Expertos y devotos consideran que imagen de la Sangre de Cristo no debería ser restaurada

Cada año, Marcos Alexander Espinoza Sanchez, caminaba descalzo sobre el pavimento hirviendo en la procesión de la Sangre de Cristo, en Managua. Lo hacía con fe desde los 16 años, en agradecimiento a Jesús Crucificado por interceder en la salud de su mamá, pero ahora, a sus 26 años, Hernández se siente “triste y desconsolado» porque la venerada imagen católica está completamente calcinada.

Aunque Hernández quisiera volver a ver el rostro de la imagen de la Sangre de Cristo para rendirle tributo, declara que “es mejor conservarla como está (carbonizada) y recordar el asedio que sufre la iglesia y el atentado que ocurrió», en referencia al pasado 31 de julio, cuando, según testigos y en versión que acoge la Iglesia, un desconocido habría ingresado a la capilla de la Catedral de Managua para provocar el incendio que consumió el interior del lugar y la sagrada imagen. “Este acto cruel e inhumano merece ser recordado para la historia», sostuvo.

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La postura de Hernández representa la de una buena parte de la feligresía católica en Nicaragua, que prefiere que la imagen quemada de la Sangre de Cristo no sea restaurada, como plantea otra parte de la comunidad religiosa, generando un debate sobre el futuro de una imagen que data de hace 382 años.

Un lugar para hacer memoria

Para Mario Sánchez, teólogo de la Universidad Centroamericana (UCA), el hecho de que la feligresía opte por conservar el estado actual de la imagen de la Sangre de Cristo tiene un doble significado. “Un significado religioso profundo pero a la vez hay un significado socio-político que se conectan», dijo Sánchez, en referencia a la crisis sociopolítica que desde hace dos años atraviesa el país.

“Hay una pedagogía de la memoria que es recrear lo que se vivió en un pueblo. Hay un punto de conexión que se generó y por tanto, merece ser recordado», explicó el teólogo, quien puso como ejemplo el templo de la Divina Misericordia, en Managua, que el 13 de julio de 2018 fue atacado a tiros por parte de parapolicías adeptos al régimen de Daniel Ortega. Como consecuencia de dicho ataque murió un estudiante universitario que se resguardaba en el templo, donde aún se observan los agujeros donde impactaron las balas.

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“Una imagen sagrada, religiosa, queda conectada con la memoria histórica de un pueblo. Eso significa que dejar así el lugar, dejar la imagen (de la Sangre de Cristo) a como está, como lo hicieron con la Divina Misericordia, se vuelve un lugar de memoria, se vuelve un memorial», explicó Sánchez.

Agregó que el hecho de que la imagen de Jesús de la Divina Misericordia haya quedado también con los balazos impregnados, “es muy importante porque enriquece su valor educativo evangelizador, de que la Iglesia ha mostrado estar en el lugar desde la encrucijada de la historia, y están con el pueblo, el pueblo violentado», interpreta el teólogo.

Parroquia de la Divina Misericordia. LAPRENSA/Jader Flores

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María Asunción Reyes tiene 58 años y como devota desde hace más de una década asiste a la procesión de la Sangre de Cristo. Ella coincide con la idea de la no restauración porque considera que el hecho de que haya quedado en pie después del siniestro, es un milagro. “Si sobrevivió a ese incendio es porque ahí hay fe. Es un milagro», dice.

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Sánchez cree que este tipo de atentados contra templos católicos, especialmente la de la Sangre de Cristo, supone el establecimiento de una nueva tradición religiosa respecto a las actividades relacionadas con dicha imagen. “A pesar del agravio que estamos viviendo, la iglesia se está recreando. Mucha gente ya conecta la devoción de la imagen con el presente del país. Estos actos de profanación también son evidencia simbólica de la lucha del pueblo», explicó.

Agregó que la postura de las autoridades religiosas ante los ataques sufridos en varios templos católicos del país, evidencia que “la Iglesia está dando muestras de una madurez teológica y de una actitud profética porque está anunciando y denunciando a la vez y se está enfrentado a una posición de poder», sostuvo Mario Sánchez.

Pero ¿Se podría restaurar la imagen?

El artista plástico Rodolfo Ocampo, quien por una década restauró la imagen de la Sangre de Cristo, asegura que los daños que sufrió la reliquia durante el atentado a la capilla “son irreparables y su valor es incalculable».

Impactado por los daños sufridos por la imagen, Ocampo explicó que durante el tiempo que le dio mantenimiento solía trabajar por las noches aprovechando la ausencia de devotos y porque ese horario es el más propicio para hacer este tipo de arreglos.

En una misa oficiada este miércoles en las afueras de la capilla, el Cardenal Leopoldo Brenes mostró el rostro de la Sangre de Cristo que se desprendió del cuerpo de la reliquia como consecuencia del siniestro, lo que refleja el nivel de daño que sufrió. “Eso (restauración de la imagen) está como perdido. Fijate que la cara la perdió por completo, la nariz, la boca, la expresión y todo», indicó Ocampo.

Además del estado, otra de las dificultades que imposibilitan la restauración de la imagen es el tiempo que esta tiene de existir y el material con la que fue fabricada. “Era de madera de caoba, y tenía un trabajo bien hecho, tan delicado, la cara era linda, linda, linda; además era una imagen de casi 400 años que vino a Nicaragua”, explica el artista plástico, quien reiteró que “no habrá restaurador que lo pueda restaurar».