Tras el triunfo de Rungvisai: ¿Le conviene a Chocolatito la tercera pelea con el tailandés?

Srisaket Sor Rungvisai dejó algo muy claro: donde pone el ojo pone la cabeza. Solo que esta vez el estallido de sangre salió de su rostro. Se encontró a un oponente de cabeza dura (Amnat Ruenroeng). Ganó el combate sin discusión, supo proteger su herida sin restarle tanto a su ofensiva, soportó golpeo, se vio errático y lento como de costumbre, pero nunca dejó de tirar, de ir hacia adelante con su mano izquierda, la cual fue un sedativo para el alma de Chocolatito en 2017. Recientemente, el apoderado del nicaragüense, Carlos Blandón, aseguró la realización de la tercera pelea porque según cuenta, su pupilo tiene una espina clavada, pero ¿Vale la pena ese combate después de lo visto en la pelea del tailandés?

Tanto Chocolatito como Rungvisai tienen 33 años. Y a pesar que el nicaragüense se vio extraordinario noqueando a Khalid Yafai y Rungvisai pasó apuros para derrotar a Ruenroeng de 40 años, reflejó una capacidad de soportar golpeo implacable sin olvidarse de tirar golpes. Es como si tuviera un cuerpo de hierro. El único capaz de debilitarlo al punto de colocarlo al borde de tirar la toalla fue González en la primera pelea cuando fue despojado, sin embargo, el sacrificio fue enorme: finalizó con la cara ensangrentada y partida, su cuerpo abollado como un carro recién chocado para recibir un fallo ingrato. Ese Chocolatito pudo tomar ese riesgo de fajarse en el terreno del tailandés y vivir para contarlo, el Román de ahora con tres años después no debe recortar su recta final peleando con un ser de tres puños, incluyendo su cabeza, solo por una espinita clavada, como menciona su apoderado.

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¿Y si le pelea de otra forma? Eso sería lo idóneo y que siempre he apostado. Chocolatito es tan buen peleador que se le facilita hacer un boxeo a la distancia, ese que hizo el Gallo Estrada de entrar y salir y no quedarse en el centro de los acontecimientos en donde cualquier bala perdida significaría ir al piso y rememorar aquel septiembre en California. El problema con aplicar otro estilo es el mismo Román. Su coraje y valentía natural, es de esos peleadores que se alimentan de la sangre del rival, lo haría tirar a un lado cualquier estrategia cuando sienta la adrenalina por sus venas y finalizaría fajándose como acostumbra. Es mejor pensar en Kazuto Ioka, el Gallo Estrada e incluso retirarse buscando a Inoue en 118 libras para quebrar los records en bolsa de los pesos pequeños, pero Rungvisai ya no lo vale, ni siquiera es campeón.