A la batalla cívica

Plantear la posibilidad de una guerra civil, si Ortega cierra todas las puertas de la paz, no es, en forma alguna, promover esta alternativa. Todo lo contrario. Es advertir su peligro para enfatizar la importancia crucial que tiene lograr que dichas puertas no se cierren. En las circunstancias actuales esto significa pelear la vía electoral. Poner todas las energías de la oposición en construir una alternativa electoral atrayente, fuerte y masiva, que aglutine la mayoría del 80 por ciento de la población que rechaza a Ortega.

El problema es que Ortega no va a exponer su pellejo político en comicios limpios —donde pueda perder no solo el ejecutivo, sino una significativa mayoría parlamentaria. Pero esto no significa que la oposición tendrá que resignarse a quedarse en casa. Porque aun cuando Ortega no conceda las reformas necesarias para una elección libre, transparente y observada, la oposición podría propinarle una decisiva derrota política.

Un primer paso para desafiarlo en dichas circunstancias es, evidentemente, lograr un alto nivel de unidad opositora.

No una unidad absoluta, la cual nunca es posible —siempre habrá zancudos y disidentes—, sino una que aglutine los sectores políticos y sociales más importantes del país, y que sea percibida por la población como la fuerza antiorteguista más fuerte y representativa.

Uno de los obstáculos para lograrlo es el enconoso problema del peso o representatividad que debe otorgarse a los dispares componentes de la actual oposición. Además de producir un candidato presidencial de consenso, el bloque opositor deberá construir su lista de diputados y autoridades municipales. Y allí es lógico que surjan disputas respecto a la cuota que corresponde a cada cual. Existe, empero, una forma de resolverlo: dar un plazo a cada uno de los grupos integrantes para que produzca una lista de afiliados. Esta sería auditada por árbitros independiente que corroborarían los nombres y números de cédula de estos. Tendrían entonces más peso quienes logren mayores números. Porque en democracia, guste o no, no cuentan los méritos individuales sino la sumatoria de individuos.

Un segundo paso, urgente, es que la oposición proponga ya una terna o conjunto de magistrados, de credenciales impecables y mucho prestigio, como candidatos para el Consejo Supremo Electoral. Si el gobierno los rechaza, estará mostrando su mala voluntad. Si acepta, la oposición estaría asegurando testigos de peso dentro del proceso electoral.

Construido un frente amplio opositor, un siguiente y tercer paso es organizar un ejército de fiscales y supervisores de juntas electorales, alrededor de 30,000 activistas, bien entrenados y confiables, más un consejo electoral independiente, integrado por la terna antes mencionada, en caso de que el gobierno niegue incorporarlos. De esta forma, y aunque el gobierno trampee y oculte datos, la oposición podría participar bajo protesta, denunciando las anomalías, y montando un sistema paralelo de conteo y observación que publique resultados alternos.

Es cierto que en tal escenario el gobierno podría anunciar a su “ganador” y tratar de consumar el fraude. Pero si la oposición logra una participación ciudadana masiva, donde conquiste una mayoría contundente y creíble de votos, la legitimidad internacional y nacional no irá hacia el candidato de la desprestigiada dictadura, sino hacia el candidato de la oposición. Esto sería la base para crear una especie de gobierno o autoridades paralelas, complicando tremendamente la supervivencia del régimen.

Claro está que para que esta estrategia funcione, la oposición requeriría de un liderazgo inspiracional, valiente y atractivo, y una plataforma que conecte profundamente con los anhelos del pueblo.

Si esta química se da, y el pueblo acude en masa a las urnas decidido a defender su voto, y si la comunidad internacional niega la legitimidad a los resultados de un fraude y la otorga al verdadero ganador, las horas del tirano estarán contadas.

Pero hay que ponerse a trabajar ya.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro Buscando la Tierra Prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.