«El Covid-19 me estaba matando». El relato de una doctora mexicana que vivió 23 años en Nicaragua

Teresa Cano Fernández sintió que se moría. Cuando llegó de emergencia al hospital iba morada, se estaba ahogando, no podía respirar. El Covid-19 la estaba matando, dice. Ella vive en México, tiene 54 años, es pediatra, pero hace tres años se jubiló porque le detectaron lupus eritematoso sistémico. Tiene dos hijos, Faisal y Farah Eslaquit Cano, Miss Nicaragua 2012.

Hace siete días fue dada de alta del hospital Metropolitano en Monterrey, México. Cierra los ojos y a su mente viene la voz de su amiga Gabriela Govea, subdirectora del hospital, que le daba ánimos al momento de hacerle la tomografía de tórax. “En ese momento me estaba ahogando, me sentía muy mal y mi amiga estaba a mi lado y me decía por el micrófono ‘tú puedes, Teresita, échale ganas, es solo un ratito, ya vas a estar mejor’», expresa.

Recuerda que el día que llegó al hospital, el lunes 13 de julio, le dijo a su hijo que ahí tenía un seguro de vida por si algo le pasaba, pues pensaba que se iba a morir. “No hable de eso, mamá, usted va a salir adelante», le contestó Faisal, quien también es doctor.

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El caso de Teresa se suma a los más de 396 mil casos positivos de coronavirus que ha registrado México a cuatro meses y medio de que inició la contingencia sanitaria en este país, dejando 44 mil muertes. En el estado de Nuevo León se tienen más de 28 mil casos confirmados y 968 defunciones.

Cano Fernández nació en México, pero se hizo nicaragüense al casarse con un nica. Vivió por 23 años en Nicaragua junto a sus hijos y su exesposo en La Concha, Masaya. Desde hace seis meses está en Monterrey. Dice que se fue para atender a una hermana, quien tuvo una hemorragia cerebral y estaba muy mal, pero que “gracias a Dios salió adelante».

“Yo trabajo en el hospital Christus Muguerza en un centro de atención médica especializada, solo cinco horas diarias para no exponerme tanto, hago consulta y emergencia con niños», manifiesta. El centro donde trabaja le proporcionó todo el equipo de protección necesario para atender a los niños con riesgo de Covid-19.

Agrega que “los casos sospechosos jamás se atendieron sin el equipamiento apropiado. Por mi parte usaba todo desechable, desde el gorro, cubreboca, guantes, botas, máscara facial… todo lo necesario para no contagiarme». Y al ser tan cuidadosa aún le queda la duda sobre cómo contrajo el virus, añadiendo que pudo ser durante su práctica médica, atendiendo algún caso sospechoso, “pero como son datos confidenciales hay veces que no te das cuenta del resultado final, pero eso no lo sé, ya que aquí en Monterrey estamos en etapa de diseminación comunitaria».

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Expresa que también pudo contagiarse por alguien que no usó el cubrebocas adecuadamente, no realizó el lavado de manos exhaustivo o que estuvo tosiendo por todas partes. Doña Teresa no cree que haya bajado la guardia en cuanto a protegerse “Lo que pasa es que tener lupus eritematoso hace que tus defensas sean más bajas y es más fácil enfermarse, esa es la razón por lo que solo trabajo cinco horas diarias».

Fue el jueves 9 que se presentaron todos los síntomas. Le comenzó una fiebre intensa, el dolor en los huesos y en las articulaciones, así como secreción nasal y tos seca. Pasaron tres días cuando sintió dificultad para respirar, cansancio para subir escaleras y para comer, también perdió olfato y el gusto. Su hijo la atendió en un primer momento, pero el dolor aumentaba y respiraba poco. “Consulté con un amigo neumólogo, el doctor Arny Saravia, él me hizo exámenes y me tomó radiografías de tórax y al ver que mi oxigenación era muy mala y mis pulmones se veían muy lastimados decidió que debía trasladarme al hospital», donde estuvo ocho días.

Teresa Cano Fernández. LA PRENSA/CORTESÍA

Durante todo el proceso nunca se sintió sola, pues su familia, amigos y colegas la apoyaron en todo momento, todos estuvieron preocupados por su salud, si se le ofrecía o necesitaba algo. “Como médicos estamos expuestos a esta enfermedad que es algo nuevo, duro y difícil para nosotros, pero tenemos que seguir adelante porque la medicina es una vocación», enfatiza.

Este martes regresó al hospital, le hicieron exámenes para ver si ya puede iniciar su tratamiento para el lupus, su revisión médica fue muy buena, expresa.

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“Me estoy recuperando, aún me duele el pecho cuando respiró hondo y es muy difícil para mí, por ejemplo, bostezar. No puedo subir escalones y estoy aislada en mi casa y consentida por mi hijo que me prepara mis comidas y arregla mis cosas antes de irse a trabajar al hospital. Él trabaja como médico general y claro que me preocupa y me da miedo pero es muy precavido, se hizo la prueba del Covid-19 y salió negativo, así que gracias a Dios y la Virgen de Guadalupe no le pase el virus»,

Cuando la dieron de alta, le repitieron la tomografía de tórax y fue despedida con mucho cariño por todo el personal del hospital. La aplaudieron. “Para ellos fue feliz ver que uno de nosotros (doctores) que se expone día a día a esta enfermedad estaba recuperada».

Mi alta del Hospital Metropolitano hoy a mediodía, me estaba esperando una valla de gente, que para este Video ya había…

Posted by Teresa Cano Fernández on Tuesday, July 21, 2020

Dice que está agradecida con Dios y la Virgen de Guadalupe por darle esta segunda oportunidad de vida, así como con sus hijos por estar pendientes. “Cuando me enteré que tenía Covid-19 le avisé a Farah en Nicaragua y ella estaba muy preocupada y pendiente de mi salud».

Finaliza diciendo que el virus existe, “no olvide nunca (dejar de) usar cubreboca de forma apropiada, lavarse las manos al menos 30 segundos con agua y jabón y no tocar superficies ajenas».