Aprendamos la lección

CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: Desde que comencé a escribir estas cartas en el exilio en Costa Rica, 1984, mis temas fueron de tipo nostálgico y de promoción de la unidad opositora.

Hoy en día sigo con la misma idea; si no logramos una unidad sincera, donde muchos estén dispuestos a aceptar que los otros tienen también ideas respetables, si seguimos creyendo que solo nuestra opinión es la que debe prevalecer estamos lejos de lograr la unidad y sin ella desperdiciaremos la oportunidad de salir de un gobierno antidemocrático y fundar un nuevo país de acuerdo con un Plan de Gobierno que nos saque del círculo vicioso de las dictaduras que hemos padecido. Cada semana se produce la deserción de alguien en los grupos que creemos más probables forjadores de una verdadera unidad. Y naturalmente el orteguismo ríe a carcajadas. Cómo es posible que hombres pensantes estudiados en famosas universidades y estudiantes jóvenes con todas las ansias de cambiar el sistema de cosas que vivimos no puedan ponerse de acuerdo para hacer juntos una lucha eficaz.

Esto me recuerda una vieja fábula, creo que de Samaniego, donde dos ágiles liebres están comiendo zanahorias y en cierto momento escuchan ladridos de perros. Se escuchan lejanos los ladridos y los conejos empiezan a discutir sobre la raza de aquellos mastines. –Te aseguro que son galgos, dice uno de los conejos. –No son galgos, dice el otro, son podencos. —No son podencos, son galgos, dice el otro, yo soy más viejo que tú y tengo más experiencia. –Te digo que son podencos y yo nunca me equivoco. Y siguieron discutiendo, son galgos, no, son podencos, sin darse cuenta de que los feroces animales caían sobre ellos y los engullían con deleite. Moraleja: Por estar discutiendo lo superfluo no pensaron en lo esencial que era correr y no dejarse devorar por el atroz enemigo.

En el hombre insensato ocurre lo mismo. Tiene al frente el peligro, la víbora que una vez más lo devorará y le introducirá el veneno fatal, pero por estar discutiendo lo que no debe tendrá al final un soberano fracaso. Bien se puede aplicar la fábula a las pláticas pírricas de ciertos políticos de ambos bandos, tanto de la Alianza Cívica como de la Unidad Azul y Blanco.

No le estén echando la culpa a los viejos y creyendo que lo que necesitan es un cambio generacional. Esos que ustedes llaman viejos han luchado heroicamente en contra de cuanta dictadura se ha instalado o querido instalar en Nicaragua. Échense la culpa ustedes que teniendo el vigor enorme de la juventud no quieren actuar inteligentemente y no poner piedras en el camino de la unidad. No le echemos la culpa a los demás, los culpables somos nosotros mismos por insensatos.

El autor es empresario radial. Fue candidato a la presidencia de Nicaragua.