco y rápidamente se abrió paso en la organización, a la par de futuras estrellas de las Grandes Ligas como Buster Posey, Brandon Crawford y Zack Wheeler.

La carrera de Bucardo sufrió un gancho al hígado tras la temporada del 2010, la cual la terminó en Clase A fuerte con tan solo 20 años de edad y estaba en la lista de los mejores prospectos de los Gigantes. Sin embargo, como él mismo admite, la inexperiencia le pasó factura, y al no enfocarse como debería, terminó lesionándose en la Liga de Beisbol Profesional de Nicaragua, lo que lo llevó al quirófano y cuatro años más tarde había quedado fuera de la organización.

Nadie sabe si Bucardo hubiera llegado a las Grandes Ligas, de lo que sí se tiene certeza es que tenía el talento para hacerlo.

Lea además: Tres innings poderosos de Jonathan Loáisiga ante los Mets y está llamado a brillar esta temporada con los Yanquis

De cualquier modo, regresó a Nicaragua y se convirtió en el mejor pistolero del país, guiando a los Dantos a los títulos de 2016 y 2018 con dos triunfos en cada Serie Final, y con la Selección Nacional en 2019 se consagró al vencer a Colombia en el juego por la medalla de bronce del torneo de beisbol de los Juegos Panamericanos de Lima, un par de meses después que había lanzado cinco innings perfectos a Cuba en una serie amistosa en Managua.

Detrás de ese historial beisbolero, está un tremendo ser humano que es un modelo a seguir por los lanzadores jóvenes de los Dantos, por su ética dentro y fuera del terreno de juego.

Sin embargo, ¿qué sería de su vida de no haber elegido el beisbol?

Bucardo es originario de El Sauce, León, y creció en medio de una familia agricultora. Su pasión por el beisbol nació al ver en acción a sus dos hermanos mayores (Wilber y Byron) en ligas juveniles.

“Siempre miraba a mis hermanos que andaban jugando juntos en un equipo juvenil. Yo decidí seguir sus pasos y empecé a jugar en la infantil en El Sauce con el equipo de mi colegio, después pasé a la juvenil y de ahí a la Mayor A con un equipo que manejaba mi mamá y ahí jugábamos los tres hermanos”, recuerda Jorge.

“Mi mamá (Reyna Castillo) siempre trababa de disfrutar los domingos y se metió a armar un equipo de Mayor A y ahí estábamos los tres hermanos. De ahí fue que Alex Torres nos llevó a su academia a Wilber y a mí”, cuenta Jorge, cuyo hermano Wilber también firmó con los Gigantes y ambos lograron jugar juntos en las Ligas Menores. Wilber es ahora lanzador de los Leones.

A pesar de su gran pasión por el juego, Jorge y sus hermanos estaban conscientes de sus obligaciones en la casa, como ayudantes de su papá en la siembra de arroz, frijoles, maíz y trigo.

“Siempre traté de ayudar a trabajar a mi papá. La vida del campo es dura. Estudiaba sabatino y los días de semana trabajaba con mi papá en la agricultura”, asegura.

Ya incluso con una carrera profesional como pelotero, Jorge no fue capaz de dejar a su padre solo en el campo.

“Cuando regresé de los Estados Unidos en 2014, antes de venirme a vivir a Managua, nos fuimos a meter a la ‘jungla’ con mi papá. Estábamos a dos horas de la casa a caballo para ir a sembrar y mi papá necesitaba ayuda. Lo único que le pedí es que nos fuéramos una semana completa a trabajar porque ir y volver el mismo día era muy duro. Y lo volvería a hacer si me necesitara de nuevo”, afirma el tirador de 53 victorias y solamente 16 derrotas, con 23 juegos salvados en los campeonatos nacionales desde 2015.

“La verdad es que la vida del campo es dura. Me gustaría vivir en el campo, pero buscaría la forma de hacer menos pesada la vida ahí”, valora.

No obstante, esa posibilidad parece remota. Al menos para vivir ahí de forma permanente, puesto que se siente en capacidad de convertirse en un exitoso coach de picheo. De hecho, ya hace algo de eso porque es un consejero de sus compañeros de staff.

“Si me dan la oportunidad de trabajar como coach, me gustaría enseñar lo que aprendí. Llegar a jugar a Triple A, a un paso de las Grandes Ligas, es un conocimiento grande, además he tenido buenos entrenadores y he ido captando un poco de cada uno de ellos”, dijo.

Bucardo tiene dos hijos que quieren imitarlo, pero antes del juego, les ha pedido que pongan en primer lugar los estudios. “Los dos varones que tengo tratan de jugar beisbol, pero siempre les digo que se preparen y después que jueguen, porque el beisbol no es para siempre y si hay una lesión y no se preparan, van a tener una vida difícil”, concluyó.