Rosario Murillo convirtió el 19 de Julio en un acto privado al que no estaba invitado cualquier sandinista

La última vez que la plaza Juan Pablo II estuvo vacía un 19 de julio fue en 1978. Este año, la plaza solo recibió a unos cuantos simpatizantes sandinistas que decidieron llegar para tomarse fotografías, consumir bebidas alcohólicas y comprar camisetas o banderas del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Cerca de las nueve de la mañana llegaron los primeros grupos a la plaza, los vendedores ya estaban listos. La mayoría se movilizó en sus propios vehículos, este año tampoco fue “secuestrado” el transporte urbano colectivo. Los managuas se salvaron de quedar a pie.

Sin tarima, sin el fuerte dispositivo policial y las banderas rojinegras, la plaza lució desnuda, hasta pasado mediodía fue cuando más personas se movilizaron al lugar. Poco a poco aparecieron más policías y muchos motorizados.

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Managua solitaria

Así de vacía estuvo la plaza durante casi toda la mañana del 19 de julio. LA PRENSA/A.MOGOLLÓN

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Desde la noche anterior las calles de Managua fueron recorridas por pequeñas caravanas de vehículos que con banderas y parlantes, saludaban a la gente que los veía pasar por los barrios de la calurosa Managua.

La ciudad para ser domingo lucía más vacía, muchas rutas circulaban con apenas algunos pasajeros. Algunos motorizados con banderas rojinegras recorrían la ciudad en círculos, al parecer la orden fue que anduvieran sin rumbo hasta cerca de las tres de la tarde que fue cuando más personas llegaron a la plaza.

Por un momento dio la impresión que aquella plaza iba a recibir a más personas. Tres buses llegaron cargados de sandinistas, muchos de ellos sin mascarilla. Frente al obelisco de la plaza se puso una especie de pequeña tarima negra, con su viejo esqueleto sarroso pareció que la militancia esperaba a que Ortega llegara. Nadie se atrevía a subir a la vieja tarima, ni siquiera los “compas” que compartían una botella de ron barato a pico de botella.

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La celebración privada

Momento en que ingresan los invitados al acto privado de Daniel Ortega. LA PRENSA/A.MOGOLLÓN

Al otro lado del viejo centro de Managua, frente al Palacio Nacional se colocaron sillas y se cerró el paso con malla y barandas. Los principales accesos al parque estaban custodiados por agentes de la Policía. Era como si existieran dos tipos de celebraciones, por un lado, los sandinistas de la plaza con sus parlantes y de pie, por el otro lado los sandinistas cercanos a Ortega sentados en una celebración privada.

“¡Aquí estamos y no tenemos miedo!”, gritó un vendedor de banderas rojinegras. El entusiasmo se calmó cuando cerca de las tres de la tarde comenzó un fuerte viento que levantó un gran polvazal, la gente se apartó, pero muchos quedaron bañados de polvo y si eso no fuera suficiente comenzó a llover.

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La gran mayoría se movilizó a la plaza en sus propios vehículos. LA PRENSA/A.MOGOLLÓN

Todos comenzaron a correr a sus vehículos incluso los que andaban a pie corrieron en cualquier dirección. La brisa fue breve, pero en la avenida Bolívar fue más fuerte. Los principales perjudicados fueron los policías que custodiaban esta calle, que este 19 de julio por primera vez podía ser recorrida en automóvil.

El intento

Hombres con camisetas azules se encargaron de evitar que los sandinistas entraran a la celebración privada de Daniel Ortega. LA PRENSA/A.MOGOLLÓN

Luego de la lluvia llegaron más policías y hombre uniformados con camisetas azules. Se regaron entre los pocos sandinistas que quedaron. El grupo más grande se instaló lejos de la plaza, casi en frente del Palacio Nacional, en un abrir y cerrar de ojos los sandinistas se apostaron en plena carretera haciendo ademán de querer ingresar al evento privado de Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero rápidamente los encamisados de azul se les pararon en frente y evitaron que cruzaran la calle.

La Policía se puso nerviosa y llamó a más patrullas, por un momento pareció que los sandinistas “de segunda” iban a tomar por asalto el escenario donde un par de horas después aparecería Daniel Ortega y Rosario Murillo.

“¡Somos sandinistas y queremos ver a Daniel!», gritó un hombre que levantaba una bandera del FSLN.

Durante varias horas fueron más los vendedores que había al rededor de la plaza que los simpatizantes sandinistas. LA PRENSA/A.MOGOLLÓN

La cadena humana rindió sus frutos y varios orteguistas se replegaron hacía la plaza. Otros en cambio se quedaron frente al Palacio Nacional con la esperanza de ver a Ortega de largo.

Mientras el dictador llegaba al acto de la revolución, más vendedores llegaron a la zona, pero no se les permitía vender cerca de las entradas al parque.

En el Carmen después de mediodía la vigilancia aumentó, lo que indicaba que Ortega estaba cerca de salir. En cada esquina había hasta cuatro policías, se comenzaron a cerrar accesos en las calles aledañas hasta que caída la tarde Ortega y Murillo se aparecieron en la plaza bajo un fuerte contingente policial y para sorpresa de la mayoría, usando mascarillas. Lo que no fue una sorpresa fue el discurso.