La necesidad de creer

Tienen mucha razón quienes dicen que no hay que obligar a nadie a creer, y es que creer es una necesidad y en consecuencia requiere ser satisfecha.

Creer significa dar por cierto una cosa que no está demostrada, es decir, se cree antes de comprobar. Le digo a mi hijo: “¡Sabés… creer es una necesidad!”. Y él me dice: “Sí… porque de qué te vas a agarrar, ¿de los anhelos?”.

¡Interesante!

El creer es una necesidad vivencial, más aún que fisiológica, ya que se encuentra ligada al instante mismo de la vida… que no es que se viva una vez, sino cada instante.

Y así cada acción humana está acompañada de una tácita o directa confesión , “yo… sí creo”, afirmación que posibilita nuestro aprendizaje.

El niño que se sentó, ya “gatea” y para caminar debe creer en la voz de su padre que, estirándole sus brazos, lo anima a dar sus primeros pasos, el sordomudo que necesita comunicarse debe creer que todo ese aparato gesticulatorio de ese método, fue diseñado para que él pueda tener voz y oídos y así interactuar con el mundo. Gracias a creer en esto, actualmente hay universidades y profesionales con esta discapacidad que son útiles a sí mismos y la sociedad.

Antes de subirnos a un avión debemos creer primeramente que el piloto tiene la capacidad de conducir el vuelo y que ese aparato está en las condiciones apropiadas para hacer la travesía, y es hasta llegar al destino que tenemos la certeza, que así era efectivamente. Si no creemos de previo, no hacemos el vuelo.

Y así todo; ¿cómo podrá construirse una relación de amor si no creo tu confesión de que me amás? ¿Cómo pretendo sanarme si no creo en la receta del doctor?

Los semáforos serían inútiles si no creemos que sus señales son universalmente aceptadas, verde para pasar y rojo para detenerse. En cierta forma el creer y el no creer, a lo largo del proyecto de la vida, se comportan como un semáforo donde el no creer es el rojo que detiene, imposibilita; en cambio, el creer es el verde que anima a circular, a continuar por las vías que nos llevan al triunfo o a los fracasos; al fin y al cabo, estos últimos son mojones que nos indican que hay que modificar la ruta. ¡No se puede vivir absolutamente, sin riesgos! Yo no hubiese sido médico, sin aceptar los riesgos de contraer enfermedades.

Los pioneros, innovadores y fundadores creyeron primero y después actuaron.

Es sano descubrir que el creer siempre va acompañado de riesgo y yo diría que ambos tienen un elemento común: “son una necesidad para el desarrollo del potencial humano”.

¡Atrévete a creer, lo necesitas!

El autor es médico.