El terror en finales: La historia de un legendario pelotero

A Franklin López le hicieron falta seis hits para llegar a los mil, pero le sobraron momentos, sobre todo en series finales, para ser considerado un inmortal de nuestro beisbol.

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Franklin es el bateador más fiero que nuestro beisbol recuerde en series finales, con una tonelada de récords, como sus 17 jonrones en estas series con los Dantos, Bóer y San Fernando, aunque en especial se le recuerda por la serie de 1991 contra Chinandega, en la cual descargó seis cuadrangulares y remolcó 20 carreras en siete partidos, en los cuales tuvo un impulso que venía del más allá.

“Mi mamá falleció tres días antes de comenzar la Serie Final y me sentía destruido, pero aún en los últimos momentos me recordó que el beisbol era mi trabajo y que no debía faltar. Yo no quería saber nada del juego, pero ella fue mi motivación. Perder al ser más querido no es para cualquiera, yo me sentía demasiado triste. Ella era mi vida, me indicaba lo que estaba haciendo mal. Era hasta mi consejera de bateo porque escuchaba todos los partidos y ya como para el tercer juego comencé a responder mejor con el equipo y cerré fuerte. Logramos arrebatarle esa serie a Chinandega”, recuerda Franklin, quien conectó cuatro jonrones en los últimos tres juegos de la serie, todos ganados por los Dantos, para coronarse espectacularmente, luego de estar abajo 1-3.

La muerte de su mamá llevó a Franklin a niveles insospechados, pero de cualquier modo siempre fue un bateador feroz en finales. Es el único bateador de la Maquinaria Roja con dos partidos de dos jonrones cada uno, tiene el récord de la franquicia con nueve vuelacercas en finales de sus 17 en total, y lo que hizo en 1991 no tiene antecedentes.

Clave el enfoque

“Yo me enfocaba en pegarle a la pelota. Hay gente que habla que lo hice con bate de aluminio, pero todos los usaban en ese tiempo. La diferencia era la concentración, la entrega, el enfoque. En cada turno tenía un plan, esperaba un lanzamiento determinado y trataba de no perder mi enfoque”, revela su secreto.

“Como era el capitán de los Dantos, trataba de dar el ejemplo. Daba el todo por el todo, era la bujía del equipo y trataba de dar ánimo a mis compañeros. Les decía que tomaran base que los iba a impulsar porque me tenían que lanzar, ya que el cuarto bate era Antonio Zárate, que también era muy oportuno. Teníamos un equipo unido, platicábamos bastante y nos ayudábamos entre todos porque en ese tiempo no había videos, ni teléfonos que nos apoyaran”, recuerda Franklin.

Cuando Franklin echa una mirada atrás, asegura que no se sorprende de todo lo que logró.

“Me preparaba para esos momentos, porque llegar a una final no era para cualquiera. Entrenaba con Guaracha Castellón, con mi papá y los entrenadores del equipo. Pasaba bateando todo el tiempo porque tomaba en serio mi rol de capitán y quería ser el ejemplo”, asegura Franklin, quien en su carrera bateó para .288, con 115 jonrones y 567 carreras producidas en 1078 juegos de temporadas regular, de 1984 al 2003 en los campeonatos nacionales de beisbol.

Cerca de los mil

Aunque los mil hits son un toque de distinción, a Franklin no le da pesar haber quedado tan cerca, con 994.
“No me pesa porque me retiré consciente que no me daban las rodillas. Un tipo se me tiró encima y me lastimó un tendón y no me pude recuperar, entonces mejor le di mi lugar a alguien más joven porque no quería andar dando lástima. Mi nombre pesaba”, argumenta.

El consejo no seguido

Franklin es actualmente entrenador de los Dantos, pero a pesar de su gran carrera, no tiene las facilidades económicas que muchos podrían creer.

“El jugador que sabe administrar su dinero y tiene ahorros, puede sobrevivir. Yo no estudié, por eso aconsejo a todos los jugadores que no dejen la escuela. Cuando me llaman a las selecciones infantiles se los digo a los niños, porque el día de mañana se van a arrepentir como yo. Mi mamá me lo decía, el beisbol no te va a dejar nada, pero en realidad si hacemos las cosas bien, además antes los salarios no eran tan buenos como los de ahora, ahora se gana más y hay más oportunidades”, asegura.

Aunque Franklin mostró que podía batear bajo presión en series finales, en la Selección Nacional no fue la misma historia, la que tiene una explicación.

“En la Selección no era titular. Yo tuve varios muros como Julio Medina y Panal Delgado, entonces tuvo poco chance de ser titular y en 1992 cuando me dieron la titularidad en la Copa de España, gané el guante de oro”, dice el artillero originario de Masaya.

“Lo mejor del beisbol es que formé mi familia e hice tremendos amigos y me relacioné con gente que te valora mucho. No me quejo del beisbol porque sigo comiendo de él”, concluyó.