Tres meses y contando

En exactamente tres meses, el tres de noviembre, los Estados Unidos celebrarán elecciones. A nivel federal, sus votantes elegirán a su presidente y vicepresidente, a los 435 diputados de su Cámara de Representantes y la tercera parte del Senado (33 escaños).

Estos comicios serán importantísimos. Para algunos historiadores serán los de mayor consecuencia desde 1860, año en que fue electo Abraham Lincoln resultando en el estallido de la Guerra Civil.

Su importancia estriba en que Norteamérica está pasando por cuatro magnas crisis simultáneamente: la pandemia que ha arrojado a más de 150,000 muertos en Estados Unidos y que sigue fuera de control; la resultante depresión económica que resultará en una contracción de la economía de 8 por ciento este año y una tasa de desempleo de 11 por ciento; la peor turbulencia civil en más de medio siglo como consecuencia del asesinato de George Floyd ; y una “guerra cultural” entre aquellos que añoran los Estados Unidos de los años cincuenta del siglo pasado y los que quieren adaptar los valores de la sociedad a una país que ha evolucionado muchísimo debido a niveles masivos de inmigrantes e ideas más progresistas en cuanto a temas como relaciones raciales. Estas fuerzas se están disputando nada menos que el alma de la nación.

Norteamérica está altamente polarizada. El centro estadounidense está bajo asalto de radicales de extrema derecha e izquierda. ¡Y el centro peligra! No sorprendentemente, una reciente encuesta de la AP señala que el 80 por ciento de los estadounidenses piensan que el país anda por mal camino.

Un chorro de encuestas recientes coincide en que Joe Biden, el candidato demócrata, derrotará al presidente Donald Trump. Estas encuestas incluyen las de Fox News y el Wall Street Journal, medios que apoyan a Trump y los republicanos. A nivel nacional, estos sondeos señalan que Biden está arriba de Trump por aproximadamente 10 por ciento. Y ese margen va creciendo. Aún más preocupante para Trump es que él va abajo en los estados que “están en juego.” Me refiero a Michigan, Pennsylvania, Wisconsin y la Florida. En ninguno de estos —que Trump ganó en 2016 por 1 por ciento o menos del voto y que son cruciales para su reelección—está Trump a menos de 6 por ciento por debajo de Biden. Y en Michigan el margen de Biden es +8 por ciento.

Como si esto fuese poco, encuestas del Wall Street Journal apuntan a que Biden va arriba en estados que Trump ganó cómodamente en 2016 como Arizona, Carolina del Norte y Ohio. En resumidas cuentas, una victoria de Trump y los republicanos está difícil. Claramente Trump está a la defensiva. Y Biden y los demócratas están blindados en los estados en donde son mayoría (como California y Nueva York) y en la ofensiva en varios que Trump ganó.

Según encuestas recientes de Fox News–que cito porque es el oráculo para los adeptos a Trump— sólo el 34 por ciento de los encuestados creen que el presidente ha manejado bien al Covid-19, 43 por ciento a la economía y 31 por ciento a las relaciones raciales. Otra encuesta FOX dice que Trump sólo cuenta con el apoyo de 49 por ciento de los blancos sin grados universitarios. En la elección de 2016, Trump logró el 67 por ciento de este bloque demográfico.

Por otro lado, Biden cuenta con el apoyo de 80 por ciento de las minorías étnicas (los hispanos, negros y asiáticos). Y, según Fox, cuenta con el respaldo de 55 por ciento de las mujeres que viven en los suburbios de las ciudades.
¿Qué nos enseña la historia? Primero, que es muy difícil que un presidente no sea reelecto si se postula para un segundo período. En tiempos recientes, sólo Jimmy Carter y George Bush (padre) no lo lograron. Ambos andaban 15 a 18 por ciento por detrás en las encuestas de sus contrincantes –Reagan y Clinton, respectivamente. Trump no ha alcanzado estos niveles de rechazo todavía, pero un reciente editorial del Wall Street Journal advirtió que si sigue como anda, podría sufrir una derrota de proporciones históricas.

Escépticos en cuanto a encuestas, como yo, recordamos que Trump logró una sorprendente victoria sobre Hillary Clinton en 2016. Pero revisando datos, hay grandes diferencias entre 2016 y 2020. La más importante es que a cien días de la elección –prácticamente donde nos encontramos ahora—Clinton iba arriba de Trump por sólo 1 por ciento, no por los casi 10 por ciento que es el margen de Biden. Además, en 2016 había candidatos de terceros partidos que le restaron votos a Clinton. Tan es así que Trump no alcanzó el 50 por ciento del sufragio en ninguno de los estados reñidos que él ganó. El fenómeno de terceros candidatos importantes no se repetirá este año.

¿Todavía puede ganar Trump? ¡Claro que sí! The Economist pronostica que Biden tiene un 90 por ciento de probabilidad de ganar la Casa Blanca, lo cual significa que Trump tiene una posibilidad de lograr un “upset.” Pero esto es más remoto con cada día que pasa especialmente porque la mayoría de los ciudadanos ya decidieron por quien van a votar. Sólo un 13 por ciento están indecisos.

¿Qué podría revertir la actual situación? Una “sorpresa de octubre” como el anuncio creíble de que ya está lista una vacuna contra el Covid-19. O un pobre desempeño de Biden en los tres debates que serán en octubre.
Cierro con lo siguiente. Todo apunta a que este año habrá una votación masiva por correo debido al Covid-19. Los votantes comenzarán a enviar sus primeras boletas el 4 de septiembre. Esto nunca se ha dado en comicios norteamericanos, y no me sorprendería que en estados reñidos no se conocerán los resultados del conteo hasta días o semanas después del 3 de noviembre. ¡Que se amarraren los cinturones los que ven las elecciones norteamericanas como el súper tazón de la política!

El autor fue embajador nicaragüense en Washington.