Zona de Strikes: Everth Cabrera fue ejemplo antes de malgastar su futuro

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Es triste como terminó la carrera de Everth Cabrera, y peor aún, los rumbos que ha tomado su vida, pero antes de que le pusiera dinamita a su futuro, el nandaimeño era un ejemplo admirable.

Sobre el terreno de juego, Cabrera impactó su velocidad al correr, lo acrobático de su defensiva y lo agresivo de su bateo. Y fuera del campo, aplaudimos el coraje y la determinación con que buscó una oportunidad.

Y cuando la oportunidad le llegó, pareció listo para comerse el mundo y empezó a crecer. El talento y el trabajo duro lo llevaron hasta la cima, pero ahí lo esperaban la distracción y la vanidad y lo atraparon por completo.

Nunca sabremos qué clase de historia habría construido Everth, de haber trabajado en serio, pero sobre todo, de haber mantenido el enfoque. Siempre quedó la sensación de que malgastó sus dones.

Y todo inició en las calles de Nandaime, que fueron el primer terreno en las que el velocísimo infielder, comenzó a mostrar su talento, justo cuando se resistía a ir a la escuela para aflicción de su mamá, Xiomara Membreño.

Lo que ocurrió cuando su firma, grafica bien a Cabrera. Los Rockies de Colorado hicieron un tryout en Managua y no les gustó. Lo apartaron. Y cuando fueron a otras pruebas en Nandaime, Cabrera se les metió de nuevo y ahí los convenció de su potencial.

Firmado por cinco mil dólares el 11 de junio del 2004, el nica comenzó a mejorar en las Ligas Menores, donde además lo convirtieron en bateador ambidextro, pero el gran salto lo dio en 2008, cuando bateó para .284, anotó 80 carreras y se robó 73 bases en Clase A.

Eso resultó suficiente para que los Padres, por sugerencia del scout Félix Feliz, lo tomaran en el draft de la Regla V. Ahí se ganó el puesto en los entrenamientos primaverales y debutó en las Mayores el 8 de abril del 2009, jugando el shortstop para el club de San Diego.

En esta temporada inicial, Cabrera vivió el momento de mayor impacto en su carrera, cuando le disparó un jonrón con bases llenas en el noveno inning y el juego 2-2, al estelar relevista venezolano Francisco Rodríguez de los Mets, vencidos por los Padres 6-2 en el Petco Park de San Diego.

Cabrera terminó con .255 (373-96) la temporada con 59 anotadas y 25 robos y recibió votos para el premio al Novato del Año, antes de que lesiones frenaran su ritmo en las dos campañas siguientes. Y tras recuperar su salud, no pudo elevar su rendimiento.

Sin embargo, en el 2012 se introdujo entre los “ases” de la Liga Nacional, al liderar el viejo circuito en bases robadas con 44 en 48 intentos, es decir, con un 91.7 por ciento de éxito, lo que constituye un récord para la franquicia de San Diego.

Ese mismo año, el 14 de junio, tuvo otro detalle histórico cuando se robó el home ante Kenly Jensen para empatar el juego ante los Dodgers en el noveno inning y la carrera de la victoria fue anotada instantes después, cuando el cerrador tiró mal al home, tratando de atrapar al nica.

En treinta años en las Mayores, no se había visto algo igual, que se empatara y ganara un juego por robo del home en el noveno inning o después. Y en el 2013 subió aún más, al impactar tanto que fue llamado al Juego de Estrellas en el Citi Field de Nueva York.

Ese año bateaba .291 y se había robado 34 bases a la mitad de la temporada. Estaba en la cima de su carrera. Incluso, el 14 de mayo, había conectado el hit número 60,000 en la historia de los Padres y llevaba 69 juegos seguidos como titular en las paradas cortas.

Pero justo ahí, cuando vivía el pico de su máxima popularidad, inició el principio del fin de su carrera. Vino una suspensión de 50 juegos por sustancias prohibidas y luego arrestos por consumo de drogas, un demonio contra el que todavía batalla.

Después de continuar en San Diego durante el 2014, temporada en la que voló bajo, con promedio de .232, el nica no recibió contrato para el 2015, pero los Orioles, que enfrentaban la salida de J.J. Hardy por lesión, le abrieron un chance que no aprovechó.

Baltimore lo dejó libre después de 29 partidos en los que bateó .208 (96-20) y los Gigantes se lo llevaron a sus Ligas Menores, pero no jugó en el big show, ni siquiera con los Medias Blancas, el último equipo de Estados Unidos al que estuvo vinculado en 2017.

Everth jugó por última vez en las Mayores el 4 de junio del 2015, con los Orioles ante los Astros, con lo que llegó a su final, una admirable historia que él mismo se encargó de truncar.

También jugó y con éxito en la Liga Mexicana del Pacífico, donde militó con los Yaquis de Ciudad Obregón, con quienes incluso conquistó el título nacional de la campaña 2010-2011 y la Serie del Caribe en el 2011 en Mayagüez, Puerto Rico.

De igual modo jugó en República Dominicana con los Tigres de Licey y en la Liga Mexicana con otros conjuntos, antes de ver cerradas las puertas por bajo rendimiento y mal comportamiento. También estuvo unido a los Tigres, Leones, Bóer y Gigantes en la Liga Profesional de Nicaragua.

A nivel local, Cabrera debutó con el Bóer en Primera División en el 2004 y tras militar con el Granada en los últimos años, resume .291 (110-25) con 28 anotadas y 21 remolques en 57 juegos en total. Una carrera también breve en los torneos nacionales.

Lo lamentable en todo, es que pudo haber escrito una gran historia, pero en lugar de eso, se dejó atrapar por las garras de las drogas y se asegura que aún lo tienen atenazado. Antes de todo esto, fue sin duda, un admirable ejemplo que vale la pena rescatar.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR